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La Relación con los Grises
Whitley Strieber
7 de Junio del 2.006

Publicado en este sitio web el 17 de Junio del 2.006. Tomado de http://groups.yahoo.com/group/DiscerningAngels/message/17821?l=1
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Desde diciembre de 1.986 hasta octubre de 1.997 estuve en continuo contacto, a
menudo diario, con los grises. He escrito poco sobre ello en parte porque no hay
prueba y siento que mis palabras caerán, en su mayor parte, en oídos sordos. La
gente no me creerá simplemente.
Más importante, sin embargo, es que ha habido la enorme pregunta de cómo
escribir sobre ello de un modo útil. Describir la experiencia simplemente
hubiera sido una pérdida de tiempo. Ellos no se pueden describir simplemente.
Para comunicar su impacto y su contenido, tuve que encontrar otro modo.
En octubre de 1.997 nos trasladamos desde el interior septentrional de Nueva
York a Tejas y los grises trataron brevemente de seguir pero al final no. En
junio de 1.998 pasé unos 45 minutos fenomenales con un hombre que pienso podría
haber estado involucrado con ellos de alguna manera. Transcribí mi conversación
con él y la he publicado en mi pequeño libro, “La Clave”.
En agosto publicaré un trabajo de ficción sobre los grises que se propone
traerlos a la vida como gente, y revelar lo que es estar con ellos. También es
mi esperanza que los métodos de comunicación que demuestro en la novela probarán
ser útiles a la gente que está en contacto y tiene dificultad en experimentar
una relación rica y constante con ellos.
La comunicación es el centro del problema, y el comunicarse con ellos es
totalmente diferente de todo lo que hacemos entre nosotros mismos que da lugar a
la transmisión de información.
Ellos con conscientes de que pueden ser destructivos, y están extremadamente
preocupados de no abrumarnos. Todo lo que tenemos que es de cualquier interés
para ellos es nuestra libertad, en cada nivel, y en tanto que el contacto
directo con ellos podría comprometerla, ellos evitan eso con pasión, y su pasión
es intensa más allá cualquier cosa que conozcamos entre nosotros mismos.
Se dice que ellos son autómatas sin emociones, llevando a cabo despiadadamente
crueles experimentos científicos sobre víctimas desamparadas, robando sus huevos
y semen, violándolos y dejándolos con memorias suprimidas y vidas rotas.
Todo lo cual refleja exactamente un nivel de nuestra experiencia de ellos. Pero
eso no es todo, ni con mucho. Es verdad igualmente llamarlos maravillosos como
llamarlos peligrosos. Pueden actuar de una manera sin emociones, pero eso es
porque son muy complejos, tanto como individuos como con el arsenal de formas
especializadas con que se presentan a nosotros. Algunas de sus formas pueden
representar especies separadas, pero muchos de ellos parecen ser el resultado de
ingeniar una especie en diferentes tipos de cuerpos, probablemente para realizar
diversas funciones especializadas.
No puedo llamarlos extraterrestres de otro planeta porque no sé si eso es lo que
son. De hecho, mis años con ellos me han dejado con preguntas que me han
requerido otros diez años sólo para comenzarlas a elucidar.
Seré franco con ustedes sobre lo que estoy tratando de hacer con mi vida: Estoy
intentando de crear una relación entre nosotros y los grises. Ahora mismo no
tenemos una relación por dos razones: nuestra actitud hacia ellos es
disfuncional; y no saben cómo alcanzar nuestra cultura sin destruirla. Mi
ambición es hacer fructífera la relación y permitir que ellos interactúen con
nosotros abiertamente sin arruinar nuestras vidas.
¿Y por qué podrían hacer eso? La razón está que nuestras mentes viven dentro del
tiempo y las suyas no. Por lo tanto, ellos saben cosas que nosotros no sabemos y
no deseamos conocer. El mundo parece muy diferente para ellos que para nosotros.
He visto nuestro mundo a través de sus ojos en un proceso que ellos me
enseñaron. Antes de que describa cómo hicieron eso, déjenme explicar qué es lo
que ellos pueden hacer: utilizando su maestría de conciencia, pueden hacer cosas
como trasladar la conciencia a un estado extrafísico, y depositarla en otro
cuerpo. Esto parece imposible, por supuesto, en una sociedad que está tan
dedicada a negar la existencia de cualquier cosa que no comprende.
Es un hábito que necesitamos romper porque no nos ayuda, y, de hecho, impide
nuestro progreso científico. En el New York Times en 1.908 se publicó una
editorial indicando que podría ser posible el vuelo de un objeto más pesado que
el aire pero que no sucedería a menos que la ciencia dedicara un millón de años
de esfuerzo para solucionar el misterio de ello. Nueve días después los hermanos
Wright volaron, y sin embargo ni el New York Times ni el resto de nuestra
cultura intelectual ha corregido la debilidad mental que condujo al absurdo
fracaso representado por ese editorial.
Es esta misma debilidad la que nos ha ocasionado que no podamos hacer frente a
la presencia de los grises en nuestro mundo. Pero ellos no han sido incapaces.
De hecho, han actuado con capacidad y sido eficaces.
El esfuerzo de los grises para comunicarse con nosotros comenzó en 1.954 y
terminó en el 2.004. En julio de 1.954 ellos llevaron a cabo una prueba sobre
Washington. Durante esta prueba realizaron intentos básicos de abordar
conversación con nosotros. Estos intentos se encontraron con el silencio. Ellos
dirigieron también su atención a individuos específicos, entre ellos el Doctor
Paul Hill quien era entonces ingeniero jefe de la Nasa.
Aunque el Dr. Hill demostró ser un excelente observador, él no pudo detectar o
responder los mensajes que le dirigieron. Otros que fueron alcanzados de este
modo fueron conscientes de la comunicación, pero la transmitieron al mundo en
modos desvirtuados que no eran útiles.
Se esperaba este fracaso, pero era necesario que se dirigiera la prueba desde un
punto de vista ético. El fallo ocasionó que se retiraran y se trasladaran a
otras tácticas de contacto, que se esperaba que funcionarían. A partir de 1.952
ellos habían estado ocupados en un plan que ha sido muy eficaz. Este plan
implicó un número de actividades diferentes. Inicialmente, niños seleccionados
cuidadosamente se trataron de tal modo que se destruyeron sus expectativas sobre
la realidad. Se aprovecharon de un programa de inteligencia devastadora que dejó
algunos niños mutilados emocionalmente pero también abría la mente de otros a
nuevas posibilidades.
Solamente hubo unos pocos cientos de estos niños en todo el mundo, pero fueron
suficientes para formar el núcleo de lo que es esencialmente un dispositivo de
comunicación compuesto de mentes humanas que ha estado, en efecto, “implantado”
en nuestra cultura. Toma la forma de millones de testigos de encuentros cercanos
cuyas experiencias se enfocan por estos pocos miles quienes abarcan la gran
mayoría de los testigos que hablan claro públicamente sobre lo que les ha
sucedido.
Lo que se ha comunicado son dos cosas: la primera es una sugerencia de que no conocemos nuestra historia verdadera; lo segundo es que los cambios planetarios están poniendo en peligro nuestras vidas. Mi parte en esto ha sido doble: primero, publicar La Clave
[“The Key”], que sugiere que no comprendemos quiénes y qué somos, y ofrece ideas que podrían ayudarnos a ir a nuevas direcciones y más fructíferas; en segundo lugar, publicar Supertormenta [“Superstorm”], que describe lo que podría suceder si no ganamos control de nuestro efecto sobre el medio ambiente. Esto se expresó otra vez en la película “Pasado Mañana” [El Día Después, “The Day After Tomorrow”] que se ha visto por casi un millón de millones de personas en todo el mundo.
Más allá de eso, también estoy implicado en personalizar a los grises y darles
dimensión. Éste es el propósito de libros como ‘Comunión’ y ‘Los Grises’. La
película de ‘Comunión’ fracasó, pero tengo la impresión de que ‘Los Grises’, que
es el más importante de los dos proyectos, también se ampliará en la cultura en
forma de película.
El proyecto se propone lograr dos cosas: darle al lector o al espectador de cine
un sentido claro de qué clase de gente son los grises; y revelar mediante
ejemplo métodos de interactuar con ellos que no se pueden explicar directamente
en idiomas como el nuestro, que están diseñados para impartir información a
través del transcurso del tiempo. Los grises no se comunican en estructuras
conceptuales lineales y para comprender cómo se comunican es esencial conseguir
no solamente la lógica, sino también la imaginación. “Los Grises” es un relato y
no solamente un trabajo no ficticio, porque solamente el relato puede revelar
esto realmente. Deben sentirlo para comprenderlo y no hay modo de lograr esto
excepto a través del relato.
Aprendí comunicarme con los grises con cierta eficacia. Cuando digo “grises” sin
embargo, no quiero decir solamente gente que parece más o menos al individuo que
yo había pintado para la tapa del libro ‘Comunión’. Esta presencia es mucho más
compleja que eso.
Pasé los últimos años de mi tiempo en el interior septentrional de Nueva York en
compañía frecuente de siete personas que llegarían cerca de las once cada noche
para meditar conmigo. Ellos eran extratemporales, en el sentido de que su
significado y su comunicación no dependía de una estructura linear. Ciertamente,
a través de sus ojos, un árbol parecía ser un árbol, pero ellos verían también
la semilla y los troncos gastados, la memoria del árbol y la ausencia de
memoria. Verían antes de la semilla, bajo la red intrincada de árboles
remontándose al trueno desvaneciéndose del pasado, y todo esto inmediatamente al
ver el árbol. Vivir fuera del tiempo no es ser liberado de la duración, sino ver
toda la duración todo el tiempo.
Esta gente tomó tres formas: la forma disimulada, donde ellos aparecían como
globos brillantes borrosos unas dos veces el tamaño de pelotas de baloncesto.
Ellos se moverían, en este estado, con tal sentido de facilidad y dirección que
era alarmante observarlos. Cosas como ésa -como un globo- se supone que flotan y
se balancean alrededor, según nuestra experiencia. En lugar de ello, se
trasladaban con absoluta deliberación y clara inteligencia.
También aparecerían, cuando estaban en la casa, como gente pequeña, no más de
tres pies de alto, usando simples túnicas ceñidas por la cintura y pareciendo
todos muy semejantes, como gemelos idénticos. Cuando aparecieron por primera vez
deseaba tocarlos, saborearlos y olerlos, y uno de ellos colocó su mano en la
mía. Se sentía como sostener un pájaro pequeño, caliente, nervioso e
infinitamente delicado. Olí su mano, y su piel olía como la piel de la gente en
el tercer mundo que nunca se baña, un dulzor intenso, de varias capas y
levemente rancio, que no es agradable para la nariz de un occidental
acostumbrada al perfume del jabón en la piel.
En la última noche que la pasamos juntos, cuando la casa fue empaquetada y yo
estaba a punto de hacer una de las cosas más duras que hubiera hecho jamás, que
fue irme de aquel lugar. Le pregunté a uno de ellos a quien había llegado a
conocer muy bien, que me dejara verle cómo era realmente él.
Esperé, pero él no apareció en la habitación. Él había caminado sobre el tejado
durante algún tiempo, así que sabía que él estaba aquí. Finalmente salí del
cuarto de meditación y me fui a la cama. Pasaron unos pocos momentos y vi una
luz azul cristalina brillando a través del patio central, como si las ventanas
del cuarto de meditación estuvieran ardiendo con fuego.
Me fui a la ventana y apareció alrededor de la esquina de la casa un objeto
brillante fantástico, extremadamente brillante, con rayos finos de aguja
pinchando mi piel donde ellos la tocaban. En la luz había flotando pequeños
objetos que parecían pequeñas esculturas de fetos hechas de oro.
Los rayos, donde me tocaban, también tocaban mi verdad, lo que es mejor y peor
dentro de mí, y me tomó con ellos profundamente dentro de mí mismo. Yo sabía de
una experiencia duradera que el viaje dentro de la propia verdad de uno es
agonizante, porque los grises no pueden ayudar sino llevarles allí, pero esto
fue tan profundo y tan intenso que simplemente no pude soportarlo. Él se retiró,
luego, hacia atrás alrededor del lado de la casa, y salió de mi vida.
Así terminó una época grandiosa, once años de contacto de la clase más íntima y
más alta, tan fructífero y tan profundamente útil que desde entonces he estado
en una misión para comunicar de algún modo su sentido a otros. Porque si pudiera
hacer que tenga sentido, entonces los grises podrían emerger y ganaríamos de esa
revelación la oportunidad de transformarnos y elevarnos a nosotros mismos en la
grandeza de ser lo que es nuestro verdadero hogar y nuestro destino, o no, el
principio de nuestro destino. Porque puedo asegurarles que este mundo que hemos
hecho, de batalla y creencias falsas, de atracarse de cosas materiales, no es
alimento del espíritu humano.
Lejos de ello, el mundo del centro comercial Wal-Mart y de Harrod y la tienda de
la esquina, del armario lleno de ropas y del garaje lleno de monstruos de metal,
éste no es nuestro mundo, éste no es nuestro hogar verdadero. No, de hecho, y
todos nosotros estamos nostálgicos y deseando ir a casa, y ésta es la razón por
la cual luchamos aquí como ratas crecidas, amargadas de vagar por un laberinto
del que parece que no hay escape.
Si nuestra cultura puede encontrar de algún modo un camino para volver hacia
nuestros visitantes y mirarlos abierta y francamente, tenemos una oportunidad
para escapar de este laberinto. En caso contrario, ¿cuándo vamos a permanecer
aquí?, ¿hasta que se hunda esta expresión de la especie? y luego tenemos que
pasar miles de años escalando los escombros y comenzar otra vez, y luego venir
al mismo lugar que estamos actualmente, en el punto de conexión con la especie
inteligente de cultura más amplia en el universo, y una vez más pasar la prueba
o fracasar.
Lo que nos hará fracasar ahora son tres cosas: negación continua de nuestra
cultura intelectual activa para aceptar la realidad de los grises; la negación
de los que sí aceptan que su realidad se abra a ello de una manera objetiva; y
un fracaso por parte de los que sí comprenden para lograr una comunicación
eficaz. La comunicación eficaz no significa aprender cómo hablar con ellos
de alguna manera insólita, es decir, a través de la telepatía. Significa actuar
en modos que traten provechosamente los tres problemas mencionados arriba.
Estamos en contacto. Los grises se están comunicando con nosotros a través de
una gran escala de artefactos culturales como libros y películas, y pequeños
como encuentros cercanos en la noche. De nosotros depende responder a esas
comunicaciones de modo apropiado como las criaturas brillantes que somos, con
cuidado, madurez y una mente abierta.
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