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Cuentos y Fábulas,
Primer Libro
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Cuentos y Fábulas es una compilación de 101 historias cortas con un mensaje para la transformación de la conciencia humana hacia la Luz. Enseña por ejemplo, por el uso de metáforas, como el Divino Jesús enseñó a su gente. Seguimos Su Camino.
Investigación y compilación hecha por Luis Prada, Editor y Publicista de Brother Veritus' Website. Es ésta una labor de amor hecha con profunda pasión y con amor por la humanidad y para contribuir a la iluminación humana.
Este libro está también disponible en Inglés, véase Fables and Tales, Book I, en Brother Veritus' Website-English. Véase también Cuentos y Fábulas, Segundo Libro, en esta Sección.

Este libro electrónico en forma de página web tiene 101 historias cortas para niños de todas las edades. Éste será un buen comienzo para que su niño entre al reino de la espiritualidad.
(Entre Ud. y yo: Yo nunca crecí, ¡por eso es que disfruto tanto de esta colección! Además, si realmente tuviera la mente de un adulto en lugar de la de un niño yo no hubiera creado este sitio Web, ya que consume demasiado tiempo el producirlo y no genera ganancia monetaria. Yo realmente estoy jugando.)
Todas las traducciones al Español por Luis Prada.
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¿Cómo
Sabes?
Autor Desconocido
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Hace muchos años, en una pobre aldea china vivía
un labrador con su hijo. Su único bien material, aparte
de la tierra y de la pequeña casa de paja, era un caballo
que había heredado de su padre.
Un buen día el caballo se escapó, dejando al hombre sin animal para
labrar la tierra. Sus vecinos —que lo respetaban mucho
por su honestidad y diligencia— acudieron a su casa para
decirle cuánto lamentaban lo ocurrido. Él les agradeció
la visita, pero preguntó:
—¿Cómo podéis saber que lo que ocurrió ha sido una
desgracia en mi vida? Alguien comentó en voz baja
con un amigo:
«Él no quiere aceptar la realidad, dejemos que piense lo
que quiera, con tal que no se entristezca por lo
ocurrido».
Y los vecinos se marcharon, fingiendo estar de acuerdo con lo que habían
escuchado.
Una semana después,
el caballo retornó al establo, pero no venía sólo: traía
una hermosa yegua como compañía. Al saber eso los habitantes
de la aldea alborozados, porque sólo ahora entendían la respuesta que el
hombre les había dado,
retornaron a casa del labrador para felicitarlo por su
suerte.
—Antes tenías sólo un caballo, y ahora tienes dos. ¡Felicitaciones!—dijeron.
—Muchas gracias por la visita y por vuestra
solidaridad —respondió el labrador. ¿Pero cómo
podéis saber que lo que ocurrió es una bendición en mi vida?
Desconcertados, y pensando que el hombre se estaba
volviendo loco, los vecinos se marcharon, comentando por
el camino:
«¿Será posible que este hombre no entienda que Dios le ha
enviado un regalo?».
Pasado un mes, el
hijo del labrador decidió domesticar la yegua. Pero el
animal saltó de una manera inesperada, y el muchacho tuvo una mala caída
rompiéndose una pierna. Los vecinos
retornaron a la casa del labrador, llevando obsequios para el
joven herido. El alcalde de la aldea, solemnemente, presentó sus
condolencias al padre diciendo que todos estaban
muy tristes por lo que había sucedido.
El hombre agradeció la visita y el cariño de todos. Pero preguntó:
—¿Cómo podéis vosotros saber si lo ocurrido ha sido una
desgracia en mi vida?
Esta frase dejó a todos estupefactos, pues nadie puede tener la menor
duda de que un accidente con un hijo es una verdadera
tragedia. Al salir de la
casa del labrador, comentaban entre sí:
«Realmente se ha vuelto loco; su único hijo se puede
quedar cojo para siempre y aún tiene dudas de que lo
ocurrido es una desgracia».
Transcurrieron algunos meses y el Japón declaró la guerra a
China. Los emisarios del emperador recorrieron todo el
país en busca de jóvenes saludables para
ser enviados al frente de batalla. Al llegar a la aldea,
reclutaron a todos los jóvenes excepto al hijo del labrador que estaba
con la pierna rota. Ninguno
de los muchachos retornó vivo. El hijo se recuperó, los
dos animales dieron crías que fueron vendidas y rindieron
un buen dinero. El labrador pasó a visitar a sus vecinos
para consolarlos y ayudarlos ya que se habían
mostrado solidarios con él en todos los momentos.
Siempre que alguno de ellos se quejaba el labrador decía:
—¿Cómo sabes si esto es una
desgracia? Si
alguien se alegraba mucho, él preguntaba:
—¿Cómo sabes si eso es una bendición?
Y los hombres de aquella aldea entendieron que, más allá de las
apariencias, la vida tiene otros significados.
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El
Cuento de la Fresa
Jorge Bucay
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Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble.
Entonces encontró una
planta, una Fresa, floreciendo y más fresca que nunca.
El rey preguntó:
—¿Cómo es que creces saludable en medio de este
jardín mustio y sombrío?
—No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que
cuando me plantaste, querías fresas. Si
hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías
plantado. En aquel momento me dije:
"Intentaré ser Fresa de la mejor manera que pueda."
Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con
tu fragancia. Simplemente mírate
a vos mismo. No hay posibilidad de que seas
otra persona. Podéis
disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por vos, o
podéis marchitarte en tu propia
condena...
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La
Vasija de Agua Desvencijada
Autor Desconocido.
Original en Inglés, traducción

Un aguatero en la India tenía dos grandes vasijas, cada una colgaba de cada extremo de un palo que llevaba a través del cuello. Una de las vasijas tenía una rajadura en ella, y mientras que la otra estaba perfecta y siempre entregaba una porción completa de agua al final de una larga caminata desde el arroyo a la casa del patrón, la vasija desvencijada llegaba solamente medio llena. Por dos años enteros esto pasó diariamente, con el aguatero entregando solamente una vasija y media de agua al patrón de la casa. De hecho, la vasija perfecta estaba orgullosa de sus logros, perfectos para el final al cual había sido hecha. Pero la pobre vasija desvencijada estaba avergonzada de su propia imperfección, y miserable de que era capaz de sólo lograr la mitad para lo que había sido hecha.
Después de dos años de lo que percibió como una amarga falla, habló al aguatero un día por el arroyo. "Yo estoy avergonzada de mi misma, y quiero disculparme con Usted." "¿Por qué?," preguntó el aguatero. "¿De qué está avergonzada?" "He sido capaz, por estos dos años pasados, de entregar solamente la mitad de mi carga porque esta rajadura en mi costado causa que el agua se fugue hacia afuera a lo largo de la vía hasta el regreso a la casa de su patrón. A causa de mis fallas Usted ha tenido que hacer todo este trabajo y no consigue el valor completo de sus esfuerzos," la vasija dijo. El aguatero se sintió triste por la vieja vasija desvencijada, y en su compasión dijo, "Como retorne a la casa de mi patrón, quiero que note las hermosas flores a lo largo del camino."
Evidentemente, a medida que fueron escalando el monte la vieja vasija desportillada notó al sol calentando las hermosas flores silvestres al lado del sendero, y esto la alegró algo. Pero al final de la senda, aún se sintió mal porque estaba fugándose la mitad de su carga, y de nuevo se disculpó ante el aguatero por su falla. El aguatero dijo a la vasija, "¿Notó que había flores solamente en su lado de la vía, pero no en el lado de la otra vasija? Eso era porque yo siempre he sabido de su falla, y saqué provecho de ella. He plantado semillas de flores en su lado del camino, y cada día mientras que caminamos de regreso del arroyo, Usted las ha regado. Por dos años he estado recogiendo estas hermosas flores para decorar la mesa de mi patrón. Sin ser de la forma como es, él no hubiera tenido esta belleza para agraciar su casa."
Moraleja: Cada
uno de nosotros tenemos nuestra propias y únicas fallas. Todos somos
vasijas desportilladas.
Pero son las rajaduras y fallas que cada uno de nosotros
tenemos las que hacen las vidas juntas muy interesantes y remuneradoras. Sólo
tienes que tomar a cada persona por lo que ella es, y mirar lo bueno en ella.
Hay cantidad de bondad allá. ¡Hay cantidad de bondad en nosotros!
Bienaventurados los flexibles, por que ellos no se doblan fuera
de forma. ¡Recuerda apreciar a todas las diferentes personas en tu vida!
O como nos gustaría pensarlo
—si no hubiera sido por las vasijas desvencijadas en
nuestras vidas hubieran sido muy aburridas y nada tan interesantes
... Gracias a Ustedes,
todas mis vasijas desvencijadas amigas.
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Autor Desconocido
Contaba el Maestro en cierta ocasión la historia de una antigua vasija de cerámica de valor inestimable por lo que había pagado una fortuna en una subasta pública. La vasija había sido usada durante años por un mendigo que acabó sus días en la miseria, totalmente ignorante del valor de aquel objeto con el que había pedido limosna.
Cuando un discípulo preguntó al Maestro qué representaba aquella vasija, el Maestro le dijo: "A ti mismo".
El discípulo le pidió que se explicara, y el Maestro
prosiguió: "Tú centras toda tu atención en el insignificante conocimiento que
adquieres de los libros y de los maestros. Sería mejor que le prestaras más
atención a la vasija en la que lo guardas".
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Autor Desconocido
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El viejo Haakon cuidaba cierta Ermita. En ella se veneraba un crucifijo de mucha devoción. Este crucifijo recibía el nombre, bien significativo, de "Cristo de los Favores". Todos acudían allí para pedirle al Santo Cristo. Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la imagen y le dijo:
—"Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en
La Cruz." Y se quedó fijo con la mirada puesta en la Sagrada Efigie, como
esperando la respuesta. El Crucificado abrió sus labios y
habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y
amonestadoras:
—"Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición."
—"¿Cuál, Señor?", preguntó con acento suplicante Haakon.
—"Es una condición difícil", dijo el Señor.
—"Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor",
respondió el viejo ermitaño.
—"Escucha: suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardar siempre
silencio". Haakon contestó:
—"Os lo prometo, Señor". Y se
efectuó el cambio. Nadie advirtió el trueque. Nadie
reconoció al ermitaño colgado de cuatro clavos en la
Cruz.
El Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada. Los devotos seguían desfilando pidiendo favores. Pero un día llegó un rico, después de haber orado dejó allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo:
—"¡Dame la
bolsa que me has robado!". El joven sorprendido,
replicó:
—"No he robado ninguna bolsa".
—"No mientas, ¡devuélvemela enseguida!.
—"Le repito que no he cogido ninguna bolsa", afirmó el
muchacho.
El rico arremetió, furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte:
—"¡Detente!" El rico
miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba.
Haakon, que no pudo permanecer en silencio, gritó, defendió al joven, increpó al
rico por la falsa acusación. Éste quedó anonadado, y
salió de la Ermita. El joven salió también porque tenía prisa para emprender su
viaje. Cuando la Ermita quedó a solas Cristo se dirigió
a su siervo y le dijo:
—"Baja de la Cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar
silencio".
—"Señor", dijo Haakon, "¿cómo
iba a permitir esa injusticia?" Se cambiaron los oficios. Jesús ocupó la Cruz de nuevo y el ermitaño
se quedó ante el Crucifijo. El Señor, clavado,
siguió hablando:
—"Tú no sabías que al rico le convenía perder la bolsa pues llevaba en
ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El
pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en
llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado,
sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal.
Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el
barco y él ha perdido la vida. Tú no sabías nada. Yo sí sé. Por eso callo." Y la sagrada imagen del crucificado guardó
silencio.
¡Cuántas
veces pretendemos dirigir nuestro destino creyendo que es lo mejor para nosotros!.
Sólo Dios sabe lo que es mejor para nosotros. Hay
que aprender a aceptar su Santa Voluntad, aunque a veces no la comprendamos.
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Autor Desconocido

Las apariencias engañan, tengamos siempre confianza en Dios.
Dicen que una vez un hombre era perseguido por varios malhechores que querían matarlo. El hombre ingresó a una cueva. Los malhechores empezaron a buscarlo por las cuevas anteriores de la que él se encontraba. Con tal desesperación elevó una plegaria a Dios de la siguiente manera:
"Dios todopoderoso, haz que dos ángeles bajen y tapen la entrada para que no entren a matarme". En ese momento escuchó a los hombres acercándose a la cueva en la que él se encontraba, y vio que apareció una arañita. La arañita empezó a tejer una telaraña en la entrada. El hombre volvió a elevar otra plegaria, esta vez más angustiado:
"Señor, te pedí ángeles, no una araña." Y continuó: "Señor, por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme". Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada, y observo a la arañita tejiendo la telaraña. Estaban ya los malhechores ingresando en la cueva anterior de la que se encontraba el hombre y éste quedó esperando su muerte. Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva en la que se encontraba el hombre ya la arañita había tapado toda la entrada, entonces se escuchó esta conversación:
Primer hombre: "Vamos, entremos a esta cueva." Segundo hombre: "No. ¿No ves que hasta hay telarañas?, nadie ha entrado en ésta."
La fe es creer
que se tiene lo que no se ve, perseverar en lo imposible.
Hay una frase muy bella que dice: " Si le pides a Dios un árbol te lo
dará en forma de semilla". Pedimos cosas que desde nuestra perspectiva humana
son lo que necesitamos, pero Dios nos da aquéllas con las cuales nos muestra que
con cosas muy sencillas Él puede hacer mucho
más. Como en esta lectura a
veces pedimos muros para estar seguros, pero no tendría
ningún mérito pues sabríamos y tendríamos la certeza de que estamos protegidos,
Dios en cambio nos pide además confianza en Él para
dejar que su Gloria se manifieste y haga que algo como una telaraña nos
dé la misma protección que una muralla.
Si has pedido un muro y no ves más que una telaraña, recuerda que Dios
puede convertir las cosas... y confía en Él.
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Autor Desconocido
Tomado de:
http://www.thewavesight.net/shareinfo.htm. Original en
Inglés, traducción
Hay una diferencia entre la educación y la experiencia. La educación es lo que Ud. obtiene de la lectura del pequeño texto impreso. La experiencia es lo que obtiene de no leerlo! Pero, ¿no es verdad que el gran aprendizaje viene de tanto la educación como de la experiencia? Permítame que le cuente una parábola:
Un joven maestro de escuela tuvo un sueño en el que se le apareció un ángel y le dijo, "Tendrá un niño que crecerá para llegar a ser un líder mundial ¿Cómo la preparará a ella para que se dé cuenta de su inteligencia, crezca con seguridad en sí misma, desarrolle tanto lo afirmativo de ella como su sensitividad, sea de mente abierta, sin embargo fuerte de carácter? En breve, ¿qué clase de educación le proveerá para que ella llegue a ser uno de los verdaderos GRANDES líderes mundiales?"
El joven maestro se despertó con un sudor frío. Nunca se le ocurrió a él antes —que CUALQUIERA de sus actuales o futuros estudiantes pudiera ser la persona descrita en su sueño. ¿Estaba él preparándolos para elevarse a CUALQUIER POSICIÓN en la que pudieran aspirar? Pensó, '¿Cómo podrían mis enseñanzas cambiar si YO SUPIERA que uno de mis estudiantes fuera esta persona?' Gradualmente empezó a formular un plan en su mente:
Esta estudiante necesitaría experiencia también como instrucción.
Necesitaría saber cómo resolver problemas de varias clases.
Necesitaría crecer en carácter también como en conocimiento.
Necesitaría seguridad propia también como la habilidad para escuchar bien y trabajar con otros.
Necesitaría entender y apreciar el pasado, sin embargo ser optimista acerca del futuro.
Necesitaría conocer el valor del aprendizaje durante toda la vida para mantener una mente curiosa y activa.
Necesitaría crecer en el entendimiento de otros y llegar a ser un estudiante del espíritu.
Necesitaría fijar altos estándares para ella y aprender auto disciplina, sin embargo también necesitaría amor y alentamiento, para que pudiera ser llenada con amor y bondad.
Sus enseñanzas cambiaron. Cada joven persona que caminaba por su aula de clase se convertía, para él, en un futuro líder del mundo. Vio en cada uno, no como eran, sino como podían ser. Esperaba lo mejor de sus estudiantes, sin embargo lo temperaba con compasión. Le enseñaba a cada uno como si el futuro del mundo dependiera de su instrucción. Después de muchos años, una mujer que él conocía se elevó a una posición de prominencia mundial. Se dio cuenta que ella con seguridad debe haber sido la niña descrita en su sueño. Solamente que ella no era uno de sus estudiantes, sino en lugar de esto su hija. De todos los varios maestros en su vida, su padre era el mejor. He escuchado decir que "Los niños son los mensajes vivientes que enviamos a un tiempo y lugar que nosotros nunca veremos." Pero ésta no es simplemente una parábola acerca de un maestro de escuela no nombrado. Es una parábola acerca de Ud. y yo —ya sea que seamos padres o aún profesores. Y la historia, NUESTRA historia, realmente empieza así:
"A Ud. se le dará un hijo quien
crecerá para llegar a ser...." Ud. termine la
frase. Si no un líder mundial, ¿entonces un padre
magnífico? ¿Un excelente maestro?
¿Un talentoso curandero? ¿Un innovador solucionador de
problemas? ¿Un artista inspirado?
¿Un filántropo generoso? En dónde y cómo Ud. encontrará
a este niño es un misterio. Pero crea que el futuro de un niño puede
depender de la influencia que sólo Ud. puede suministrar, y algo maravilloso
sucederá. Porque ninguna persona joven será nunca
ordinaria para Ud. de nuevo. Y Ud. nunca será el(la) mismo(a).
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Cómo
Se Escribió el Libro Tao Te King
Autor Desconocido
¿Cómo se escribió uno de los
libros más importantes del mundo? En el año
vigésimo tercero del reinado de Zhao, Lao Tse percibió que la guerra terminaría
por destruir el lugar donde vivía. Como había pasado años meditando sobre la
naturaleza de la vida, sabía que en ciertos momentos es preciso ser práctico.
Decidió, entonces, tomar la decisión más simple: Mudarse.
Tomó sus pocas pertenencias, y partió en dirección a Han Keou; en la puerta de salida de la ciudad, encontró un guardia.
— ¿A dónde va tan importante sabio? —preguntó el
guardia.
— Lejos de la guerra.
— No puede irse así. Me gustaría mucho saber qué fue lo que aprendió en tantos
años de meditación. Sólo lo dejaré partir si comparte conmigo lo que sabe.
Nada más que para librarse del guardia, Lao Tse escribió ahí mismo un pequeño librito, cuya única copia le entregó. Después, continuó su viaje, y nunca más se oyó hablar de él.
El texto de Lao Tse fue copiado y recopiado, atravesó siglos, atravesó milenios, y llegó hasta nuestro tiempo. Se llama Tao Te King, está publicado en portugués [y en muchos otros idiomas, N. del E.] por varias editoriales, y es una lectura obligada. Aquí va una de sus páginas:
Aquél que conoce a los otros es un sabio,
Aquél que se conoce a sí mismo es un iluminado,
Aquél que vence a los otros es fuerte,
Aquel que se vence a sí mismo es poderoso,
Aquél que conoce la alegría es rico,
Aquél que conserva su camino tiene voluntad.
Sé humilde, y permanecerás íntegro,
Inclínate, y permanecerás erguido,
Vacíate, y permanecerás repleto,
Gástate, y permanecerás nuevo.
El sabio no se exhibe, y por eso brilla,
No se hace notar, y por eso es notado,
No se elogia, y por eso tiene mérito,
Y porque no está compitiendo, nadie en el mundo
puede competir con él.
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Autor Desconocido
Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El Martillo fue nombrado Director de Debates, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar: La causa, ¡hacía demasiado ruido! Y se la pasaba el tiempo golpeando. El Martillo aceptó la culpa, pero pidió que también fuera expulsado El Tornillo, dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante el ataque El Tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión del Papel de Lija. Hizo ver que era muy áspera en el trato y siempre tenía fricciones con los demás. Y La Lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado El Metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto.
En ese momento entró el carpintero, se colocó el delantal e inició su trabajo. Utilizó El Martillo, El Papel de Lija, El Metro, y al Tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se transformó en un lindo mueble.
Cuando la carpintería
quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó su deliberación, fue entonces cuando
tomó la palabra el Serrucho y dijo: Señores ha quedado demostrado que tenemos
defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso nos hace
valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la
utilidad de nuestros puntos buenos. La asamblea encontró entonces que
El Martillo era fuerte, El Tornillo
unía y daba fuerza, La Lija era especial para afinar y
limar asperezas y observaron que El Metro era preciso y
exacto.
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El
Auto


Autor Desconocido
Una vez había un joven muchacho que estaba a punto de graduarse en sus estudios. Hacia muchos meses admiraba un hermoso auto deportivo en una agencia de autos.
Sabiendo que su padre podría comprárselo le dijo que ese auto era todo lo que quería, así, como se acercaba el día de graduación, el joven esperaba por ver alguna señal de que su padre hubiese comprado el auto. Finalmente en la mañana del día de graduación su padre le llamó para que fuera a su habitación. Le dijo lo orgulloso que se sentía de tener un hijo tan bueno y lo mucho que lo amaba. El padre tenía en sus manos una hermosa caja de regalo. Curioso y algo decepcionado el joven abrió la caja y encontró una hermosa Biblia de cubiertas de piel y con su nombre escrito con letras de oro.
Enojado le gritó a su padre diciendo: — ¿Con todo el dinero que tienes y lo que me das es esta Biblia?
Salió de la casa y no regreso más. Pasaron muchos años y el joven se convirtió un exitoso hombre de negocios. Tenía una hermosa casa y una bonita familia, pero cuando supo que su padre, que ya era anciano, estaba muy enfermo pensó visitarlo. No lo había vuelto a ver desde el día de su graduación. Antes de que pudiera partir para verlo recibió un telegrama donde decía que su padre había muerto, y le había heredado todas sus posesiones por lo cual necesitaba urgentemente ir a la casa de su padre para arreglar todos los trámites de inmediato.
Cuando llegó una tristeza y arrepentimiento llenó su corazón. Pronto empezó a ver todos los documentos importantes que su padre tenía y encontró la Biblia que en aquella ocasión su padre le había dado.
Con lágrimas la abrió y empezó a hojear sus páginas. Su padre cuidadosamente había subrayado un verso en Mateo 7:11: "Y si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas guías a vuestros hijos, cuanto más nuestro Padre dará a sus hijos aquello que le pidan." Mientras leía esas palabras unas llaves de auto cayeron de la Biblia. Tenía una tarjeta de la agencia de autos donde había visto ese auto deportivo que había deseado tanto. En la tarjeta estaba la fecha del día de su graduación y las palabras: "TOTALMENTE PAGADO"
¿Cuantas veces hemos rechazado o perdido la
oportunidad de disfrutar o vivir algo porque no viene envuelto en paquetes
hermosos como nosotros esperamos?
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Cómo
Se Hacen los Colores del Arco Iris
Autor Desconocido. Original en Inglés, traducción
Érase una vez en que los colores del mundo comenzaron a reñir. Todos reclamaban que ellos eran el mejor, el más importante, el más útil, y el favorito.
El
Verde dijo,
"Claramente yo soy el más importante. Soy el signo de vida
y de esperanza. Fui escogido para el pasto, los árboles y las hojas.
Sin mí, todos los animales morirían. Miren el campo y verán que yo estoy
en la mayoría."
El
Azul
interrumpió, "Ustedes sólo piensan de la tierra, pero
consideren los cielos y el mar. Es el agua la que es la base de la
vida y es elevada por las nubes del mar profundo. El cielo da espacio y
paz y serenidad, sin mi paz Ustedes todos serían nada."
El
Amarillo se
rió, "Ustedes son todos tan serios.
Yo traigo risa, regocijo, y calor al
mundo. El sol es amarillo, la luna es amarilla, las
estrellas son amarillas. Cada vez que mire un girasol el mundo entero
empieza a reír. Sin mí no habría diversión."
El
Naranja
próximo empezó a tocar su trompeta. "Yo soy el color de
la salud y la fortaleza. Puedo ser escaso, pero soy
precioso porque sirvo las necesidades de la vida humana.
Llevo las más importantes vitaminas. Piensen en las zanahorias, las
calabazas, naranjas, mangos, y papayas. Yo no ando
rondando por ahí todo el tiempo, sino cuando lleno el cielo a la salida y puesta
del sol, mi belleza es tan notable que ninguno da otro pensamiento a ninguno de
Ustedes."
El
Rojo no podía
aguantar por más tiempo, gritó, "¡Yo soy el regente de
todos Ustedes! Soy sangre — ¡la
sangre de la vida! Soy el color de la valentía.
estoy dispuesto a pelear por una causa. Traigo fuego en la
sangre. Sin mí, la tierra estaría tan vacía como la luna. Soy el
color de la pasión y del amor, la rosa roja, la poinsetia y la amapola."
El
Púrpura se levantó
a su plena altura. Era muy alto y habló con gran pompa.
"Soy el color de la realeza y del poder.
Los reyes, jefes, y obispos me han siempre escogido a mí,
porque soy el signo de autoridad y sabiduría. ¡La gente no
me cuestiona! Ellos escuchan y obedecen."

Y así los colores fueron jactándose, cada uno convencido de su propia superioridad. Su riña se puso cada vez más ruidosa. Súbitamente hubo un relámpago de luz brillante, el trueno tronó y retumbó.
La lluvia empezó a caer sin clemencia. Los colores se agacharon de miedo, acercándose los unos a los otros para confortarse. En medio del clamor, la lluvia empezó a hablar:
"Ustedes tontos colores, peleándose entre Ustedes, cada uno tratando de dominar al resto. ¿No saben que cada uno de Ustedes fue hecho con un propósito especial, único y diferente? Únanse de las manos y vengan conmigo." Haciendo como a ellos se les dijo los colores se unieron y unieron sus manos. La lluvia continuó: "desde ahora en adelante, cuando llueva, cada uno de Ustedes se estirará a través del cielo en un gran arco de color como un recordatorio de que Ustedes todos pueden vivir en paz. El Arco Iris es un signo de esperanza para el mañana."
Y así, siempre que
una buena lluvia lava al mundo, y un arco iris aparece en el cielo, recordemos
en apreciarnos los unos a los otros.
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Autor Desconocido.
"El amor es como una cajita, donde se coloca y se saca... Cuando se da amor, se saca de nuestra cajita y se coloca en la cajita del otro. Cuando se recibe amor, se saca de la cajita del otro y se coloca en la nuestra."
Creo que ésa fue la mejor explicación que recibí hasta hoy del amor ... Si sólo se recibe y no se da, la cajita se llena y nadie más consigue darte amor. Si sólo se da, llega un momento que se acaba el tuyo. Por eso en la vida es importante dar y recibir amor. No siempre aquél que recibe de nosotros es quien nos lo da. Ni siempre damos de quien recibimos. Pero siempre estamos haciendo cambios y reciclando nuestro stock de amor.
No dejes que tu cajita se vacíe, ni
dejes que tu cajita se llene. Sabe dar y sabe recibir. Coloca amor en todo lo
que haces, desde que te levantas hasta que te acuestas, en el trabajo, en el
tránsito, en casa... Las cosas, los detalles hechos con amor tienen otro sabor,
tanto para quien lo hace como para quien recibe. Coloca amor en tu sonrisa por
la mañana. Coloca amor en el Buen Día. Coloca amor en los detalles del día.
Coloca amor en las pequeñas cosas, y en las grandes
también. Y verás que tu vida estará llena de realizaciones, suceso, alegrías,
cosas buenas y amor. Recuerda que la felicidad sólo depende de nosotros y ¡¡¡vive
mejor!!!
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Autor Desconocido
Una vez un grupo de tres hombres se perdieron en la montaña y había solamente una fruta para alimentarlos a los tres, quienes casi desfallecían de hambre. Se les apareció entonces Dios y les dijo que probaría su sabiduría y que dependiendo de lo que mostraran les salvaría. Les preguntó entonces Dios qué podían pedirle para arreglar aquel problema y que todos se alimentaran.
El primero dijo: "Pues aparece más comida." Dios contestó que era una respuesta sin sabiduría, pues no se debe pedir a Dios que aparezca mágicamente la solución a los problemas sino trabajar con lo que se tiene.
Dijo el segundo entonces: "Entonces haz que la fruta crezca para que sea suficiente", a lo que Dios contestó que no, pues la solución no es pedir siempre multiplicación de lo que se tiene para arreglar el problema, pues el ser humano nunca queda satisfecho y por ende nunca sería suficiente.
El tercero dijo entonces: "Mi buen Dios, aunque tenemos hambre y somos orgullosos, haznos pequeños a nosotros para que la fruta nos alcance". Dios dijo: "Has contestado bien, pues cuando el hombre se hace humilde y se empequeñece delante de mis ojos, verá la prosperidad".
Saben, se nos enseña siempre a que otros arreglen los problemas o a buscar la salida fácil, siempre pidiendo a Dios que arregle todo sin nosotros cambiar o sacrificar nada. Por eso muchas veces parece que Dios no nos escucha pues pedimos sin dejar nada de lado y queriendo siempre salir ganando. Muchas veces somos egoístas y siempre queremos de todo para nosotros.
Seremos felices el día que aprendamos que la forma de pedir a Dios es reconocernos débiles, y ser humildes dejando de lado nuestro orgullo. Y veremos que al empequeñecernos en lujos y ser mansos de corazón veremos la prosperidad de Dios y la forma como Él sí escucha.
Pídele a Dios que te haga
pequeño... ¡¡¡¡Haz la prueba!!!!
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Anthony de Mello
...
Propongo a tu consideración la siguiente parábola de la vida: un autobús cargado
de turistas atraviesa una hermosísima región llena de lagos, montañas, ríos y
praderas. Pero las cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no
tienen la menor idea de lo que hay al otro lado de las ventanillas, se pasan el
viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quien
hay que aplaudir, quién es el más digno de consideración... Y así siguen hasta
el final del viaje.
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Autor Desconocido.
Una historieta popular del Cercano
Oriente cuenta que un joven llegó al borde de un oasis contiguo a un
pueblo y acercándose a un anciano le preguntó:
—¿Qué clase de personas vive en
este lugar?
—¿Qué clase de personas vive en el lugar de donde tú
vienes?, preguntó a su vez el anciano.
—Oh, un grupo de egoístas y malvados, replicó el joven,
estoy encantado de haberme ido de allí. A lo cual
el anciano contestó:
—Lo mismo vas a encontrar aquí.
Ese mismo día otro joven se acercó a beber agua al
oasis y viendo al anciano, preguntó:
—¿Qué clase de personas vive en este lugar? El
viejo respondió con la misma pregunta:
—¿Qué clase de personas vive en el lugar de donde tú vienes?
—Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele
mucho haberlas dejado.
—Lo mismo encontrarás aquí, respondió el anciano.
Un hombre que había oído ambas conversaciones
preguntó al viejo:
—¿Cómo es posible dar dos respuestas diferentes a la misma pregunta?
A lo cual el viejo respondió:
—Cada cual lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquél que no
encontró nada nuevo en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa
aquí. Aquél que encontró amigos allá, podrá encontrar también amigos aquí,
porque, a decir verdad, tu actitud mental es lo único en
tu vida sobre lo cual puedes mantener control absoluto.
Siempre que tengas una actitud positiva hallarás la
verdadera riqueza de la vida. Si miras dentro de ti sabrás que posees una gran
fortaleza para entregar y para descubrir todas las cosas buenas en los demás.
¡Qué siempre encuentres un oasis de paz!
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Mónica Barbagallo, del libro: El Camino Hacia Tu Ángel Solar, Volumen II ©
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Gonzalo Gallo González, Oasis Para Vivir Más y Mejor

El despego es una cualidad de los que saben que
estamos acá de paso y son libres sin aferrarse a las cosas.
Si aprecias más la riqueza
interior que la exterior vives sencillamente y vives profundamente.
Somos peregrinos.
Avanzamos mucho cuando caminamos
ligeros de equipaje.
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Cuento Oriental Judío

Cuando Noé estaba plantando una viña, se apareció Satán y pidió permiso para ayudarlo.
Satán trajo primero un cordero, lo mató y vertió su sangre sobre los surcos. Después empapó la tierra con sangre de león. A continuación atrapó un mono y usó su sangre del mismo modo. Y finalmente le tocó el turno a un cerdo. Entonces Satán le explicó a Noé sus intenciones:
Cuando el hombre tome la primera copa de vino se volverá dulce y
alegre como el cordero. Con la segunda copa, será valiente y peleador como el
león, jactándose de su poder. Después de la tercera copa, se pondrá en ridículo
como un mono. Pero si toma cuatro o más copas se convertirá en un cerdo
repugnante, sucio y bestial, capaz de revolcarse en el barro.
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Autor Desconocido
En
cierta ocasión un reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el
secreto de su maíz, que ganaba el concurso al mejor producto, año tras año. El
agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con los vecinos.
—"¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, si usted también entra al mismo concurso año tras año?" preguntó el reportero.
—"Verá usted, señor," dijo el agricultor. "El viento lleva el polen del maíz maduro, de un sembradío a otro. Si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar buen maíz debo ayudar a que mi vecino también lo haga".
Lo mismo es con otras situaciones de nuestra vida. Quienes quieran lograr el éxito deben ayudar a que sus vecinos también tengan éxito. Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca. Y quienes optan por ser felices, deben ayudar a que otros encuentren la felicidad, porque el bienestar de cada uno se halla unido al bienestar de todos.
Que Dios les conceda la gracia del éxito en sus vidas compartiendo lo que Dios les da.
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Autor Desconocido
—
Cuando mires a tus compañeros procura mirarte a ti mismo, dijo el maestro al
discípulo.
— Pero, ¿no es una actitud egoísta?, cuestionó el discípulo. Si nos preocupamos
por nosotros mismos jamás veremos lo que los otros tienen de bueno para ofrecer.
— Ojalá siempre consiguiéramos ver las cosas buenas que están a nuestro
alrededor —contestó el maestro— pero, en verdad, cuando miramos al prójimo
estamos sólo buscando defectos. Intentamos descubrir una maldad, porque deseamos
que sea peor que nosotros. Nunca lo perdonamos si nos hiere porque creemos que
jamás seríamos perdonados por él. Conseguimos herirlo con palabras duras
afirmando que decimos la verdad, cuando apenas estamos intentando ocultarla de
nosotros mismos. Fingimos que somos importantes para que nadie pueda ver
nuestra fragilidad. Por eso siempre que estés juzgando a tu hermano ten
conciencia de que eres tú quien está en el tribunal.
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Autor Desconocido

El discípulo dijo al maestro:
—He pasado gran parte de mi vida viendo cosas que no debía ver, deseando cosas que no debía desear, haciendo planes que no debía hacer.
El maestro invitó al discípulo a dar un paseo. Por el camino señaló una planta y preguntó al discípulo si sabía lo que era.
— Belladona. Puede matar a quien coma sus hojas.
— Pero no puede matar a quien se limite a contemplarla. De la misma manera los
deseos negativos no pueden causar ningún mal, si tú no te dejas seducir por
ellos.
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Anthony de Mello
El sanyasi había llegado a
las afueras de la aldea y acampó bajo el árbol para pasar la noche. De pronto
llegó corriendo hasta él un habitante de la aldea y le dijo:
— ¡La piedra! ¡La piedra! ¡Dame la piedra preciosa!
— ¿Qué piedra, preguntó el sanyasi.
— La otra noche se me apareció en sueños el Señor Shiva,
dijo el aldeano, y me aseguró que si venía al anochecer a las afueras de la
aldea encontraría a un
sanyasi
que me daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre.
El sanyasi rebuscó en su bolsa y extrajo una piedra.
— Probablemente se refería a ésta, dijo mientras entregaba la piedra al aldeano. La encontré en un sendero del bosque hace unos días. Por supuesto que puedes quedarte con ella.
El hombre se quedó mirando la piedra con asombro. ¡Era un diamante! Tal vez el mayor diamante del mundo, pues, era tan grande como la mano de un hombre. Tomó el diamante y se marchó.
Pasó la noche dando vueltas en la cama, totalmente incapaz de dormir. Al día siguiente, al amanecer, fue a despertar al sanyasi y le dijo:
— Dame la riqueza que te permite desprenderte con tanta facilidad de este
diamante.
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Autor Desconocido
Una mujer salió de su casa y vio a tres viejos de largas barbas sentados frente a su jardín. Ella no los conocía y les dijo:
—No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor entren a mi casa para que coman algo.
Ellos preguntaron:
—
¿Está el hombre de la casa?
—No, respondió ella, no está.
—Entonces no podemos entrar, dijeron ellos.
Al atardecer, cuando el marido llegó, ella le contó lo sucedido.
— ¡Entonces diles que ya llegué, invítalos a pasar!
La mujer salió a invitar a los hombres a pasar a su casa.
—No
podemos entrar a una casa los tres juntos, explicaron los viejitos.
— ¿Por qué?, quiso saber ella.
Uno de los hombres apuntó hacia otro de sus amigos y explicó:
—Su
nombre es Riqueza. Luego indicó hacia el otro:
—Su nombre es Éxito y yo me llamo Amor. Ahora ve adentro y decidan con tu
marido a cuál de nosotros
tres
desean invitar a vuestra casa.
La mujer entró a su casa y le contó a su marido lo que ellos le dijeron. El hombre se puso feliz:
— ¡Qué bueno! Y ya que así es el asunto entonces invitemos a Riqueza, que entre y llene nuestra casa.
Su esposa no estuvo de acuerdo:
— Querido, ¿por qué no invitamos a Éxito?
La hija del matrimonio estaba escuchando desde la otra esquina de la casa y vino corriendo:
—
¿No sería mejor invitar a Amor? Nuestro hogar estaría entonces lleno de amor.
— Hagamos caso del consejo de nuestra hija, dijo el esposo a su mujer. Ve
afuera e invita a Amor a que sea nuestro huésped.
La esposa salió y les preguntó:
— ¿Cuál de Uds. es Amor? Por favor que venga y que sea nuestro invitado.
Amor se puso de pie y comenzó a caminar hacia la casa. Los otros dos también se levantaron y le siguieron. Sorprendida, la dama les preguntó a Riqueza y a Éxito:
— Yo invité sólo a Amor, ¿por qué Uds. también vienen?
Los viejos respondieron juntos:
—Si hubieras invitado a Riqueza o a Éxito los otros dos habrían permanecido afuera, pero ya que invitaste a Amor, donde vaya él, nosotros vamos con él. Donde quiera que hay amor, hay también riqueza y éxito.
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MI DESEO PARA TI ES... Donde haya dolor, te deseo paz y misericordia. Donde hay falta de fe en ti mismo, te deseo una confianza renovada en tu capacidad para superarla. Donde haya temor, te deseo amor y valor.
Tienes dos opciones ahora:
1.
Borra
[ignora]
esto, o...
2. Invita a Amor mediante esta historia con toda la gente a la que aprecies.
Espero que escojas la opción 2. Yo lo hice POR TI.
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Sabio
Hindú Leyendo Sobre Jesús
Anthony de Mello, del libro "La Oración de la Rana"

A un sabio hindú estaban leyéndole la Vida de Jesús. Cuando supo cómo Jesús había sido rechazado por su propia gente en Nazaret, exclamó: "Un rabino cuya congregación no desee expulsarlo de la ciudad no es un rabino."
Y cuando oyó cómo los sacerdotes condenaron a muerte a Jesús, suspiró y dijo: "Que difícil le resulta a Satán engañar a todo el mundo... Por eso escoge a destacados eclesiásticos en las diferentes partes del globo."
El lamento de un obispo: "Dondequiera que Jesús estuvo, hubo una revolución;
dondequiera que voy yo, me sirven té."
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Anthony de Mello
(El texto no es verbatim)

Cuenta una antigua fábula india que había un ratón que estaba siempre angustiado porque tenía miedo del gato. Un mago se compadeció de él y lo convirtió... en un gato.
Pero entonces empezó a sentir miedo del perro. De modo que el mago lo convirtió en perro. Luego empezó a sentir miedo de la pantera, y el mago lo convirtió en pantera. Con lo cual comenzó a temer al cazador.
Llegado a este punto el
mago se dio por vencido y volvió a convertirlo en ratón, diciéndole: "Nada de
lo que haga por ti va a servirte de ayuda, porque siempre tendrás el corazón de
un ratón."
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Mónica Barbagallo
El Buda fue el
hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el
sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión.
Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.
Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de lo sucedido y permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.
Días después el Buda se
cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente. Muy sorprendido Devadatta
preguntó:
— ¿No estás enfadado, señor?
—No, claro que no.
Sin salir de su asombro,
inquirió:
— ¿Por qué?
Y el Buda dijo:
—Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí
cuando fue arrojada.
El Maestro dice: Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable. Repite a diario: Perdono a todo el que necesite mi perdón y me perdono a mi mismo, tres veces al levantarte, tres veces al acostarte —por lo menos— y siente que perdonas desde el fondo de tu corazón.
Cuando perdonamos actuamos
con la energía de nuestra Presencia de Dios interior... y ten en cuenta que con
perdonar te quitas una mochila pesada.
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La
Verdad, La Herencia Más Noble
Rabindranat Tagore, 1861-1941
Ya
el sol se había puesto entre el enredo del bosque sobre los ríos. Los niños de
la ermita habían vuelto con el ganado y estaban sentados al fuego oyendo a su
maestro Gautama, cuando llegó un niño desconocido y lo saludó con flores y
frutos. Luego, tras una profunda reverencia, le dijo con voz de pájaro:
—Señor Gautama, vengo a que
me guíes por el Sendero de la Verdad. Me llamo Satyakama
—Bendito seas -dijo el Maestro.
¿Y de qué casta eres, hijo mío? Porque sólo un Brahmín
puede aspirar a la suprema sabiduría.
Contestó el niño:
—No sé de qué casta soy, Maestro, pero voy a preguntárselo a mi madre.
Se despidió Satyakama, cruzó el río por lo más estrecho, y volvió a la choza de su madre, que estaba al fin de un arenal, fuera de la aldea ya dormida. La lámpara iluminaba débilmente la puerta, y la madre estaba fuera, de pie en la sombra, esperando la vuelta de su hijo.
Lo cogió contra su pecho, lo
besó en la cabeza y le preguntó qué le había dicho el Maestro.
—¿Cómo se llama mi padre? -dijo el niño.
Porque me ha dicho el Señor Gautama que sólo un
Brahmín puede
aspirar a la suprema sabiduría.
La mujer bajó los ojos y le habló dulcemente:
—Cuando joven yo era pobre y conocí muchos amos. Sólo puedo decirte que tú
viniste a los brazos de tu madre Jabala, que no tuvo marido.
Los primeros rayos del sol ardían en la copa de los árboles de la ermita del bosque. Los niños, aún mojado el revuelto pelo del baño de la mañana, estaban sentados ante su Maestro, bajo un árbol viejo. Llegó Satyakama, le hizo una profunda reverencia al Maestro y se quedó de pie en silencio.
—Dime -le preguntó el
Maestro. ¿Sabes ya de qué casta
eres?
—Señor, -contestó Satyakama- no
sé. Mi madre me dijo: Yo conocí muchos amos cuando joven, y tú viniste a los
brazos de tu madre Jabala, que no tuvo marido.
Entonces se levantó un rumor como el zumbido iracundo de las abejas hostigadas en su colmena. Y los estudiantes murmuraban entre dientes de la desvergonzada insolencia del niño sin padre.
Pero el Maestro Gautama se
levantó, trajo al niño con sus brazos hasta su pecho y le dijo:
—Tú eres el mejor de todos los brahmines, hijo mío, porque tienes la herencia
más noble que es de la verdad.
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Autor Desconocido
El viento paró. Las aves
callaron respetuosas. El cielo entero pareció detenerse a escuchar mientras
dentro del alma del santo ermitaño una voz silenciosa parecía elevarlo a otros
mundos: Sólo cuando el Alma habla las palabras viven. Sólo cuando el corazón es
libre puede el amor ser expresado. Sólo cuando el oído escucha, el verbo actúa.
Sólo si los ojos son puestos en la luz pueden los pasos ser dirigidos
correctamente. Sólo si el pensamiento calla, el Maestro habla. Sólo en la
ausencia de deseos puede la paz florecer. Sólo cuando los ídolos caen puede ser
encendida la antorcha de la libertad. Sólo trascendiendo la pequeñez del ser se
llega al santuario interior. Sólo en la ausencia de la personalidad, Dios
revela su plan. Sólo disolviendo la ilusión del tiempo y el espacio se
comprende al espíritu...
... Las horas pasaron y el sol brilló nuevamente en el horizonte. Y el santo anciano se sumergió en el Samadhi para despertar en los reinos de Dios.
La Conversión
Y vio un destello repentino que alumbró la noche oscura que lo envolvía y sus
ojos no volvieron a mirar como antes. Vio el dolor de los enfermos y supo que
necesitaban amor. Que muchas de sus enfermedades eran producto de la falta de
amor. Vio al rostro de los delincuentes y supo que en sus actos estaban
pidiendo amor porque buscaban protestar por la soledad y la incomprensión que
sentían. Vio la angustia de los hambrientos y percibió la falta de amor. Vio
la cara de los malvados y crueles y comprendió la soledad y el temor que
rodeaban sus corazones y entendió su imperiosa necesidad de amor. Vio los ríos
contaminados, las tierras resecas, los valles desiertos y supo que el mundo
necesitaba amor. Y entonces pensó: "HOY CANTARÉ AL
AMOR, Y MI VIDA SERÁ UN ETERNO ARPEGIO DE AMOR".
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Autor Desconocido
Había una vez un rey que tenía cuatro esposas. Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás y la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas. Sólo le daba lo mejor.
También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.
También amaba a su segunda esposa. Ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles.
La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca. Sin embargo, él no amaba a su primera esposa y aunque ella le amaba profundamente, apenas si él se fijaba en ella.
Un día el rey enfermó y se dio cuenta que le quedaba poco tiempo. Pensó acerca de su vida de lujo y caviló: "Ahora tengo cuatro esposas conmigo pero, cuando muera, estaré solo." Así que le preguntó a su cuarta esposa: "Te he amado más que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?" "¡Ni pensarlo!", contestó la cuarta esposa y se alejó sin decir más palabras. Su respuesta penetró en su corazón como un cuchillo filoso.
El entristecido monarca le preguntó a su tercera esposa: "Te he amado toda mi vida. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?" "¡No!", contestó su tercera esposa. "¡La vida es demasiado buena! Cuando mueras, pienso volverme a casar!" Su corazón experimentó una fuerte sacudida y se puso frío.
Entonces preguntó a su segunda esposa: "Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí. Cuando muera, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?" "Lo siento, ¡no puedo ayudarte esta vez!", contestó la segunda esposa. "Lo más que puedo hacer por ti es enterrarte". Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devastó al rey.
Entonces escuchó una voz: "Me iré contigo y te seguiré doquiera tus vayas". El rey dirigió la mirada en dirección de la voz y allí estaba su primera esposa. Se veía tan delgaducha, sufría de desnutrición. Profundamente afectado, el monarca dijo: "Debí haberte atendido mejor ¡cuando tuve la oportunidad de hacerlo!"
En realidad, todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas. Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo. No importa cuanto tiempo y esfuerzo invirtamos en hacerlo lucir bien, nos dejará cuando muramos.
Nuestra tercera esposa es nuestras posesiones, condición social y riqueza. Cuando muramos, irán a parar a otros.
Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos. No importa cuanto nos hayan sido de apoyo a nosotros aquí, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro.
Y nuestra primera esposa es nuestro espíritu, frecuentemente ignorado en la búsqueda de la fortuna, el poder y los placeres del ego. Sin embargo, nuestro espíritu es lo único que nos acompañará doquiera que vayamos.
Comentario
Así que, ¡despierta ahora! Es el más grande regalo que te puedes ofrecer. Deja salir a tu espíritu libremente! Que él sea quien te guíe.
Una forma muy práctica para empezar la búsqueda del espíritu (tu despertar) es la Aceptación de nuestra condición divina y fue amorosamente dejada a nosotros por Nuestro Señor Jesucristo.
Ahora, si así lo
quieres, envíala [esta historia]
a aquellas personas que quieren liberarse de la ficción
(Maya) y gozar el espíritu. ¿Sabes por qué?
Porque tontamente nos dedicamos a
adorar a nuestro cuerpo, a nuestra riqueza y a nuestros parientes y amigos, y no
dejamos tiempo para la única posesión valiosa: El Espíritu. Sin embargo, yo
sé que cualquier descripción
es vana ante la realidad: sólo
quien
ha probado un caramelo conoce su sabor. ¡Te deseo un feliz despertar!
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Paulo Coelho
Cierto mercader envió a su hijo con el más sabio de todos los hombres para que aprendiera el Secreto de la Felicidad. El joven anduvo durante cuarenta días por el desierto, hasta que llegó a un hermoso castillo, en lo alto de la montaña. Allí vivía el sabio que buscaba.
Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala y vio una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas conversando en los rincones, una pequeña orquesta que tocaba melodías suaves y una mesa repleta de los más deliciosos manjares de aquella región del mundo.
El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas para que lo atendiera. El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el Secreto de la Felicidad. Le sugirió que diese un paseo por su palacio y volviese dos horas más tarde.
—Pero quiero pedirte un favor —añadió el sabio entregándole una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite—. Mientras caminas, lleva esta cucharita y cuida que el aceite no se derrame.
El joven comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Pasadas las dos horas, retornó a la presencia del sabio.
—¿Qué tal? —preguntó el sabio— ¿Viste los tapices de Persia que hay en mi comedor? ¿Viste el jardín que el Maestro de los Jardineros tardó diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?
El joven avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el Sabio le había confiado.
—Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo, dijo el Sabio. No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.
Ya más tranquilo, el joven tomó nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención todas las obras de arte que adornaban el techo y las paredes.
Vio los jardines, las montañas a su alrededor, la delicadeza de las flores, el esmero con que cada obra de arte estaba colocada en su lugar. De regreso a la presencia del Sabio, le relató detalladamente todo lo que había visto.
—¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié?, preguntó el Sabio. El joven miró la cuchara y se dio cuenta de que las había derramado.
—Pues éste es el único consejo que puedo darte —le dijo el más Sabio de todos los Sabios—. El Secreto de la Felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite en la cuchara.
“El Secreto de la
Felicidad está en saber disfrutar de los grandes placeres de la vida sin olvidar
las pequeñas cosas que tenemos a nuestro alcance"...
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Autor Desconocido
Ésta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día, el muchacho clavo 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta. Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta.
Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.
Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo:
—Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves.
Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas lo devastará, y la cicatriz perdurara para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física.
Los amigos son en verdad una joya rara. Ellos te hacen reír y te animan a que tengas éxito. Ellos te prestan todo, comparten palabras de elogio y siempre quieren abrirnos sus corazones. Muestra a tus conocidos y amigos cuanto te importan y envía este mensaje a quien consideres tu AMIGO, incluso si al final terminas enviándolo a quien te lo mando primero. Si es que este mensaje regresa a ti, entonces tú sabrás que tienes un circulo de amigos.
TÚ
ERES MI AMIGO/A. Ahora envía este mensaje a cada conocido que tengas!! Y a tus amigo(a)s. Este mensaje me lo envió un amigo y ahora lo comparto contigo. Por
favor si alguna vez deje una cicatriz en tu puerta,
discúlpame y gracias por ser mi amigo/a.
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Las
Siete Maravillas del Mundo
Autor Desconocido
Un grupo de estudiantes de Geografía estudiaba las siete maravillas del mundo. Al término de la clase se les pidió hacer una lista de las que ellos consideraban deberían ser realmente las Siete Maravillas del Mundo.
A pesar de algunos desacuerdos, la mayoría votó por lo siguiente: Las Pirámides de Egipto, El Taj Mahal, El Gran cañón, El Canal de Panamá, El Empire State, La Basílica de San Pedro, La Muralla China.
Mientras se hacía la votación el maestro notó que una estudiante permanecía aún callada y no había entregado aún su lista. Así que le preguntó si tenía problema para hacer aún su elección. La muchacha tímidamente respondió:
—Sí, un poco. No podía decidirme pues son tantas las maravillas.
El maestro
dijo:
—Bueno,
dinos lo que has escrito y tal vez podamos ayudarte.
La
muchacha titubeó y después leyó:
—Creo que
las Siete Maravillas son: Poder tocar, poder saborear, poder ver, poder
escuchar...
Titubeando
un poco continuó:
—Poder
sentir, poder reír y... poder amar.
Al terminar de leerlas el salón de clase quedó en un silencio absoluto.
Es muy sencillo para nosotros poder ver muchas de las hazañas del hombre y referirnos a ellas como maravillas, cuando a veces pasan desapercibidas las maravillas que Dios hizo por nosotros y que son sencillamente “comunes”.
¡Que hoy
te acuerdes de aquellas cosas que son realmente maravillosas!
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Anthony de Mello, S.J., ¿Quién Puede Hacer Que Amanezca?
A un individuo dotado de auténtico espíritu emprendedor pero al que desalentaban las frecuentes críticas que se le hacían, le dijo el Maestro: "Escucha las palabras del crítico que te revelarán lo que tus amigos tratan de ocultarte".
Y añadió:
"Pero no te dejes abrumar por lo que el crítico diga. Nunca se ha erigido una
estatua en homenaje a un crítico. Las estatuas son para los criticados".
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El
Niño y el Yogui

Autor Desconocido
Un niño de corta edad jugaba con un barquito en un estanque. Estaba totalmente absorto en su juego. Un yogui que pasaba por el lugar se acercó a él y comenzó a hablarle y hacerle preguntas. El niño estaba ensimismado con las evoluciones del barquito sobre las aguas que ni siquiera reparó en la presencia del adulto.
Entonces el yogui se postró ante él y dijo:
—Tú eres mi maestro. Ojalá que cada vez que me siente a meditar pueda estar tan concentrado como tú dirigiendo mis pensamientos al Ser Supremo y que, como te sucede a ti, nada pueda distraerme.
Dice el
Maestro: Que durante la meditación todo tu ser esté dirigido hacia el objeto de
introspección.
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Autor Desconocido
Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que éste había alcanzado.
Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:
—Quiero
arreglar todo el mal que hice a mi amigo, ¿cómo puedo hacerlo?
A lo que el hombre respondió:
—Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una en cada lugar
donde vayas.
El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.
Volvió
donde el sabio y le dijo:
—Ya he terminado. A lo que el sabio contestó:
—Ésa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas
plumas que soltaste. Sale a la calle y búscalas.
El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna. Al volver, el hombre sabio le dijo:
—Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho.
Por lo
cual el perdón es lo único que hará ¡que tu saco se llene de plumas nuevamente!
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No
Esperes Demasiado para Decir Lo que Sientes
Autor Desconocido
Había una vez un chico que nació enfermo. Una enfermedad que no tenía cura. Con 17 años y podría morir en cualquier momento. Siempre vivió en su casa, bajo el cuidado de su madre. Ya estaba harto y decidió salir sólo por una vez. Le pidió permiso a su madre y ella aceptó. Caminando por su manzana vio muchas tiendas. Al pasar por una tienda de música y ver el aparador, notó la presencia de una niña muy tierna de su edad.
Fue
amor a primera vista. Abrió la puerta y entró sin mirar nada que no fuera ella.
Acercándose poco a poco llegó al mostrador donde se encontraba ella. Ella lo
miró y le dijo sonriente:
—¿Te puedo ayudar en algo?
Mientras él pensaba que era la sonrisa más hermosa que había visto en toda su vida, sintió deseos de besarla en ese mismo instante. Tartamudeando le dijo:
—Sí, eeehhh, uuuhhh... me gustaría comprar un CD.
Sin pensar, tomó el primero que vio y le dio el dinero.
—¿Quieres que te lo envuelva?, preguntó la niña sonriendo de nuevo.
Él respondió que sí, moviendo la cabeza; y ella fue al almacén para volver con el paquete envuelto y entregárselo. Él lo tomó y salió de la tienda. Se fue a su casa, y desde ese día en adelante visitó la tienda todos los días para comprar un CD. Siempre se los envolvía la niña para luego llevárselos a su casa y meterlos en su armario.
Él era muy tímido para invitarla a salir y aunque trataba, no podía. Su mamá se enteró de esto e intentó animarlo a que se atreviera, así que al siguiente día se armó de coraje y se dirigió a la tienda.
Como todos los días compró otra vez un CD, y como siempre, ella se fue atrás para envolverlo. Él tomó el CD; y mientras ella no estaba viendo, rápidamente dejo su teléfono en el mostrador y salió corriendo de la tienda.
¡¡¡Ringggg!!! Su mamá contestó:
—¿Bueno? Era la niña, pregunto por su hijo, y la madre desconsolada comenzó a llorar mientras decía:
—¿Que, no sabes?... murió ayer.
Hubo un silencio prolongado, excepto los lamentos de la madre. Más tarde; la mamá entró en el cuarto de su hijo para recordarlo. Ella decidió empezar por ver su ropa, así que abrió su armario. Para su sorpresa se topó con montones de CDs envueltos. Ni uno estaba abierto.
Le causó curiosidad ver tantos y no se resistió; tomó uno y se sentó sobre la cama para verlo; al hacer esto, un pequeño pedazo de papel salió de la cajita plástica. La mamá lo recogió para leerlo y decía:
"¡¡¡Hola!!!, estás súper guapo, ¿quieres salir conmigo? TQM... Sofía.
De tanta emoción la madre abrió otros y otros pedazos de papel en varios CD; y éstos decían lo mismo.
Moraleja:
Así es la vida, no esperes demasiado para decirle a ese alguien especial lo que
sientes. Díselo hoy. Mañana puede ser muy tarde.
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Autor Desconocido

Una niñita le estaba hablando de las ballenas a su maestra. La profesora dijo que era físicamente imposible que una ballena se tragara a un ser humano porque aunque era un mamífero muy grande su garganta era muy pequeña. La niña afirmó que Jonás había sido tragado por una ballena.
Irritada, la profesora le repitió que una ballena no podía tragarse ningún humano; físicamente era imposible. La niñita dijo:
—Cuando llegue al cielo le voy a
preguntar a Jonás.
La maestra le preguntó:
— ¿Y qué pasa si Jonás se fue al infierno?
La niña le contestó:
—Entonces le toca a usted preguntarle.
""""""""""""""""""""""""""""""""""""""
Una maestra de Jardín Infantil estaba observando a los niños de
su clase mientras dibujaban. Ocasionalmente se paseaba por el salón para ver
los trabajos de cada niño. Cuando llegó a donde una niñita trabajaba
diligentemente, le preguntó qué estaba dibujando. La niña replicó:
—Estoy
dibujando a Dios.
La maestra
se detuvo y dijo:
—Pero
nadie sabe cómo es Dios.
Sin
pestañear, y sin levantar la vista de su dibujo, la niña contestó:
—Lo
sabrán dentro de un minuto.
""""""""""""""""""""""""""""""""""""""
Una honesta niña de siete años admitió calmadamente a sus papás que Luis Miguel la había besado después de la clase.
—
¿Cómo
sucedió eso?, preguntó asombrada su mamá.
—No
fue fácil, admitió la pequeña señorita, pero tres niñas me ayudaron a agarrarlo.
""""""""""""""""""""""""""""""""""""""
Un día una niñita
estaba sentada observando a su mamá lavar los platos en la cocina. De pronto
notó que su mamá tenía varios cabellos blancos que sobresalían entre su
cabellera oscura. Miró a su mamá y le preguntó inquisitivamente:
—¿Por qué tienes algunos cabellos
blanco, mami?
Su mamá le contestó:
—Bueno, cada vez que haces algo malo y me haces llorar o me pones triste, uno de
mis cabellos se pone blanco.
La niñita digirió esta revelación por
un rato y luego dijo:
—Mami, ¿por qué TODOS los cabellos de mi abuelita están blancos?
""""""""""""""""""""""""""""""""""""""
Un niñito de tres años fue con su papá a ver una camilla de gatitos recién nacidos. De regreso a casa, le informó apresuradamente a su mamá que había dos gatitos y dos gatitas.
— ¿Cómo supiste? —le preguntó su mamá.
—Papá los levantó y miró por debajo —replicó el niño—.
Creo que allí tienen la
etiqueta.
""""""""""""""""""""""""""""""""""""""
Todos los niños habían salido en la
fotografía y la maestra estaba tratando de persuadirlos a cada uno de comprar
una copia de la fotografía del grupo.
—Imagínense qué bonito será cuando ya sean grandes todos y digan: allí está Catalina, es abogada; o también ese es Miguel, ahora es doctor.
Sonó una vocecita desde atrás del salón:
—Y allí está la maestra. Ya se murió.
Moraleja:
No discutas con los niños.
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¿QUIEN PUEDE HACER QUE
AMANEZCA?, Anthony de Mello, S.J.
Un forastero que andaba en busca de las cosas divinas le preguntó al Maestro cómo podría, cuando regresara a su país, distinguir entre un verdadero maestro y uno falso.
El
Maestro le dijo:
—El
bueno propone prácticas; el mal maestro propone teorías.
—Pero,
¿cómo podré distinguir entre una práctica buena y una práctica mala?
—Del
mismo modo que un agricultor distingue entre un cultivo bueno y un cultivo malo.
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Autor Desconocido
Cuenta la leyenda que al principio del mundo cuando Dios decidió crear a la mujer encontró que había agotado todos los materiales sólidos en el hombre y no tenía más de que disponer. Ante este dilema y después de profunda meditación, hizo esto:

Tomó la redondez
de la luna,
Las suaves curvas de las olas,
La tierna adhesión de la enredadera,
El trémulo movimiento de las hojas,
La esbeltez de la palmera,
El tinte delicado de las flores,
La amorosa mirada del ciervo,
La alegría del sol y las gotas del llanto de las nubes,
La inconstancia del viento y la fidelidad del perro,
La timidez de la tórtola y la vanidad del pavo real,
La suavidad de la pluma de un cisne y la dureza del diamante,
La dulzura de la paloma y la crueldad del tigre,
El ardor del fuego y la frialdad de la nieve.
Mezcló tan desiguales ingredientes, formó a la mujer y se la dio al hombre.
Después de
una semana, vino el hombre y le dijo:
—¡¡¡Señor,
la criatura que me diste me hace desdichado, quiere toda mi atención, nunca me
deja solo, charla incesantemente, llora sin motivo, parece que se divierte al
hacerme sufrir y vengo a devolvértela porque no puedo vivir con ella!!!
—Bien,
contesto Dios y tomó a la mujer.
Paso otra
semana, volvió el hombre y le dijo:
—Señor,
me encuentro muy solo desde que te devolví a la criatura que hiciste para mí,
ella cantaba y jugaba a mi lado, me miraba con ternura y su mirada era una
caricia, reía y su risa era música, era hermosa a la vista y suave al contacto.
Me cuidaba y protegía cuando lo necesitaba, me daba dulzura, ternura,
comprensión y amor sin condiciones, por favor,
Dios, devuélvemela, ¡¡¡porque no puedo vivir sin ella!!!
—Ya
veo, dijo Dios, ahora valoras sus cualidades, eso me alegra mucho.
Claro que puedes tenerla de
nuevo, fue creada para ti, pero no olvides cuidarla, amarla, respetarla y
protegerla, porque de no hacerlo corres el riesgo de quedarte de nuevo sin
ella...
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Autor Desconocido
Una noche estaba una mujer en un aeropuerto esperando varias horas antes de que partiera su propio vuelo. Mientras esperaba compró un libro y un paquete de galletas para pasar el tiempo. Buscó asiento y se sentó a esperar. Estaba muy absorta leyendo su libro, cuando de repente notó que el joven que se había sentado a su lado estiraba la mano, con mucha frescura agarraba despreocupadamente del paquete de galletas que estaba entre ellos y comenzaba a comerlas, una a una. No queriendo hacer una escena ella trató de ignorarlo. Un poco molesta la señora comía las galletas y miraba el reloj, mientras que el joven ladrón de galletas, sin vergüenza casi también se las estaba acabando. La señora se empezó a irritar más y pensaba para sí misma:
"Si no fuese yo tan buena y educada, ya le hubiera dejado un moretón en el ojo a este atrevido".
Cada vez que ella comía una galleta, él también se comía otra. El diálogo de sus miradas continuaba cuando se quedaba una, se preguntaban quién lo haría. Con suavidad y con una sonrisa nerviosa, el joven alargó la mano, tomó la última galleta, la partió en dos y le ofreció la mitad a la señora mientras se comía la otra mitad. Ella tomó media galleta bruscamente de su mano y pensaba:
"¡Qué hombre más insolente! ¡Qué mal educado! ¡Ni siquiera me dio las gracias! Nunca antes había conocido a alguien tan fresco..."
Suspiró con ansias cuando su vuelo fue anunciado. Tomó sus maletas y se dirigió a la puerta de embarque rehusándose a mirar en dirección en donde estaba sentado aquel ladrón ingrato. Después de haber abordado el avión y de estar sentada confortablemente, buscó otra vez su libro que ya casi había terminado de leer. Al buscar su libro dentro su bolsa se quedó talmente sorprendida cuando encontró el paquete de galletas casi intacto.
"Si mis galletas están aquí", ella pensó y apesadumbrada, "las otras eran suyas, y trató de compartirlas conmigo."
Demasiado tarde para pedirle disculpas al joven, se dijo lenta con mucho pesar, que ella había sido la insolente, la mal educada, la ladrona y no lo sabía.
¿Cuantas veces en nuestras vidas, hemos sabido con certeza que algo era de cierta forma sólo para luego descubrir que lo que creímos era la verdad. . . no lo era? Cuántas veces la desconfianza instigada en nosotros hace que juzguemos injustamente a otras personas con ideas preconcebidas, muchas veces alejadas de la realidad.
Por eso
pensemos muy bien antes de juzgar a otros. Demos siempre el beneficio de la duda
antes de pensar mal de los demás.
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Autor Desconocido

Lynell Waterman cuenta la historia del herrero que, después de una juventud llena de excesos, decidió entregar su alma a Dios. Durante muchos años trabajando ahincadamente, practicaba la caridad, pero, a pesar de todas su dedicaciones nada perecía andar bien en su vida, muy por el contrario, sus problemas y sus deudas se acumulaban día a día. Una hermosa tarde un amigo que lo visitaba, y que sintió compasión por su situación, le comentó:
—Realmente es muy extraordinario que justamente después de haber decidido volverte un hombre temeroso de Dios, tu vida haya comenzado a empeorar. No deseo debilitar tu fe, pero a pesar de tus creencias en el mundo espiritual, nada ha mejorado.
El herrero no respondió en seguida pues ya había pensando en eso muchas veces, sin entender lo que acontecía con su vida, sin embargo, como no deseaba dejar al amigo sin respuesta, comenzó a hablar, y terminó por encontrar la explicación que buscaba. He aquí lo que dijo el herrero:
—En
este taller yo recibo el acero así, sin trabajar, y debo transformarlo en
espadas.
—¿Sabes
tú cómo se hace esto?
—Primero,
caliento la chapa de acero a un calor infernal, hasta que se pone al rojo vivo.
Enseguida, sin ninguna piedad, tomo el martillo muy pesado y le aplico varios
golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada. Luego la sumerjo en un
balde de agua fría y el taller entero se llena con el ruido el vapor, porque la
pieza estalla y grita a causa del violento cambio de temperatura.
Tengo que repetir este proceso hasta obtener la espada
perfecta: una sola vez no es suficiente.
El herrero hizo
una larga pausa, y siguió:
—A veces
el acero que llega a mis manos no logra soportar este tratamiento.
El calor, los martillazos y el agua fría terminan por
llenarlo de rajaduras. En ese momento, me doy cuenta de que jamás he de
transformarlo en una buena hoja de espada.
Y entonces, simplemente lo dejo en la montaña de fierro viejo
que ves a la entrada de mi herrería.
Hizo otra pausa
más y el herrero terminó:
—Sé que
Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. Acepto los martillazos
que la vida me da, y a veces me siento tan frío e insensible como el agua que
hace sufrir al acero. Pero la cosa que pienso es:
"Dios mío, no desistas hasta que yo consiga tomar la
forma que Tú esperas de mí. Inténtalo de la manera que te parezca mejor, por el
tiempo que quieras —pero
nunca me pongas en la montaña de fierro viejo de las almas."
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Autor Desconocido
Un día un ángel se arrodilló a los pies de Dios y habló:
—Señor, visité toda tu creación. Fui a todos los cantos. Estuve en todos los lugares. Vi que eres parte de todas las cosas. Y por eso vine hasta Ti, Señor, para tratar de entender ¿por qué cada una de las personas sobre a tierra tiene apenas un ala? Los ángeles tenemos dos. Podemos ir hasta el Amor que el Señor representa siempre que lo deseamos. Podemos volar hacia la libertad siempre que queramos. Pero los humanos con su única ala no pueden volar. No podrán volar con apenas un ala...
Dios
respondió:
—Sí, Yo sé eso. Sé que hice a
los humanos solamente con un ala...
Intrigado
el ángel quería entender y preguntó:
—Pero, por qué el Señor dio a los hombres solamente un ala cuando son necesarias
dos alas para que puedan volar?
Sin prisa,
Dios respondió:
—Ellos pueden volar sí, mi ángel. Di a los humanos apenas una sola ala para que
ellos pudiesen volar más y mejor que Yo o vuestros Arcángeles. Para volar, mi
pequeño amigo, tú precisas de tus dos alas. Y aunque libre, tú estás solo...
Mas los humanos... los humanos con su única ala precisaran siempre dar las manos
a alguien a fin de tener sus dos alas. Cada uno ha de tener un par de alas...
Cada uno ha de buscar su segunda ala en alguien, en algún lugar del mundo...
para que se complete su par. Así todos aprenderán a respetarse y a no quebrar
la única ala de la otra persona, porque pueden estar acabando con sus propias
chances de volar. Así, mi
ángel, ellos aprenderán a amar verdaderamente a la otra persona... Aprenderán
que solamente permitiéndose amar ellos podrán volar. Tocando el corazón de otra
persona ellos podrán encontrar el ala que les falta y podrán finalmente volar.
Solamente a través del amor podrán llegar hasta donde Yo
Estoy... así como lo haces tú,
mi ángel. Y ellos nunca, nunca estarán solitarios al volar.
Que
Usted, si aún no ha encontrado
su otra ala, que un día muy cercano, la encuentre. Y se alcen los dos en
magnífico vuelo.
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Explicación
de la Historia de Pinocho
Autor Desconocido

El cuento de Pinocho es
la historia del alma humana en su viaje de evolución espiritual. Pinocho es
creado bajo la influencia de dos personajes, uno masculino y otro femenino (que
simbolizan los dos aspectos de Dios.)
Es tallado por el carpintero Geppetto, y el Hada Azul le da vida. Al mismo tiempo, el Hada elige a un grillo llamado Pepito y le encomienda una misión: permanecer junto a Pinocho y ser su conciencia ( Esto significa que Dios pone junto a cada alma la conciencia de la verdad, que la acompaña siempre dentro de si misma.)
El mayor deseo de Geppetto es que Pinocho llegue a ser un niño de verdad. Y sabe que su deseo sólo puede hacerse realidad si Pinocho aprende y crece, por lo que lo envía a la escuela, (nuestro desenvolvimiento es un proceso de aprendizaje permanente.)
Pinocho sale por
la puerta principal conducido por su padre, y lo hace cargado de propósitos, con
el anhelo profundo de convertirse en algo superior: en un niño de verdad. Pero
cuando sale al mundo surgen los problemas. Haciendo uso de su libertad recién
descubierta, Pinocho toma algunas decisiones equivocadas, y sucumbe ante la
tentación del orgullo. A pesar de las protestas de Pepito Grillo sigue a Juan
el Honrado y se une a una compañía de circo. (La
característica fundamental del alma es el libre albedrío que podamos en cada
momento elegir.)
En su
representación teatral Pinocho recibe grandes aplausos, y está muy contento,
pero después de la actuación lo encierran en una jaula (El dejarnos llevar por el
orgullo, por el "yo", puede darnos placer, pero a la larga siempre produce
dolor, porque esclaviza el alma.)
El Hada Azul acude junto a él, preguntándole la causa de su encierro, y Pinocho intenta justificarse ante ella diciendo mentiras; pero con cada mentira que dice le crece la nariz. Entonces Pinocho descubre que el mal no puede ocultarse, y reconoce sus errores con honestidad, arrepintiéndose de ellos (lo mismo ocurre con nosotros; mientras nos auto justificamos y no reconocemos nuestros errores ante Dios y ante nosotros mismos, no podemos aprender.)
El Hada
entonces le libera y recibe otra oportunidad. Pepito Grillo está decidido ayudar
a Pinocho a no salirse del buen camino, pero tardan poco en presentarse nuevas
tentaciones. Vuelve aparecer Juan el Honrado, que le invita a la Isla del
Placer, un lugar donde los niños pueden divertirse todo el día y satisfacer
todos sus deseos. Pinocho no puede resistir la atracción de viajar a la Isla y
se une al grupo. (Nuestra gran tentación es no tener
que esforzarnos, recibirlo todo a cambio de nada.)
Y ocurre que cuando Pinocho
y los demás niños llevan en la Isla demasiado tiempo, empiezan a convertirse en
burros y a olvidarse incluso de hablar. (Lo mismo pasa
con el alma humana, cuando se embrutece por la indiferencia y la satisfacción
permanente del deseo; se olvida de quién es y de cuál es su misión.)
Pero Pinocho se da cuenta a tiempo. Cuando descubre que les están saliendo orejas y rabo de burro, se dirige a Pepito Grillo para pedirle ayuda. Esto le salva, porque Pepito Grillo sabe cómo puede escaparse de la Isla. En cuanto están libres empiezan a buscar a Geppetto. Pero vuelven a su casa y descubren que ha desaparecido; ha ido a buscar a Pinocho. (Esta imagen tiene una importancia fundamental, pues nos da a entender que no sólo buscamos nosotros a Dios, sino que Dios nos busca a nosotros también.)
Pinocho recibe indicaciones sobre el paradero de su padre. Podrá encontrarlo en el fondo del mar, en el vientre de una gran ballena que se tragó la barca de Geppetto. (El animal marino es un antiguo símbolo de la reconciliación del espíritu y la materia. El mar es un símbolo del inconsciente. Así, el cuento nos dice que encontraremos nuestra inspiración espiritual, nuestra verdadera naturaleza, en nuestro propio yo inconsciente, en el fondo de nosotros mismos.)
Cuando Pinocho y Pepito Grillo buscan a Geppetto en el mar, los traga la misma ballena. En el vientre de ésta tiene lugar una alegre reunión de Pinocho con su padre, pero pronto se dan cuenta que deben escaparse para seguir juntos a la luz del día y en tierra firme. (Dicho de otro modo, nuestro viaje espiritual no termina cuando empezamos a reencontrarnos con nuestras profundidades espirituales en nuestros sueños, en nuestras oraciones, o en nuestras meditaciones. El paso siguiente es llevar este estado superior de la conciencia a la vida diaria, y eso suele ser lo más difícil.)
En el cuento, Pinocho tiene un plan. Se le ocurre un modo de escapar que requiere mucha fuerza y valor, y lo consigue. Pero cuando están en medio del mar, Geppetto parece que se va ahogar y Pinocho se sacrifica para salvarle. (Y esta es precisamente la clave, lo que le va hacer merecedor de ser un niño de verdad; el amor desinteresado. Cuando la necesidad del otro es más importante que la mía, cuando "yo" dejo de ser yo y el centro de mi vida, se abre la puerta que deja paso al milagro.)
Al volver Geppetto en sí en la playa, se encuentra a su lado el cuerpo sin vida de su hijo. Muy afectado se lo lleva a casa y lo deposita en la cama. Pero la acción de amor del niño, dando su vida por su padre, le ha hecho merecedor de ser un niño de verdad. Este resucita y se cumple así su destino; ser un niño verdadero. (Este cuento es el símbolo de nuestro propio viaje de desenvolvimiento espiritual.)
El
significado de la vida es que seguimos el proceso de reconocer nuestra verdadera
naturaleza en Dios: Conscientes y co-creadores.
Toda la
clave para ello es el amor, la ofrenda desinteresada, que significa a su vez la
renuncia al "yo" personal y egoísta. El propósito de la vida que compartimos
todos los hombres es manifestar en lo finito lo infinito, llevar lo divino a lo
humano, dar expresión individual a nuestras cualidades espirituales.
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El
Desconsolado Agente de Bolsa
¿QUIEN PUEDE HACER QUE
AMANEZCA?, Anthony de Mello, S.J.
El desconsolado agente de bolsa, que había perdido una fortuna, acudió al monasterio en busca de paz interior. Pero estaba demasiado turbado para meditar.
Una vez
que aquel hombre se hubo ido, el Maestro, a modo de indirecta, dijo una sola
frase: "Los que duermen en el suelo nunca se caen de la cama."
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Grandes
Charcos Fangosos y Soleados Dientes de León
Autor Desconocido. Original en
Inglés, traducción.
Cuando miro un bancal de dientes de león, veo un montón de maleza que se va a apoderar de mi solar. Mis niños ven flores para mami y soplan sobre la blanca pelusa en la que se puede hacer un deseo.
Cuando miro a un viejo borracho y él me sonríe, veo una persona maloliente, sucia, que quiere probablemente dinero y miro en otra dirección. Mis niños ven a alguien que les sonríe y ellos le responden sonriendo.
Cuando oigo música que me encanta, sé que no puedo llevar la melodía y no tengo mucho ritmo así que me siento cohibido y escucho. Mis niños sienten el ritmo y se mueven con él. Cantan las palabras. Si no las saben, inventan las propias.
Cuando siento el viento sobre mi cara, me tenso contra él. Siento que me despeina y me hace retroceder cuando camino. Mis niños cierran los ojos, abren sus brazos y vuelan con él, hasta que caen en tierra riéndose.
Cuando rezo, yo digo a Ti y Tú y otórgame esto, dame eso. Mis niños dicen, "Hola, Dios! Gracias por mis juguetes y mis amigos. Por favor aléjeme de los malos sueños esta noche. Discúlpeme pero no quiero ir al Cielo todavía. Extrañaría a mi Mami y Papi."
Cuando veo un charco de fango, me paro a un lado de él. Veo zapatos enlodados y alfombras sucias. Mis niños se sientan en él. Ellos ven represas para construir, ríos para cruzar y gusanos con los cuales jugar.
¿Me pregunto si se nos dan niños para que les enseñemos o para que aprendamos de ellos?
¡¡No sorprende que Dios ame a los niñitos!! Disfrute las pequeñas cosas de la vida, porque un día Ud. puede mirar hacia atrás y darse cuenta que eran ellas las cosas grandes.
Le deseo
GRANDES CHARCOS FANGOSOS y SOLEADOS DIENTES DE LEÓN.
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¿Dónde
Están las Manos de Dios?
Autor Desconocido
Cuando
observo el campo sin arar, cuando los aperos de labranza están olvidados,
cuando la tierra está quebrada,
me pregunto: ¿Dónde
estarán las manos de Dios?
Cuando
observo la injusticia, la corrupción, el que explota al débil; cuando veo al
prepotente pedante enriquecerse del ignorante y del pobre, del obrero y del
campesino carente de recursos para defender sus derechos,
me pregunto: ¿Dónde
estarán las manos de Dios?
Cuando
contemplo a esta anciana olvidada,
cuando su mirada es nostalgia y balbucea todavía algunas palabras de amor por el
hijo que la abandonó, me
pregunto: ¿Dónde estarán las
manos de Dios?
Cuando
veo al moribundo en su agonía llena de dolor,
cuando observo a su pareja y a sus hijos deseando no verle sufrir; cuando el
sufrimiento es intolerable y su lecho se convierte en un grito de súplica de
paz, me pregunto: ¿Dónde
estarán las manos de Dios?
Cuando
miro a ese joven antes fuerte y decidido, ahora embrutecido por la droga y el
alcohol, cuando veo titubeante lo que antes era una inteligencia brillante y
ahora harapos sin rumbo ni destino,
me pregunto: ¿Dónde
estarán las manos de Dios?
Cuando
a esa chiquilla, que
debería soñar en fantasías, la veo arrastrar su existencia y en su rostro se
refleja ya el hastío de vivir, y buscando sobrevivir se pinta la boca y se ciñe
el vestido y sale a vender su cuerpo, me pregunto: ¿Dónde
estarán las manos de Dios?
Cuando
aquel pequeño a las tres de la madrugada me ofrece su periódico, su miserable
cajita de dulces sin vender, cuando lo veo dormir en la puerta de un zaguán
titiritando de frío, con unos cuantos periódicos que cubren su frágil
cuerpecito, cuando su mirada me reclama una caricia, cuando lo veo sin
esperanzas vagar con la única compañía de un perro callejero, me pregunto: ¿Dónde
estarán las manos de Dios?
""""""""""""""""""""""""""""""""""""""
Y me enfrento a
Él y le pregunto:
— ¿Dónde están tus manos, Señor?, para luchar por la justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados.
Después de un largo silencio escuche su voz que me reclamó:
—No te das cuenta que tú eres mis manos, atrévete a usarlas para lo que fueron hechas, para dar amor y alcanzar estrellas.
Y comprendí que las manos de Dios somos "TÚ y YO", los que tenemos voluntad, el conocimiento y el coraje para luchar por un mundo más humano y justo, aquellos cuyos ideales sean tan altos que no puedan dejar de acudir a la llamada del destino, aquellos que, desafiando el dolor, la crítica y la blasfemia se reten a sí mismos para ser las manos de Dios.
—Señor, ahora me doy cuenta que mis manos están sin llenar, que no han dado lo que deberían dar, te pido perdón por el amor que me distes y que no he sabido compartir, las debo de usar para amar y conquistar la grandeza de la Creación.
El mundo necesita esas manos, llenas de ideales y estrellas, cuya obra magna sea contribuir día a día, a forjar una nueva civilización, que busquen valores superiores, que compartan generosamente lo que Dios nos ha dado y puedan al final llegar vacías porque entregaron todo el amor para lo que fueron creadas y Dios seguramente dirá:
—¡ESAS SON
MIS MANOS!
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Dormitando
Mientras se Lee el Corán
Contado por Paulo de Coelho
Saadi de Shiraz contaba la siguiente historia:
“Cuando era niño yo solía rezar con mi padre, mis tíos y primos. Todas las noches nos juntábamos para escuchar un trozo del Corán.
"Una
de esas noches, cuando mi tío leía, me di cuenta que la mayoría de los presentes
estaba dormitando. Entonces le comenté a mi padre:
—Ninguno
de estos dormilones es capaz de permanecer atento a las palabras del profeta.
¡Jamás llegarán a Dios!
"Y
mi padre respondió:
—Hijo
querido, busca tu camino con fe y deja que cada uno se preocupe de sí. Tal vez
en sus sueños ellos están conversando con Dios. Para mí sería mil veces
preferible que hubieras estado durmiendo con ellos a tener que escuchar este
duro juicio y esta condena”.
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Contado por Paulo de Coelho

El rabino Elimelekh había hecho una hermosa prédica y ahora volvía a tierra natal. Para homenajearlo y mostrar gratitud, los fieles decidieron seguir el carruaje de Elimelekh hasta que saliera de la ciudad.
En determinado momento el rabino paró el carruaje, le pidió al cochero que siguiera adelante sin él y pasó a acompañar al pueblo.
—Bello ejemplo de humildad, dijo uno de los hombres a su lado.
—No existe ninguna
humildad en mi gesto, sino solamente un poco de inteligencia. Ustedes aquí
afuera están haciendo ejercicio, cantando, bebiendo vino, confraternizando,
conociendo nuevos amigos, y todo por causa de un viejo rabino que vino a hablar
sobre el arte de la vida. Entonces dejemos que mis teorías sigan en ese
carruaje, porque yo quiero participar de la acción, respondió Elimelekh.
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Historia Budista contada por Paulo de Coelho
Un labrador que tenía a su esposa enferma le encomendó una serie de oraciones a un sacerdote budista. El sacerdote empezó a rezar, pidiéndole a Dios que curara a todos los enfermos.
—Un
momento
—interrumpió el labrador—.
Yo le pedí que rezara por mi esposa y usted está pidiendo por todos los
enfermos.
—Estoy rezando por
ella.
—Pero pide por todos.
Puede terminar beneficiando a mi vecino, que también está enfermo, y yo no lo
estimo.
—Usted no entiende
nada de curaciones —dijo el monje, apartándose—. Al pedir por todos los
enfermos, estoy uniendo mis oraciones a las de millones de personas que se
encuentran ahora rezando por sus enfermos. Sumadas, estas voces llegan hasta
Dios y benefician a todos. Divididas, ellas pierden su fuerza, y no llegan a
ninguna parte.
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Autor Desconocido
Cuentan que un Buscador de la Verdad salió en cierta ocasión a los caminos del mundo. Y allí, en el gran cruce del mundo, interrogó a sus hermanos:
—Decidme, ¿cuál es la verdad?
—Busca la
filosofía —respondieron los filósofos.
—No —argumentaron los políticos—.
La verdad está en el servicio.
—Entra a las catedrales —le aseguraron los clérigos.
—Sin duda, la verdad es la sabiduría —declararon los sabios.
—-Renuncia a todo —esgrimieron los ascetas.
—Contempla y ensalza las maravillas del Señor —le anunciaron los místicos.
—Acata y cumple las leyes —señalaron los gobernantes.
—Conócete a ti mismo —cantaron los guardianes del esoterismo.
—La verdad está en los números sagrados —dedujeron los cabalistas.
—Vive los placeres —aconsejaron los epicúreos.
—Únete a nosotros —le gritaron los revolucionarios.
—La verdad es un mito —respondieron los escépticos.
—Vive y deja vivir —clamaron los existencialistas.
—El pasado es la única verdad —lamentaron los nostálgicos.
Confundido aquel humano se dejó caer sobre el polvo del camino, mientras aquella multitud se alejaba cantando y reivindicando "su" verdad.
En
eso acertó a pasar junto al hombre un venerable anciano que portaba un
refulgente diamante.
— ¿Quién eres?, preguntó el derrotado
Buscador
de la Verdad.
Y el anciano, mostrándole el diamante, contestó:
—SOY EL GUARDIÁN DE LA VERDAD.
— ¿La Verdad? ¿Es que existe?
El anciano sonrió y aproximando la gema al rostro del humano, replicó:
—La VERDAD,
como este tesoro,
tiene mil caras. A cada uno corresponde averiguar cuál le toca.
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¿QUIEN PUEDE HACER QUE
AMANEZCA?, Anthony de Mello, S.J.
— ¿Cómo
podemos distinguir entre el verdadero y el falso místico?, preguntaron unos
discípulos desmedidamente interesados por lo misterioso y lo oculto.
— ¿Cómo podéis distinguir entre el que duerme de verdad y el que finge dormir?,
replicó el Maestro.
— No hay manera de distinguirlos. Sólo el durmiente sabe cuándo está fingiendo,
dijeron los discípulos.
El Maestro sonrió.
Más tarde
dijo:
— El que finge dormir puede engañar a otros, pero no a sí mismo.
Desgraciadamente, el falso místico puede engañar tanto a los demás como a sí
mismo.
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La
Historia de "La Última Cena" de Leonardo Da Vinci
Autor Desconocido
Existe una anécdota del gran pintor, escultor e inventor, Leonardo Da Vinci, acerca de su pintura "La Última Cena", una de sus obras más copiadas y vendidas en la actualidad.
Tardó 20 años en hacerla debido a que era muy exigente al buscar a las personas que
servirían de modelos. Tuvo problemas en iniciar la pintura porque no encontraba
al modelo para representar a Jesús, quien debía reflejar en su rostro pureza,
nobleza y los más bellos sentimientos. Así mismo debía poseer una
extraordinaria belleza varonil. Por fin, encontró a un joven con esas
características, fue el primero que pintó. Después fue localizando a los 11
apóstoles, a quienes pintó juntos, dejando pendiente a Judas Iscariote, pues no
daba con el modelo adecuado. Éste debía ser una persona de edad madura y
mostrar en el rostro las huellas de la traición y la avaricia. Por lo que el
cuadro quedó inconcluso por largo tiempo, hasta que le hablaron de un terrible
criminal que habían apresado. Fue a verlo, y era exactamente el Judas que él
quería para terminar su obra, por lo que solicitó al alcalde le permitiera al
reo que posara para él. El alcalde, conociendo la fama del maestro Da Vinci,
aceptó gustoso y llevaron al reo custodiado por 2 guardias y encadenado, al
estudio del pintor.
Durante todo el tiempo que posó el reo no dio muestra de emoción alguna por haber sido elegido como modelo, mostrándose demasiado callado y distante. Al final, Da Vinci, satisfecho del resultado, llamó al reo y le mostró la obra; cuando el reo la vio, sumamente impresionado, cayó de rodillas, llorando.
Da Vinci, extrañado, le pregunto el
por qué
de su actitud, a lo que el preso respondió:
—Maestro Da Vinci, ¿es que acaso no me recuerda?
Da Vinci observándolo fijamente le contesta:
—No, nunca antes lo había visto.
Llorando y pidiendo perdón a Dios, el reo le dijo:
—Maestro, yo soy aquel joven que hace 19 años usted escogió para representar a
Jesús en este mismo cuadro.
La moraleja de esta historia es que
por más belleza física que se posea, es la belleza interna la que finalmente
sale a relucir a través del tiempo en nosotros quedando inevitablemente marcada
en nuestro rostro.
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Autor Desconocido
Un hombre había pintado un lindo cuadro. El día de la presentación al público asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas, y mucha gente, pues se trataba de un famoso pintor, reconocido artista. Llegado el momento se tiró el paño que velaba el cuadro. Hubo un caluroso aplauso.
Era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa. Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta, parecía querer oír si adentro de la casa alguien le respondía.
Todos admiraban aquella preciosa obra de arte. Un observador muy curioso encontró una falla en el cuadro. La puerta no tenía cerradura. Y fue a preguntar al artista:
—¡Su puerta no tiene cerradura! ¿Cómo se hace para abrirla?
El pintor tomo su Biblia, buscó un versículo y le pidió al observador que lo leyera:
Apocalipsis 3, 20: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”
—Así es —respondió el pintor—. Ésta es la puerta del corazón del hombre. Sólo se abre por dentro.
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De:
"Historias
para Reflexionar II". Se
desconoce el autor.
Pulse aquí para escuchar la música de La Hiedra
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Un hombre edificó su casa. Y la embelleció con un jardín interno. En el centro plantó un roble. Y el roble creció lentamente. Día a día echaba raíces y fortalecía su tallo, para convertirlo en tronco, capaz de resistir los vientos y las tormentas.
Junto a la pared de su
casa plantó una hiedra y la hiedra comenzó a levantarse velozmente. Todos los
días extendía sus tentáculos llenos de ventosas, y se iba alzando adherida a la
pared.
Al cabo de un tiempo la hiedra caminaba sobre los tejados. El roble crecía silenciosa y lentamente.
— ¿Cómo
estás, amigo roble?, preguntó una mañana la hiedra.
—Bien, mi amiga, contestó el roble.
—Eso dices porque nunca llegaste hasta esta altura —agregó la hiedra con mucha
ironía—.
Desde
aquí se ve todo tan distinto. A veces me da pena verte siempre allá en el fondo
del patio.
—No te burles,
amiga —respondió muy humilde el roble—. Recuerda que lo importante no es crecer
deprisa, sino con firmeza.
Entonces la hiedra lanzó una carcajada burlona.
Y el tiempo siguió su marcha. El roble creció con su ritmo firme y lento. Las paredes de la casa envejecieron.
Una fuerte tormenta sacudió con un ciclón la casa y su jardín. Fue una noche terrible. El roble se aferró con sus raíces para mantenerse erguido. La hiedra se aferró con sus ventosas al viejo muro para no ser derribada. La lucha fue dura y prolongada.
Al amanecer, el dueño de la casa recorrió su jardín, y vio que la hiedra había sido desprendida de la pared, y estaba enredada sobre sí misma, en el suelo, al pie del roble. Y el hombre arrancó la hiedra, y la quemó.
Mientras tanto el roble reflexionaba:
—Es mejor
crecer sobre raíces propias y crear un tronco fuerte, que ganar altura con
rapidez, colgados de la seguridad de otros.
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El
Maestro Vive en Tu Interior
Autor Desconocido
Érase
una vez un maestro que hablaba a un grupo de gente y su mensaje resultaba tan
maravilloso que todas las personas que estaban allí reunidas se sintieron
conmovidas por sus palabras de amor. En medio de esa multitud se encontraba un
hombre que había escuchado todas las palabras que el maestro había pronunciado.
Era un hombre muy humilde y de gran corazón, que se sintió tan conmovido por las
palabras del maestro que sintió la necesidad de invitarlo a su hogar.
Así pues
cuando el maestro acabó de hablar, el hombre se abrió paso entre la multitud, se
acarreó a él y, mirándole a los ojos, le dijo:
—Sé que está muy ocupado y que todos requieren su atención. También sé que casi
no dispone de tiempo ni para escuchar mis palabras, pero mi corazón se siente
tan libre y es tanto el amor que siento por usted que me mueve la necesidad de
invitarle a mi hogar. Quiero prepararle la mejor de las comidas. No espero que
acepte, pero quería que lo supiera.
El maestro le miró a los ojos, y con la más bella de las sonrisas, le contestó:
—Prepáralo todo. Iré.
Entonces el maestro se alejó.
Al oír estas palabras el corazón del hombre se sintió lleno de júbilo. A duras penas podía esperar a que llegase el momento de servir al maestro y expresarle el amor que sentía por él. Sería el día más importante de su vida: el maestro estaría con él. Compró la mejor comida y el mejor vino y buscó las ropas más preciosas para ofrecérselas como regalo. Después corrió hacia su casa a fin de llevar a cabo todos los preparativos para recibir al maestro. Lo limpió todo, preparó una comida deliciosa y decoró bellamente la mesa. Su corazón estaba rebosante de alegría porque el maestro pronto estaría allí.
El hombre
esperaba ansioso cuando alguien llamó a la puerta. La abrió con afán pero, en
lugar del maestro, se encontró con una anciana. Ésta le miró a los ojos y le
dijo:
—Estoy hambrienta. ¿Podrás darme un trozo de pan?
Él se sintió un poco
decepcionado al ver que no se trataba del maestro. Miró a la mujer y le dijo:
—Por favor entre a mi casa.
La sentó en el lugar que había preparado para el maestro y le ofreció la comida que había preparado para él. Pero estaba ansioso y esperaba que la mujer se diese prisa en acabar de comer. La anciana se sintió conmovida por la generosidad de este hombre. Le dio las gracias y se marchó.
Apenas
hubo acabado de preparar de nuevo la mesa para el maestro cuando alguien volvió
a llamar a su puerta. Esta vez se trataba de un desconocido que había viajado a
través del desierto. El forastero le miró y le dijo:
—Estoy sediento. ¿Podrías darme algo de beber?
De nuevo se sintió un poco decepcionado porque no se trataba del maestro, pero aún así, invitó al desconocido a entrar a su casa, hizo que se sentase en el lugar que había preparado para el maestro y le sirvió el vino que quería ofrecerle a él. Cuando se marchó volvió a preparar de nuevo todas las cosas.
Por
tercera vez, alguien llamó a la puerta y cuando la abrió, se encontró con un
niño. Éste elevó su mirada hacia él y le dijo:
—Estoy congelado. ¿Podría darme una manta para cubrir mi cuerpo?
Estaba un poco decepcionado porque no se trataba del maestro, pero miró al niño a los ojos y sintió amor en su corazón. Rápidamente cogió las ropas que había comprado para el maestro y le cubrió con ellas. El niño le dio las gracias y se marchó.
Volvió a prepararlo todo de nuevo para el maestro y después se dispuso a esperarle hasta que se hizo muy tarde. Cuando comprendió que no acudiría se sintió decepcionado, pero lo perdonó de inmediato. Se dijo a sí mismo: “Sabía que no podía esperar que el maestro viniese a esta humilde casa. Me dijo que lo haría, pero algún asunto de mayor importancia lo habrá llevado a cualquier otra parte. No ha venido, pero al menos aceptó la invitación y eso es suficiente para que mi corazón se sienta feliz.”
Entonces guardó la comida y el vino y se acostó. Aquella noche soñó que el maestro le hacía una visita. Al verlo se sintió feliz sin saber que se trataba de un sueño. “¡Ha venido maestro! Ha mantenido su palabra.”
El maestro
le contestó:
—Sí, estoy aquí, pero estuve aquí antes. Estaba hambriento y me diste de comer.
Estaba sediento y me ofreciste vino. Tenía frío y me cubriste con ropas. Todo
lo que haces por los demás,
lo haces por mí.
El hombre
se despertó con el corazón rebosante de dicha porque había comprendido la
enseñanza del maestro. Lo amaba tanto que había enviado a tres personas para
que le transmitiesen la lección más grande: que él vive en el interior de todas
las personas. Cuando das de comer al hambriento, de beber al sediento y cubres
al que tiene frío, ofreces tu amor al MAESTRO.
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De: "Historias para Reflexionar II". Se desconoce el autor.
Un
rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó al maestro de
cetrería para que los entrenara. Pasado unos meses, el maestro le informó al
rey que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que al otro, no sabía
que le sucedía pues no se había movido de la rama donde lo dejó, desde el día
que llegó.
Alcancemos
alturas antes de que alguien nos corte nuestra rama.
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Autor Desconocido
Un alma recién llegada al
cielo se encontró con San Pedro. El santo llevó al alma a un recorrido por el
cielo.
Ambos caminaron paso a paso por unos
grandes talleres llenos con ángeles. San Pedro se detuvo frente a la primera
sección y dijo:
—Ésta
es la sección de recibo. Aquí todas las peticiones hechas a Dios mediante la
oración son recibidas.
El alma miró a la sección y estaba terriblemente ocupada con muchos ángeles
clasificando peticiones escritas en voluminosas hojas de papel de personas de
todo el mundo.
Ellos siguieron caminando hasta que
llegaron a la siguiente sección y San Pedro le dijo:
—Esta es la sección de empaque y entrega. Aquí las gracias y bendiciones que la
gente pide son empacadas y enviadas a las personas que las solicitaron.
El alma vio cuán
ocupada estaba. Había tantos ángeles trabajando en ella como tantas bendiciones
estaban siendo empacadas y enviadas a la tierra.
Finalmente, en la esquina más lejana
del cuarto, el alma se detuvo en la última sección. Para su sorpresa, sólo un
ángel permanecía en ella ocioso haciendo muy poca cosa.
—Ésta
es la sección del agradecimiento —dijo San Pedro al alma.
— ¿Cómo es que hay tan poco trabajo aquí? —preguntó el alma.
—Esto es lo peor —contestó San Pedro—.
Después que las personas
reciben las bendiciones que pidieron, muy pocas envían su agradecimiento.
— ¿Cómo uno agradece a las bendiciones de Dios?
—Simple —contestó San Pedro—. Sólo tienes que decir: Gracias, Señor.
Siempre
agradezcamos las bendiciones materiales o espirituales que recibamos y
colaboremos con donaciones por el favor recibido en la medida de nuestros medios
porque es en dando que recibimos.
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Autor Desconocido
Una tarde,
un pequeño se acerco a su madre, que preparaba el almuerzo, y le entrego una
hoja de papel en la que había algo escrito..... Después de secarse las manos en
el delantal, ella leyó lo que decía...
Por cortar el
césped: $ 0.50
Por limpiar mi cuarto esta semana: $ 1.00
Por ir a la bodega en tu lugar: $ 0.50
Por cuidar a mi hermano mientras ibas de
compras al mercado: $ 0.25
Por sacar la basura: $ 1.00
Por tener una libreta con buenas notas: $
5,00
Por limpiar y barrer el patio: $ 2.00
Total
de Adeudos: $ 14.75
La madre miro al niño con fijeza; él aguardaba, lleno de expectativa. Entonces ella tomo lápiz, y en el dorso de la misma hoja escribió:
Por cargarte
9 meses en mi barriga: NADA
Por tantas noches de desvelo, curarte y
rezar por ti: NADA
Por los problemas y el llanto que me has
causado: NADA
Por el miedo y las preocupaciones que me
esperan: NADA
Por las comidas, ropas y juguetes: NADA
Por limpiarte la nariz: NADA
COSTO
TOTAL DE MI AMOR: NADA
Cuando el
hijo terminó de leer lo que había escrito su madre, tenia los ojos llenos de
lagrimas. La miro a los ojos y le dijo:
—TE
QUIERO MUCHO, MAMÁ... —luego
tomó el lápiz y escribió:
—TOTALMENTE
PAGADO
Es tan
grande la figura de una MADRE, que hasta Dios quiso tener una.....
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Jorge Bucay
Para Ioshúa [Jesús] que se animó a correr el riesgo y voló...
Y
cuando se hizo grande, su padre le dijo:
—Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes
obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo
las alas que el buen Dios te ha dado.
—Pero yo no sé volar —contestó el hijo.
—Ven —dijo el padre.
Lo tomó de
la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
—Ves, hijo, éste es el vacío.
Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y
saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás...
El hijo dudó:
— ¿Y si me caigo?
—Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que te harán más fuerte
para el siguiente intento —contestó el padre.
El hijo
volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había
caminado toda su vida. Los más pequeños de mente le dijeron:
— ¿Estás loco?
— ¿Para qué?
—Tu padre está delirando...
— ¿Qué vas a buscar volando?
— ¿Por qué no te dejas de pavadas?
—Y además, ¿quién necesita volar?
Los más
lúcidos también sentían miedo:
— ¿Será cierto?
— ¿No será peligroso?
— ¿Por qué no empiezas despacio?
—En todo caso, prueba tirarte desde una escalera.
—...O desde la copa de un
árbol, pero... ¿desde la cima?
El joven
escuchó el consejo de quienes lo querían. Subió a la copa de un árbol y
con coraje saltó... Desplegó las alas. Las agitó en el aire con
todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra... Con un gran
chichón en la frente se cruzó con su padre:
— ¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, ¡y mira el golpe que me di!
No soy como tú. Mis alas sólo son de adorno... —lloriqueó.
—Hijo mío —dijo el padre— para
volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se
desplieguen. Es como para tirarse en un paracaídas... necesitas cierta
altura antes de saltar. Para aprender a volar siempre hay que empezar
corriendo un riesgo.
Si uno no
quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando para
siempre...
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Autor Desconocido
Un
banquero de inversión americano estaba en el muelle de un pueblito costero
mexicano cuando llegó un botecito con un solo pescador. Dentro del bote había
varios atunes amarillos de buen tamaño.
El americano elogió al mexicano por la
calidad del pescado y le pregunto:
— ¿Cuánto tiempo le tomó pescarlos?
—Sólo un poco tiempo
—respondió
el mexicano.
— ¿Porqué no permaneces más tiempo y sacas más pescado?, el americano luego le
preguntó.
El mexicano dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades
inmediatas de su familia.
—Pero... ¿qué haces con el resto de tu tiempo?, el americano luego preguntó.
—Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, me hecho una siesta con
mi señora, María, voy todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco guitarra
con mis amigos. Como ves,
tengo una vida divertida y ocupada, dijo
el pescador mexicano.
El americano replicó:
—Soy un MBA de Harvard y podría ayudarte. Deberías gastar más tiempo en la
pesca, con los ingresos comprar un bote más grande, con los ingresos del bote
más grande podrías comprar varios botes, eventualmente tendrías una flota de
botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías
hacer directamente a un procesador, eventualmente abrir tu propia procesadora.
Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías
salir de este "pinche" pueblo e irte a Ciudad de México, luego a Los Ángeles y
eventualmente a Nueva York, donde manejarías tu empresa en expansión.
El pescador mexicano preguntó:
—Pero, ¿cuánto
tiempo tarda todo eso?
A lo cual respondió el americano:
—Entre 15 y 20 años.
— ¿Y luego qué?
El americano se rió y dijo que ésa
era la mejor parte:
—Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones) y
vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás
millones.
—Millones... ¿y luego qué?
Dijo el americano:
—Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblito en la costa donde puedes
dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, echar una siesta con tu
mujer, ir todas las noches al pueblo a tomar vino y tocar la guitarra con tus
amigos.
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Autor Desconocido
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Un científico vivía preocupado con los problemas del mundo y estaba resuelto a encontrar medios para disminuirlos. Pasaba días encerrado en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas. Cierto día, su hijo, de siete años, invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, intentó hacer que el hijo fuera a jugar a otro sitio. Viendo que sería imposible sacarlo de allí el padre procuró algo para darle al hijo con el objetivo de distraer su atención...
De repente tomó un planisferio de una revista, y, con una tijera, recortó el mapa en varios pedazos. Junto con un rollo de cinta adhesiva lo entregó al hijo diciendo:
— ¿A ti te gustan los rompecabezas? Entonces voy a darte el mundo para arreglarlo. Aquí está el mundo todo roto. ¡Mira si puedes arreglarlo bien! Hazlo todo solo.
Calculó que al niño le llevaría días
para recomponer el mapa. Algunas horas después, oyó la voz del hijo que le
llamaba calmamente:
—Padre, padre,
ya he hecho todo. ¡Conseguí terminar todo!
Al principio el padre no dio crédito
a las palabras del hijo: "¿Sería
imposible a su edad haber conseguido recomponer un mapa que jamás había
visto?" Entonces el científico levantó los ojos de
sus anotaciones seguro que vería un trabajo digno de un niño. Para su sorpresa
el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido
colocados en sus sitios. ¿Cómo sería posible? ¿Cómo el
niño había sido capaz?
—Tú no sabías
cómo era el mundo, hijo mío. ¿Cómo lo conseguiste?
—...Padre, yo no sabía cómo era
el mundo, pero cuando tú quitaste el papel de la revista para recortar, yo vi
que del otro lado había la figura de un hombre... Cuando
tú me diste el mundo para arreglarlo, yo lo intenté pero no lo conseguí. Fue
entonces que me acordé del hombre, di vuelta a los
recortes y empecé a arreglar el hombre, que yo sabía cómo era.
Cuando conseguí arreglar el hombre, di vuelta a la hoja y encontré que había
arreglado al mundo...
La
clave: ¡Cambiar yo
para que cambie el mundo!
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¿QUIEN PUEDE HACER QUE
AMANEZCA?, Anthony de Mello, S.J.
Las
enseñanzas del Maestro no le habían gustado nada al
gobierno, el cual le había desterrado del país.
Cuando los discípulos le preguntaron si nunca sentía nostalgia, el Maestro les
dijo:
—No.
—¡Pero
es inhumano no echar en falta la propia patria!—,
protestaron ellos.
A lo cual respondió el Maestro:
—Cuando
descubres que la creación es tu patria, dejas de ser un exiliado.
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Imita
Acciones, No Apariencias
Autor Desconocido
En la literatura Zen se cuenta la siguiente historia acerca de Huai-jang cuando éste iniciaba al que sería su sucesor, Ma-tsu, que entonces estaba practicando la meditación en posición de sentado:
—Su Reverencia —preguntó Huai-jang: ¿Qué objeto tiene meditar sentado?
—Convertirse en un Buda —contestó Ma-tsu.
Entonces Huai-jang tomó una baldosa y comenzó a pulirla sobre una roca.
—¿Qué hace usted, maestro? —preguntó Ma-tsu.
—La estoy puliendo para hacer un espejo —dijo Huai-jang.
—¿Y cómo va a hacer que una baldosa pulida se convierta en un espejo?
—¿Y
cómo va a hacer que meditando sentado se convierta en Buda?
Imitar
acciones, no apariencias.
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Autor Desconocido

Una vez un limosnero que estaba tendido a un lado de la calle, vio venir, a lo lejos, a la Reina del lugar. Y éste pensó: "Le voy a pedir, ella es buena y seguro me dará algo". Y cuando la Reina se acercó, le dijo:
—Majestad
podría, por favor, regalarme una moneda? —¡y
en su interior pensaba que ella le daría mucho! La Reina
lo miró y le respondió:
—¿Por
qué no me das algo tú? Acaso, ¿no soy tu Reina?
El mendigo no sabía que responder y sólo atinó a balbucear:
—Pero, Majestad... Yo no
tengo nada! La
Reina le contestó:
—Algo debes tener...
¡busca!...
Entre asombro y enojo, el mendigo buscó entre sus cosas y vio que tenía una
naranja, un pan y unos granos de arroz. Pensó que la naranja y el pan eran mucho
para darlos, así que, en
su molestia, tomó cinco granos de arroz y se los dio a la
Reina. Complacida ella le dijo:
—¡Ves, como
sí tenías!... Y le acercó cinco
monedas de oro: Una por cada
grano de arroz. El hombre dijo entonces:
—Majestad... creo que acá
tengo otras cosas. La Reina
lo miró fijamente a los ojos y con dulzura le comentó:
—Solamente
de lo que has dado de corazón te puedo retribuir.
Reflexión: Es fácil reconocer
en esta historia el acto de dar y recibir. ¿Cuántas veces, en nuestras acciones,
que decimos son de servicio,
entran en juego el egoísmo y nuestros propios intereses? ¿Cuántas veces
realizamos una misión sólo pensando en la ganancia personal que nos reportará?
Procuremos dar de
corazón, sin sacar cuentas, sin pensar en lo que recibiremos a cambio... Y la
mayor ganancia será la felicidad que sentimos al dar.
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Pasé
Como Forastero y Ustedes Me Recibieron
Anónimo. De Mateo 25:35
Roy Popkin cuenta la historia real de un anciano que perdió el conocimiento en una calle de Brooklyn y lo llevaron de emergencia a un hospital. Después de hacer algunas indagaciones, una enfermera del lugar pareció localizar al hijo del anciano, un marino que trabajaba en otra ciudad.
Cuando el marino llegó al hospital,
la enfermera le dijo al anciano:
—Su hijo está aquí.
El pobre anciano, sedado por tanta medicina, levantó su brazo tembloroso. El
marino tomó su mano y la tuvo entre las suyas por varias horas. De vez en cuando
la enfermera le sugería al marino que se tomara un descanso, pero él rehusaba.
Cerca de la madrugada, el anciano falleció. Luego que
murió, el marino le preguntó a la enfermera:
—¿Quién era ese hombre?
La enfermera le
dijo,
—¿No
era ese su padre?
—No
—dijo el marino—
pero vi que se estaba muriendo y en ese momento él
necesitaba a un hijo desesperadamente y por eso me quedé.
¿Cuándo fue la última vez que hice
algo extraordinario para acompañar a alguien, simplemente porque esa persona me
necesitaba?
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Una Historia
Zen, Anónimo.
(Texto original en Inglés, traducción.)
Un
granjero se puso tan viejo que no podía trabajar ya más en los campos. Así
que se pasaba el día sólo sentado en el porche. Su hijo, aún trabajando en
la granja, miraba arriba de vez en cuando y veía a su padre sentado allá.
"No es de ningún uso ya más", el hijo pensaba para sí, "¡no hace nada!"
Un día el hijo se puso tan frustrado por esto, que construyó un ataúd de madera, lo arrastró hasta el porche, y le dijo a su padre que se metiera adentro. Sin decir nada, el padre se encaramó y entró. Después de cerrar la tapa, el hijo arrastró al ataúd hasta el borde de la granja en donde había un alto risco. Cuando se acercaba a la caída, escuchó un ligero golpeteo en la tapa desde adentro del ataúd. Lo abrió. Aún yaciendo allí pacíficamente, el padre miró a su hijo. "Sé que me vas a lanzar al peñasco, pero antes de que lo hagas, puedo sugerirte algo?" "¿Qué es?", replicó el hijo. "Lánzame sobre el peñasco, si lo quieres," dijo el padre, "pero salva este ataúd de buena madera. Tus hijos podrían necesitar usarlo."
Aquí vemos una sutil sugerencia de la Ley del Karma: Si lanzas al peñasco a tu padre en un ataúd, pueda ser que en ese mismo ataúd tus hijos te lancen a ti también.
Un comentario
de un lector de esta historia: "Esta historia me recuerda
cuando mi padre estaba en una depresión. Pero nosotros no lo lanzamos
sobre un risco. La familia se unía y lo ayudaba a recuperarse."
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Autor Desconocido
El maestro
caminaba con sus discípulos. Enseñaba valiéndose de preguntas llenas de
contenido, acertijos que guardaban en sí toda la sabiduría de la vida. Y siempre
sorprendía a sus discípulos con sus sabias enseñanzas.
En cierta ocasión, mientras anochecía, preguntó a sus discípulos si sabían decir cuando acababa la noche y comenzaba el día.
El primero
de ellos dijo:
—Cuando ves a un animal a distancia y puedes distinguir si es una vaca o un
caballo.
—No —dijo el maestro.
—Cuando miras un árbol a distancia y puedes distinguir si es pino o eucalipto.
—Tampoco —dijo el maestro.
—Está bien —dijeron los discípulos—, decidnos, ¿cuándo es?
—Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano; cuando miras
a la cara a una mujer y reconoces en ella a tu hermana. Si no eres capaz de
esto, entonces, sea la hora que sea, aún es de noche para ti.
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Autor Desconocido
(Texto original en Inglés, traducción.)
El hombre susurró, "Dios, háblame" y una alondra de las praderas cantó. Pero el hombre no oyó.
Así que el hombre gritó, "Dios, háblame" y el trueno retumbó en el cielo. Pero el hombre no escuchó.
El hombre miró a su alrededor y dijo, "Dios, permíteme verte." Y una estrella resplandeció brillantemente. Pero el hombre no vio.
Y el hombre vociferó, "Dios, muéstrame un milagro." Y una vida nació. Pero el hombre no notó.
Así pues el hombre gritó en desesperación, "Tócame, Dios, y permíteme saber que estás aquí." Después de lo cual Dios bajó y tocó al hombre. Pero el hombre quitó a la mariposa... y caminó.
He encontrado esto ser un gran recordatorio de que Dios está siempre alrededor nuestro en las pequeñas y simples cosas que tomamos por hecho ... aún en nuestra era electrónica ... así que me gustaría adicionar una más:
El hombre lloró, "Dios, ¡necesito tu ayuda!" Y un correo electrónico llegó con buenas noticias y ánimo. Pero el hombre lo suprimió y continuó llorando…
No pierda una bendición porque no está empacada de la manera que
espera.
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Autor Desconocido
Un anciano muy pobre se dedicaba a sembrar árboles de mango. Alguien le dijo:
— ¿Cómo es que a su edad se dedica a plantar mangos? ¡Tenga por seguro que no vivirá lo suficiente para consumir sus frutos!
El anciano
respondió apaciblemente:
—Toda mi vida he comido mangos de árboles sembrados por otros. ¡Que los míos
rindan frutos para quienes me sobrevivan!
Habitamos un universo espléndido en el que todo y todos tienen algo que ofrecer. Los árboles dan, los ríos dan, la tierra da, el sol y la luna y las estrellas dan. ¿De dónde, pues, esa ansiedad por tomar, recibir, amasar, juntar, acumular, sin dar nada a cambio? Todos podemos dar algo, por pobres que seamos. Podemos ofrecer pensamientos agradables, dulces palabras, sonrisas radiantes, conmovedoras canciones, una mano firme y tantas otras cosas que alivian a un corazón herido.
Más que
dinero, lo que el mundo necesita es amor... y simpatía.
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¿QUIEN PUEDE HACER QUE
AMANEZCA?, Anthony de Mello, S.J.
—Toda palabra
y toda imagen que se emplee para referirse a Dios tienen más de falseamiento que
de descripción.
—Entonces, ¿cómo puede hablarse de Dios?
—Por medio del silencio.
—Y si es así, ¿por qué hablas tú con palabras?
El Maestro no
pudo evitar reírse con todas sus ganas, y dijo:
—Cuando yo hablo, no debes escuchar las palabras. Escucha
el
silencio.
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Autor Desconocido

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Autor Desconocido
Cuatro devotos se reunieron para peregrinar juntos a la India: un persa, un turco, griego y un árabe. Estaban descansando los cuatro peregrinos a orillas de un río cuando pasó por allí un hombre religioso que, viendo que se trataba de peregrinos, les obsequió con unas rupias para que pudieran desayunar.
Cuando el hombre hubo partido el persa dijo: "Con este dinero voy a comprar angur para que todos lo comamos". El turco protestó: "Ni hablar, compraremos unzum", pero el griego replicó contundentemente: "De eso nada; compraremos stafyllia", en tanto que intervino el árabe para afirmar: "Vamos a comprar inab".
En esos
momentos todos comenzaron a regañar e incluso llegaron a darse encolerizados
golpes. Pero otro apacible peregrino pasó por allí y trato de apaciguarlos y
reconciliarlos.
"Qué
os ocurre, buenos amigos?"
Cuando le explicaron lo que sucedía,
el
hombre dijo:
"Dadme
el dinero. Iré al mercado y os complaceré a todos."
Partió
y, al poco tiempo, volvió trayendo un paquete con gran cantidad de uvas. Al
verlas, el persa exclamó: "Mi angur!", y el turco: "Mi unzum!", y el griego: "Mi
stafyllia!", y el árabe: "Mi inab!"
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Autor Desconocido
Si
sientes
que
la
vida
no
tiene
sentido,
que
los
problemas
te
están
acabando,
memoriza
esta
parábola:
"Un pájaro que vivía resignado en un árbol podrido en el medio del pantano se había a acostumbrado a estar allí, comía gusanos del fango, y se hallaba siempre sucio por el pestilente lodo.
"Sus alas estaban inutilizadas por el peso de la mugre hasta que cierto día un ventarrón destruyó su guarida, el árbol podrido fue tragado por el cieno y él se dio cuenta de que iba a morir.
"En un deseo repentino de salvarse comenzó a aletear con fuerza para emprender el vuelo, le costó mucho trabajo porque había olvidado cómo volar pero enfrentó el dolor del entumecimiento hasta que logró levantarse y cruzar el ancho cielo llegando finalmente a un bosque fértil y hermoso."
Los problemas son como el ventarrón que ha destruido tu guarida y te está obligando a levantar el vuelo o a morir.
Nunca es tarde. No importa lo que se haya vivido, no importa los errores que se hayan cometido, no importa las oportunidades que se hayan dejado pasar, no importa la edad, siempre estamos a tiempo para decir BASTA, para oír el llamado que tenemos de buscar la perfección, para sacudirnos el cieno y volar alto y muy lejos del pantano.
Abandona la vida segura y cómoda. Lánzate a la ruta incierta, llena de enigmas e inseguridades, y hazlo solitariamente.
Dios te acompañará y te dirá qué
camino tomar.
Índice
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Autor Desconocido
En
el mundo indígena uno de los principios que constituyen el universo es el dolor,
sin embargo los ojos de ese pueblo penetran en esta realidad sin miedo y la
transforman en algo sublime.
Cuenta esta historia que un guerrero miró a su hija recién nacida, tan hermosa le parecía, que no encontraba un nombre apropiado para ella.
Decidió buscar lo más valioso del mundo y tomarlo como nombre para su primogénita. Salió temprano a caminar y pensó podría llamarla "Silencio", pues es hermosísimo... pero cuando comenzó a amanecer y el guerrero detuvo sus pasos y dijo: No, la llamaré "Aurora".
Continuó caminando y visitando amigos y así fue cambiando su elección para el nombre de su pequeñita: Luz, Nieve, Mariposa, Paloma...
Encontró al más sabio de los Indios que le orientó ir detrás de la montaña a la casa de un pastor muy sencillo y le dijo: "Allí encontrarás lo que buscas."
El guerrero esperó fuera de la vivienda y vio salir a una niña, sintió escalofríos pues se encontraba cubierta de Lepra, algo a lo que todos le temían.
Pasaron unos minutos...se escuchó la voz del pastor llamando a su hija y ambos se acercaron y el rudo guerrillero vio como se abrazaban y cubrían de besos.
Regresó a su casa con lágrimas en los ojos y se dijo: "La llamaré Heoma-nae-san ["Amor en el Dolor"]."
Si amigos,
éste es el amor más grande, el que se da cuando la persona no tiene nada
material, cuando se está enfermo de cuerpo o de alma, cuando sentimos la
necesidad imperiosa de aliviar el sufrimiento de un ser querido aún a riesgo de
nuestra propia vida.
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Autor Desconocido

Una noche un grupo de nómadas se prestaban a retirarse a dormir cuando de repente los rodeó una luz. Comprendieron que estaban en presencia de un ser celestial y con gran ansiedad esperaban un mensaje divino de gran importancia que sabían habría de ser especial para ellos.
Finalmente se escuchó una voz que les dijo:
—Reúnan todos los guijarros que encuentren en el suelo y póngalos en sus
alforjas, mañana viajen todo el día, así la noche los hallará contentos pero
tristes...
Después de despedirse los nómadas compartieron su decepción y su enojo. Esperaban la revelación de una gran verdad universal que les permitiera generar riqueza, salud y propósitos para el mundo. Pero lo que habían recibido era en cambio una tarea insignificante, "carente de sentido" para ellos. No obstante, el recuerdo del esplendor del visitante hizo que cada uno de ellos recogiera algunos guijarros y los depositara en su alforja, no sin dejar de expresar su desconcierto.
Viajaron durante todo el día y esa noche, mientras armaban el campamento, revisaron sus alforjas y descubrieron que cada guijarro recogido se había convertido en un diamante. Estaban contentos por tener diamantes pero estaban tristes por no haber recogido muchos más guijarros.
Así es:
La
vida está llena de tantas cosas "carentes de sentido" que no le damos la
importancia que ellas tienen. Una palabra, un abrazo, un beso, una sonrisa, un
apretón de manos, una caricia, una flor, un saludo, un te quiero, un guiño, unas
gracias,
parecen guijarros, ¡pero realmente son diamantes!
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Autor Desconocido
Dos amigos caminaban y en un determinado punto del viaje discutieron fuerte, y por la ira uno ofendió al otro, con insultos injustificados. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: "Hoy, mi mejor amigo me ofendió". Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido ofendido comenzó a ahogarse, y le salvó su amigo.
Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra: "Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida". Intrigado, el amigo preguntó: "¿Por qué después que te insulte escribiste en la arena y ahora en cambio escribes en una piedra?".
Sonriendo, el otro amigo respondió: "Cuando un amigo nos ofende,
debemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se
encargarán de borrarlo y apagarlo. Pero cuando nos ayuda, debemos grabarlo en la
piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento podrá borrarlo".
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¿QUIEN PUEDE HACER QUE
AMANEZCA?, Anthony de Mello, S.J.
A un discípulo que se lamentaba de sus propias limitaciones le dijo el Maestro:
—Naturalmente
que eres limitado. Pero ¿no has caído en la cuenta de que hoy puedes hacer cosas
que hace quince años te habrían parecido imposibles? ¿Qué es lo que ha
cambiado?
—Han cambiado mis talentos.
—No. Has cambiado tú.
— ¿Y no es lo mismo?
—No. Tú eres lo que piensas que eres. Cuando cambia tu forma de pensar,
cambias tú.
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¿QUIEN PUEDE HACER QUE
AMANEZCA?, Anthony de Mello, S.J.
— ¿Qué es
el amor?
—La ausencia total de miedo —dijo el Maestro.
— ¿Y qué es a lo que tenemos miedo?
—Al amor —respondió el Maestro.
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No
Juzgues a Otros Porque Son Diferentes
Autor Desconocido
Un hombre
estaba poniendo flores en la tumba de un pariente, cuando ve a un chino poniendo
un plato de arroz en la tumba vecina. El hombre se dirige al chino y le
pregunta:
—Disculpe,
Señor, pero,
¿cree usted que de verdad el difunto vendrá a comer el arroz?
—Sí,
—responde el chino—
cuando el suyo venga a oler sus flores...
Moraleja:
Respetar las opiniones del otro es una de las
mayores virtudes que un ser humano puede tener. Las personas son diferentes,
actúan diferente y piensan diferente. No juzgues, solamente intenta
comprender.
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Autor Desconocido
(Original en Inglés, traducción)
Una
bandada de águilas estaban picoteando semillas en la tierra de un granjero.
Ya que el granjero les arrojaba comida cada día, ellas se estaban en la granja
día tras día, mes tras mes. Una vieja águila voló cerca y vio a sus
amigos.
— ¿Por qué están en la tierra?
—El humano nos alimenta y no tenemos necesidad de ir a ningún otro lugar, ellas
respondieron.
—Pero Uds. son águilas y han olvidado cómo volar. Su reino es en el
cielo, no en la tierra. Permítanme liberarlas.
El acondicionamiento físico de
nuestros placeres sensuales no amarra a este plano terrenal. Hemos
olvidado que no somos físicos sino Cuerpos de Luz. Podemos volar.
Podemos escapar nuestra existencia condicionada, nuestro estado hipnótico.
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Las
Cosas No Son Siempre Lo Que Parecen
Autor Desconocido
Nota del Editor: El principio espiritual contenido en esta historia está también en otra historia diferente que encontrarás en: ¿Cómo Sabes?
Dos
Ángeles viajeros se pararon para pasar la noche en el hogar de una familia muy
adinerada. La familia era ruda y no quiso permitirle a los Ángeles que se
quedaran en la habitación de huéspedes de la mansión. En vez de ser así, a los
Ángeles le dieron un espacio pequeño en el frío sótano de la casa. A medida que
ellos preparaban sus camas en el duro piso, el Ángel más viejo vio un hueco en
la pared y lo reparó. Cuando el Ángel más joven preguntó ¿por qué?, el Ángel más
viejo le respondió, "Las cosas no siempre son lo que parecen."
La siguiente noche, el par de Ángeles vino a descansar en la casa de un señor y una señora, muy pobres, pero el señor y su esposa eran muy hospitalarios. Después de compartir la poca comida que la familia pobre tenía, la pareja le permitió a los Ángeles que durmieran en su cama donde ellos podrían tener una buena noche de descanso.
Cuando amaneció, al siguiente día, los Ángeles encontraron bañados en lágrimas al Señor y a su esposa. La única vaca que tenían, cuya leche había sido su única entrada de dinero, yacía muerta en el campo. El Ángel más joven estaba furioso y preguntó al Ángel más viejo: "¿Cómo pudiste permitir que esto hubiera pasado? El primer hombre lo tenía todo, sin embargo tú lo ayudaste"; el Ángel más joven le acusaba. "La segunda familia tenía muy poco, pero estaba dispuesta a compartirlo todo, y tú permitiste que la vaca muriera."
" 'Las cosas no siempre son lo que parecen,' " le replicó el Ángel más viejo. "Cuando estábamos en aquel sótano de la inmensa mansión, yo noté que había oro almacenado en aquel hueco de la pared. Debido a que el propietario estaba tan obsesionado con avaricia y no dispuesto a compartir su buena fortuna, yo sellé el hueco, de manera tal que nunca lo encontraría."
"Luego, anoche mientras dormíamos en la cama de la familia pobre, el ángel de la muerte vino en busca de la esposa del agricultor. Y yo le di a la vaca en su lugar. 'Las cosas no siempre son lo que parecen.' "
Algunas veces, eso es exactamente lo que pasa cuando las cosas no salen como
uno espera que salgan. Si tú tienes fe, solamente necesitas confiar en que
cualesquiera que fueran las cosas que vengan, serán siempre para tu ventaja. Y
podrías no saber esto hasta un poco más tarde.
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Angelluz 2003
Extracto.
Un experto
estaba dando una conferencia a un grupo de profesionales. Para dejar en claro
un punto, utilizó un ejemplo que los profesionales jamás olvidaron. Parado
frente al auditorio de gente muy exitosa dijo:
—Quisiera hacerles un pequeño examen...
De abajo de la mesa sacó un jarro de vidrio, de boca ancha y lo puso sobre la
mesa frente a él.
Luego sacó una docena de rocas del tamaño de un puño y empezó a colocarlas una
por una en el jarro. Cuando el jarro estaba lleno hasta el tope y no podía
colocar más piedras preguntó al auditorio:
— ¿Está lleno este jarro?
Todos los asistentes dijeron: ¡Sí!
Entonces dijo:
— ¿Están seguros?, y sacó de abajo de la mesa un balde de piedras pequeñas. Echó
un poco de piedras en el jarro y lo movió haciendo que las piedras pequeñas se
acomoden en el espacio vacío entre las grandes.
Cuando hubo hecho esto preguntó una vez más:
— ¿Está lleno este jarro?
Esta vez el auditorio ya suponía lo que vendría y uno de los asistentes dijo en
voz alta:
—Probablemente no.
—Muy bien, contesto el expositor.
Sacó de debajo de la mesa un balde lleno de arena y empezó a echarlo en el
jarro. La arena se acomodó en el espacio entre las piedras grandes y las
pequeñas. Una vez más preguntó al grupo:
— ¿Está lleno el jarro?
Esta vez varias personas respondieron a coro:
— ¡No!
Una vez más el expositor dijo:
—¡Muy bien!, luego se sacó
una jarra llena de agua y echó agua al jarro hasta llenarlo. Cuando terminó,
miro al auditorio y preguntó:
— ¿Cuál creen que es la enseñanza de esta pequeña demostración?
Uno de los espectadores levantó la mano y dijo:
—La enseñanza es que no importa qué tan lleno esté tu horario, si de verdad lo
intentas, siempre podrás incluir más cosas...
—No, replicó el expositor, ésa no es la enseñanza. La verdad que esta
demostración nos enseña es que si no pones las piedras grandes primero, no
podrás ponerlas en ningún otro momento. ¿Cuáles son las piedras grandes en tu
vida?,... tu familia, tu fe, tu educación o tus finanzas?, ¿alguna
causa que desees apoyar?, ¿enseñar
lo que sabes a otros? Recuerda poner esas piedras grandes primero o no
encontrarás un lugar para ellas. Tómate el tiempo para clarificar cuales son tus
prioridades y revisa cómo usas tu tiempo para que no se te quede ninguna afuera,
o lo que es peor, que te veas obligado a sacar una piedra grande para poder
meter arena.
Cuando
acomodas las prioridades en tu vida y les dedicas un tiempo de tu tiempo, éstas
alcanzan para todo.
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Autor Desconocido
Esta
historia es sobre un hombre que reflejaba en su forma de vestir la derrota, y en
su forma de actuar la mediocridad total.
Ocurrió en París, en una calle céntrica aunque secundaria. Este hombre, sucio y maloliente, tocaba un viejo violín. Frente a él y sobre el suelo colocaba su boina, con la esperanza de que los transeúntes se apiadaran de su condición y le arrojaran algunas monedas para llevar a casa.
El pobre hombre trataba de sacar una melodía, pero era del todo imposible identificarla debido a lo desafinado del instrumento, y a la forma displicente y aburrida con que tocaba ese violín.
Un famoso concertista, que junto con su esposa y unos amigos salía de un teatro cercano, pasó frente al mendigo musical. Todos arrugaron la cara al oír aquellos sonidos tan discordantes. Y no pudieron menos que reír de buena gana.
La esposa le pidió, al concertista, que tocara algo. El hombre echó una mirada a las pocas monedas en el interior de la boina del mendigo, y decidió hacer algo.
Le solicitó el violín. Y el mendigo musical se lo prestó con cierto resquemor.
Lo primero que hizo el concertista fue afinar sus cuerdas. Y entonces, vigorosamente y con gran maestría arrancó una melodía fascinante del viejo instrumento. Los amigos comenzaron a aplaudir y los transeúntes comenzaron a arremolinarse para ver el improvisado espectáculo.
Al escuchar la música, la gente de la cercana calle principal acudió también y pronto había una pequeña multitud escuchando arrobada el extraño concierto. La boina se llenó no solamente de monedas, sino de muchos billetes de todas las denominaciones, mientras el maestro sacaba una melodía tras otra, con tanta alegría.
El mendigo musical estaba aún más feliz por ver lo que ocurría, y no cesaba de dar saltos de contento y repetir orgulloso a todos: "¡¡Ese es mi violín!!, ¡¡Ese es mi violín!!". Lo cual, por supuesto, era rigurosamente cierto.
En la vida todos tenemos "un violín": Son nuestros conocimientos, nuestras habilidades y nuestras actitudes. Y tenemos libertad absoluta de tocar "ese violín" como nos plazca.
Se nos ha dicho que Dios nos concede libre albedrío, es decir, la facultad de decidir lo que haremos de nuestra vida. Y esto, claro, es tanto un maravilloso derecho, como una formidable responsabilidad.
Algunos, por pereza, ni siquiera afinan ese violín. No perciben que en el mundo actual hay que prepararse, aprender, desarrollar habilidades y mejorar constantemente actitudes si queremos ejecutar un buen concierto.
Pretenden una boina llena de dinero, y lo que entregan es una discordante melodía que no gusta a nadie. Esa es la gente que hace su trabajo de la forma: "ahí te va...", Que piensa en términos de "me vale...", y que cree que la humanidad tiene la obligación de retribuirle su pésima ejecución, cubriendo sus necesidades. Es la gente que piensa solamente en sus derechos, pero no siente ninguna obligación de ganárselos.
La verdad, por dura que pueda parecernos, es otra. Tú y yo, y cualquier otra persona, tenemos que aprender tarde o temprano, que los mejores lugares son para aquellos que no solamente afinan bien ese violín, sino que aprenden con el tiempo también a tocarlo con maestría. Por eso debemos estar dispuestos a hacer bien nuestro trabajo diario, sea cual sea. Y aspirar siempre a prepararnos para ser capaces de realizar otras cosas que nos gustarían.
La historia está llena de ejemplos de gente que aún con dificultades iniciales llegaron a ser buenos concertistas con sus violines (sus vidas). Y también, por desgracia, registra los casos de muchos otros, que teniendo grandes oportunidades, decidieron con ese violín, ser mendigos musicales.
La verdad es que Dios nos concedió "libre albedrío". Tú puedes hacer algo grande de tu vida, o hacer de ella una miseria. Esa es tu decisión personal.
Y para agregar algo más a esta historia, quiero dar una buena noticia: Si alguien, por razones diversas, sean cuales sean, ya no es capaz de afinar su propio "violín", yo le aseguro que al igual que ese famoso violinista afinó el violín del mendigo, Dios está en la mejor disposición de afinar y sacar armoniosas melodías de tu vida. ÉL está tan cerca de ti como una palabra salida por tu boca, pero de lo profundo de tu corazón, expresando tu necesidad, y deseo de cambiar.
Dios te ama y
desea lo mejor para ti.
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Sólo
Podemos Traer Amor En el Corazón
Autor Desconocido
En una de las salas de un colegio había varios niños. Uno de ellos preguntó:
—Maestra, ¿qué es el amor?
La maestra sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviese a la
altura de la pregunta inteligente que había formulado. Como ya estaban en hora
de recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela
y trajesen lo que más despertase en ellos el sentimiento del amor.
Los chicos salieron apresurados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:
—Quiero que cada uno muestre lo que trajo consigo.
El primer alumno respondió:
—Yo traje esta flor, ¿no es linda?
Cuando llegó su turno, el segundo alumno dijo:
—Yo traje esta mariposa. Vea el colorido de sus alas; la voy a colocar en mi
colección.
El tercer alumno completó:
—Yo traje este pichón de pajarito que se cayó del nido, hermano: ¿no es
gracioso?
Y
así los chicos, uno a uno, fueron colocando lo que habían recogido en el patio.
Terminada la exposición, la maestra notó que una de las niñas no había traído
nada, y que había permanecido quieta durante todo el tiempo. Se sentía
avergonzada porque no había traído nada. La maestra se dirigió a ella y le
preguntó:
—Muy bien, ¿y tú? ¿No has encontrado nada?
La criatura, tímidamente, respondió:
—Disculpe, maestra. Vi la flor y sentí su perfume; pensé en arrancarla pero
preferí dejarla para que exhalase su aroma por más tiempo. Vi también la
mariposa, suave, colorida, pero parecía tan feliz que no tuve el coraje de
aprisionarla. Vi también el pichoncito caído entre las hojas, pero... al subir
al árbol, noté la mirada triste de su madre y preferí devolverlo al nido.
Por lo tanto, maestra, traigo conmigo el perfume de la flor, la sensación de
libertad de la mariposa y la gratitud que observé en los ojos de la madre del
pajarito. ¿Cómo puedo mostrar lo que traje?
La maestra agradeció a la alumna y le dio la nota máxima, considerando que había sido la única que logró percibir que "sólo podemos traer el amor en el corazón."
Sabes, esto me lo envió quien me enseñó que el amor no es: Tomar, Arrancar, Capturar, Forzar, Ganar o Perder.
Amar es llevar en el alma,
...es Recordar,
...es Disfrutar.
Amar es
... ser Libre y...
dejar ser Libre.
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Autor Desconocido

Un
grupo de vendedores fue a una convención de ventas. Todos le habían prometido a
sus esposas que llegarían a tiempo para cenar el viernes por la noche. Sin
embargo, la convención terminó un poco tarde, y llegaron retrasados al
aeropuerto. Entraron todos con sus boletos y portafolios, corriendo por los
pasillos. De repente, y sin quererlo, uno de los vendedores tropezó con una
mesa que tenía una canasta de manzanas. Las manzanas salieron volando por todas
partes. Sin detenerse, ni voltear para atrás, los vendedores siguieron
corriendo, y apenas alcanzaron a subirse al avión. Todos menos uno.
Este se detuvo, respiró hondo, y experimentó un sentimiento de compasión por la dueña del puesto de manzanas. Le dijo a sus amigos que siguieran sin él y le pidió a uno de ellos que al llegar llamara a su esposa y le explicara que iba a llegar en un vuelo más tarde. Luego se regresó a la terminal y se encontró con todas las manzanas tiradas por el suelo. Su sorpresa fue enorme, al darse cuenta de que la dueña del puesto era una niña ciega. La encontró llorando, con enormes lágrimas corriendo por sus mejillas. Tanteaba el piso, tratando, en vano, de recoger las manzanas, mientras la multitud pasaba, vertiginosa, sin detenerse, sin importarle su desdicha.
El
hombre se arrodilló con ella, juntó las manzanas, las metió a la canasta y le
ayudó a montar el puesto nuevamente. Mientras lo hacía, se dio cuenta de que
muchas se habían golpeado y estaban magulladas. Las tomó y las puso en otra
canasta. Cuando terminó, sacó su cartera y le dijo a la niña: "Toma, por favor,
estos cien pesos por el daño que hicimos. ¿Estás bien?".
Ella,
llorando, asintió con la cabeza. El continuó diciéndole: "Espero no haber
arruinado tu día". Conforme el vendedor empezó a alejarse, la niña le gritó:
"Señor..." Él se detuvo y volteó a mirar esos ojos ciegos. Ella continuó: "¿Es
usted Jesús...?"
Él se paró en seco y dio varias vueltas, antes de dirigirse a abordar otro vuelo, con esa pregunta quemándole y vibrando en su alma: "¿Es usted Jesús?"
... Y a ti, ¿la gente te confunde con Jesús? Porque ese es nuestro destino, ¿no es así? Parecernos tanto a Jesús que la gente no pueda distinguir la diferencia. Parecernos tanto a Jesús, conforme vivimos en un mundo que está ciego a Su Amor, Su Vida y Su Gracia. Si decimos que conocemos a Jesús, deberíamos vivir y actuar como lo haría Él. Conocerlo es mucho más que citar los Evangelios e ir a la Iglesia. Es, en realidad, vivir Su palabra cada día.
Tú eres la
niña de
Sus
ojos, aún cuando hayas sido golpeado por las caídas. Él dejó todo y nos recogió
a ti y a mí en el Calvario; Él pagó por nuestra fruta dañada. ¡Empecemos a
vivir como si valiéramos el precio que Él pagó!
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Luis Alberto Mecklenburg. Título original: "Envejecer Es Obligatorio, Madurar Es Optativo."
Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño
silencio me preguntó:
— ¿Además del cantar de los pájaros, escuchas alguna cosa más?
Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí:
—Estoy escuchando el ruido de una carreta.
—Eso es —dijo mi padre—. Es una carreta vacía.
Pregunté a mi padre:
— ¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aún no la vemos?
Entonces mi padre respondió:
—Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía,... por el ruido. Cuanto más
vacía la carreta, mayor es el ruido que hace.
Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y haciendo de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: "Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace".
La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás
descubrirlas.
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Autor Desconocido
Un sabio preguntó a sus mandalies lo siguiente:
— ¿Por que la gente se grita cuando está enojada?
Los hombres pensaron unos momentos:
—Porque perdemos la calma —dijo uno— por eso gritamos.
—Pero,
¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? —preguntó el sabio—. ¿No
es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás
enojado?
Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al
sabio. Finalmente él explicó:
—Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir
esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén,
más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran
distancia.
Luego el sabio preguntó:
— ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?, ellos no se gritan sino que se
hablan suavemente, ¿por qué?
Sus
corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.
El sabio continuó:
—Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven
aún
más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran
y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.
Luego el sabio dijo:
—Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los
distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán
más el camino de regreso.
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Madeleine E. Belliard. Extracto de su libro "Despertando a la Nueva Conciencia".
Durante
la era glacial, muchos animales morían por causa del frío. Los puercoespín,
percibiendo esta situación, acordaron vivir en grupos; así se daban abrigo y se
protegían mutuamente.
Pero las espinas de cada uno herían a los vecinos más próximos, justamente a aquellos que le brindaban calor. Y por eso, se separaban unos de otros.
Pero volvieron a sentir frío y tuvieron que tomar una decisión: o desaparecían de la faz de la tierra o aceptaban las espinas de sus vecinos. Con sabiduría, decidieron volver y vivir juntos.
Aprendieron así a vivir con las pequeñas heridas que una relación muy cercana les podía ocasionar, porque lo realmente importante era el calor del otro. Y así sobrevivieron.
La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en donde cada uno acepta los defectos del otro y consigue perdón para los suyos propios. Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión, amor y paz; y aún si cometo errores, quiero saber que estos son enmendables… saber que me perdonas y me perdono, pero no superficialmente, más bien desde lo más profundo.
Somos humanos y tendemos a equivocarnos en ocasiones, mas lo que importa es superar estos y todos los demás obstáculos que se nos presentan a cada paso en la vida. Si nos cerramos al completo olvido de las faltas (es decir aquellos /as que afirman que perdonan, pero no olvidan) estamos permitiéndole al orgullo que tome las riendas de nuestras vidas y con él estamos abriéndole las puertas al resentimiento ya que cada vez que recordemos el incidente volveremos a sentir las bajas vibraciones que éste nos produjo cuando ocurrió. Es por eso que el perdón y el olvido son hermanos siameses, es imposible que uno exista sin el otro.
Muchas cosas
en nuestro entorno sanarían más rápido si nosotros, verdaderamente, soltáramos
el resentimiento, el odio, el orgullo, la ira y el egoísmo. Cada uno de ellos
nos detiene en nuestra evolución silenciosamente. El Principito repetía sin
cesar: "Soy
responsable por mi Flor"
y nosotros somos ese príncipe que Saint Exuprey describe en su famosa obra….
También somos responsables de nuestra propia flor y para cuidarla
debemos superar esos obstáculos llamados odio, ira, egoísmo, orgullo y
resentimiento. Tal vez pienses que es difícil, nadie ha dicho que no lo será,
pero Confucio dijo que mil pasos empezaban por el primero y ciertamente andar
tanto tampoco es fácil; lo importante es comenzar y luego, sin mirar atrás,
continuar no importando si el camino se torna escabroso en ocasiones. Los
tropiezos nos hacen fuertes y hay un refrán que dice
que no
hay mal que dure mil años ni cuerpo que lo resista; es decir que todos tenemos
la capacidad interna de superarnos a nosotros mismos y de Ser mejores cada vez.
Sabiendo esto debemos ser consecuentes en nuestro empeño por mejorar, por
perdonar y por superar esas “pequeñas” o “grandes” cosas que a diario nos
suceden; después de todo, la vida sería muy aburrida si no tuviéramos qué hacer
en ella.
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Autor Desconocido
Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones. Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias.
El alumno
dijo al profesor:
—Hagámosle una broma. Escondamos
los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los
encuentre.
—Mi querido amigo —le dijo el profesor— nunca tenemos que divertirnos a expensas
de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca
una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando
las encuentre.
Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre terminó sus tareas y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo. Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado se preguntó qué podía haber pasado. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar. Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda.
Sus sentimientos lo sobrecogieron. Cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta hablando de su esposa enferma y sin ayuda y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.
El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Ahora
—dijo el profesor— ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?
El joven respondió:
—Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que
antes no entendía: ES MEJOR DAR QUE RECIBIR.
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Autor Desconocido
Érase
una vez un anciano que había perdido a su esposa y vivía solo. Había trabajado
duramente como sastre toda su vida, pero los infortunios lo habían dejado en
bancarrota, y ahora era tan viejo que ya no podía trabajar.
Las manos le temblaban tanto que no podía enhebrar una aguja, y la visión se le había enturbiado demasiado para hacer una costura recta. Tenía tres hijos varones, pero los tres habían crecido y se habían casado, y estaban tan ocupados con su propia vida que sólo tenían tiempo para cenar con su padre una vez por semana.
El anciano
estaba cada vez más débil, y los hijos lo visitaban cada vez menos.
—No quieren estar conmigo ahora —se decía— porque tienen miedo de que yo me
convierta en una carga.
Se pasó una noche en vela pensando qué sería de él y al fin trazó un plan. A la mañana siguiente fue a ver a su amigo el carpintero y le pidió que le fabricara un cofre grande. Luego fue a ver a su amigo el cerrajero y le pidió que le diera un cerrojo viejo. Por último fue a ver a su amigo el vidriero y le pidió todos los fragmentos de vidrio roto que tuviera.
El
anciano se llevó el cofre a casa, lo llenó hasta el tope de vidrios rotos, le
echó llave y lo puso bajo la mesa de la cocina. Cuando sus hijos fueron a cenar,
lo tocaron con los pies.
—¿Qué
hay en ese cofre?,
preguntaron mirando bajo la mesa.
—Oh, nada —respondió el anciano—, sólo algunas cosillas que he ahorrado.
Sus hijos lo empujaron y vieron que era muy pesado. Lo patearon y oyeron un
tintineo.
—Debe estar lleno con el oro que ahorró a lo largo de los años —susurraron.
Deliberaron y comprendieron que debían custodiar el tesoro. Decidieron turnarse
para vivir con el viejo, y así podrían cuidar también de él. La primera semana
el hijo menor se mudó a la casa del padre, y lo cuidó y le cocinó. A la semana
siguiente lo reemplazó el segundo hijo, y la semana siguiente acudió el mayor.
Así siguieron por un tiempo.
Al fin el anciano padre enfermó y falleció.
Los hijos le
hicieron un bonito funeral, pues sabían que una fortuna los aguardaba bajo la
mesa de la cocina, y podían costearse un gasto grande con el viejo. Cuando
terminó la ceremonia, buscaron en toda la casa hasta encontrar la llave, y
abrieron el cofre. Por cierto, lo encontraron lleno de vidrios rotos.
—¡Qué
triquiñuela infame! —exclamó el hijo mayor—. ¡Qué crueldad hacia sus hijos!
—Pero, ¿qué podía hacer? —preguntó tristemente el segundo hijo—. Seamos francos.
De no haber sido por el cofre, lo habríamos descuidado hasta el final de sus
días.
—Estoy avergonzado de mí mismo —sollozó el hijo menor—. Obligamos a nuestro
padre a rebajarse al engaño, porque no observamos el mandamiento que él nos
enseñó cuando éramos pequeños. Pero el hijo mayor volcó el cofre para asegurarse
de que no hubiera ningún objeto valioso oculto entre los vidrios. Desparramó los
vidrios en el suelo hasta vaciar el cofre.
Los tres hermanos miraron silenciosamente dentro, donde leyeron una inscripción que el padre les había dejado en el fondo:
"Honrarás a
tu padre y a tu madre."
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Autor Desconocido
Dos hermanos, el uno soltero y el otro casado, poseían una granja cuyo fértil suelo producía abundante grano que los dos hermanos se repartían a partes iguales.
Al principio todo iba perfectamente. Pero llegó un momento en que el hermano casado empezó a despertarse sobresaltado todas las noches pensando: "No es justo. Mi hermano no está casado y se lleva la mitad de la cosecha; pero yo tengo mujer y cinco hijos, de modo que en mi ancianidad tendré todo cuanto necesite. Quién cuidará de mi pobre hermano cuando sea viejo? Necesita ahorrar para el futuro más de lo que actualmente ahorra porque su necesidad es, evidentemente, mayor que la mía".
Entonces se levantaba de la cama, acudía sigilosamente adonde su hermano y vertía en el granero de éste un saco de grano.
También su hermano soltero comenzó a despertarse por las noches y a decirse a sí mismo: "Esto es una injusticia. Mi hermano tiene mujer y cinco hijos y se lleva la mitad de la cosecha. Pero yo no tengo que mantener a nadie más que a mí mismo. ¿Es justo, acaso, que mi pobre hermano, cuya necesidad es mayor que la mía, reciba lo mismo que yo?"
Entonces se levantaba de la cama y llevaba un saco de grano al granero de su hermano.
Un día se levantaron de la cama al mismo tiempo y tropezaron uno con otro, cada cual con un saco de grano a la espalda.
Muchos años más tarde, cuando ya habían muerto los dos, el hecho se divulgó. Y cuando los ciudadanos decidieron erigir un templo, escogieron para ello el lugar en el que ambos hermanos se habían encontrado porque no creían que hubiera en toda la ciudad un lugar más santo que aquel.
La verdadera
diferencia religiosa no es la diferencia entre quienes dan culto y quienes no lo
dan, sino entre quienes aman y quienes no.
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Autor Desconocido
Un
campesino muy inculto, de edad avanzada,
llega a las puertas de un monasterio. Cuando le abren, se explica así:
—Amigos monjes, soy un hombre con mucha fe. Quiero recibir enseñanzas.
Los monjes
hablan entre sí, al margen del recién llegado. Al comprobar su incultura,
piensan que no está capacitado para recibir enseñanzas y mucho menos métodos de
auto-desarrollo, pero como parece un hombre de fe, le dicen:
—Mira, buen hombre, te vas a hacer cargo de barrer todos los días el monasterio.
Puedes quedarte aquí y tendrás sustentos y alojamiento.
Meses
después, los monjes comienzan a ver que cada día el campesino se encuentra más
tranquilo, con una semi-sonrisa siempre dibujada en sus labios y un brillo
especial en los ojos. Exhala verdadero sosiego y se le ve muy contento
y equilibrado. Tanto es así que los monjes, extrañados, le preguntan:
—Buen hombre, parece que en estos meses has sufrido una gran evolución
espiritual. ¿Estás practicando algún método especial?
Y el hombre contesta:
—Hermanos, lo único que hago, con mucha atención, lucidez y amor, es barrer el
monasterio. Pongo toda mi vigilancia y precisión en ello también, al barrer la
basura pienso que estoy barriendo de mí los rencores, los engaños, la codicia y
el odio. Y cada día soy más feliz.
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¿QUIEN PUEDE HACER QUE
AMANEZCA?, Anthony de Mello, S.J.
El propietario del parque de atracciones hablaba de la ironía que suponía el hecho de que, mientras los niños lo pasaban en grande en su parque, él solía estar, por lo general, deprimido.
— ¿Qué preferirías: ser propietario del parque o divertirte?, le preguntó el
Maestro.
— Ambas cosas.
El Maestro no dijo una palabra más. Cuando, más tarde, le preguntaron a este
respecto, el Maestro se limitó a citar las palabras que un vagabundo le había
dirigido a un rico terrateniente:
— Tú posees la propiedad. Otros disfrutan del paisaje.
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Roger Walsh, "Espiritualidad
Esencial" ("Essential Spirituality"), John Wiley & Sons, 1.999
(Original en Inglés, traducción)
Un pupilo le preguntó a un gran profesor, "¿Cómo
encuentro la sabiduría?" El maestro respondió,
"Por medio de las buenas escogencias." "¿Y cómo
hago buenas escogencias?", preguntó el pupilo. "De la experiencia", dijo
el profesor. "¿Y cómo obtengo experiencia?", preguntó el estudiante, "De
malas escogencias", dijo el profesor.
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Autor Desconocido
Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta.
Muchos artistas intentaron. El rey observo y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas placidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura pensaron que ésta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas. Pero éstas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada lo pacífico. Pero cuando el rey observo cuidadosamente, el miro tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado placidamente un pajarito en el medio de su nido... paz perfecta.
El rey escogió la segunda. ¿Sabes por qué? porque, explicaba el rey, "Paz no
significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin
dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas
permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Éste
es el verdadero significado de la paz.
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Autor Desconocido
(Original en Inglés, traducción)
En
el primer día Dios creó el perro.
Dios dijo, "Siéntese todo el día a la puerta de su casa y ladre a cualquiera que
venga a entrar o que pase caminando. Le daré una duración de vida de veinte
años."
El perro dijo, "Eso es demasiado largo para estar ladrando. Déme diez años –
usted se puede guardar los otros diez." Así entonces Dios estuvo de acuerdo.
En
el segundo día Dios creó el mico.
Dios dijo, "Entretenga a la gente, haga
monerías
de micos, hágalos reír. Le daré una duración de vida de veinte años."
El mono dijo, "Qué aburrido, ¿monerías
de mico por veinte años? No
lo creo.
El perro le
regresó diez años, así que eso es lo que haré también, ¿está bien?" Y Dios
estuvo de acuerdo.
En
el tercer día Dios creó a la vaca.
Dios dijo, "Debe ir al campo con el granjero todo el día y sufrir bajo el sol,
tener terneros y dar leche para mantener al granjero. Le daré una duración de
vida de sesenta años."
La vaca dijo, "Ése es un tipo de vida dura que usted quiere que yo viva por
sesenta años. Déjeme tener veinte y usted se puede guardar los otros cuarenta."
Y Dios estuvo de
acuerdo de nuevo.
En
el cuarto día Dios creó al hombre. Dios dijo, "Coma, duerma, juegue, cásese y
goce la vida. Le daré a usted veinte años."
El hombre dijo, "¿Qué? ¡Solamente
veinte años! Déjeme
decirle, tomaré mis veinte años, y los cuarenta que la vaca le regresó y los
diez que le regresó el mono y los diez que le regresó el perro, eso hace
ochenta, ¿está bien?" "Está bien," dijo Dios. "Trato hecho."
Así es que por los primeros veinte años nosotros comemos, dormimos, jugamos, y disfrutamos de nosotros mismos; por los siguientes cuarenta años nos esclavizamos al sol para mantener a nuestra familia; por los siguiente diez años hacemos monerías de mico para entretener a nuestros nietos; y por los últimos diez años nos sentamos en el porche del frente y le ladramos a todos.
La vida le ha
sido ahora explicada.![]()
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Autor Desconocido
Un profesor
universitario retó a sus alumnos con esta pregunta: "¿Dios creó todo lo que
existe?"
Un estudiante contestó valientemente: "Sí, lo hizo".
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Fotografía de la clase
escolar en Munich,
1.889. Einstein está en la hilera de adelante, el segundo de la derecha.
Le fue bien solamente en Matemáticas y en Latín (cuya lógica admiraba). |
"¿Dios
creó todo?", preguntó nuevamente el profesor.
”Sí, señor.” Respondió el joven.
El profesor contestó: "Si Dios creó todo, entonces Dios hizo el mal, pues el mal
existe, y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros
mismos, entonces Dios es malo".
El estudiante se quedó callado ante tal respuesta, y el profesor, feliz, se
jactaba de haber probado, una vez más, que la fe era un mito.
Otro
estudiante levantó su mano y dijo: "¿Puedo hacer una pregunta, profesor?"
"Por supuesto", respondió el profesor.
El joven se puso de pie y preguntó: "¿Profesor, existe el frío?"
"¿Qué pregunta es ésa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío?"
El muchacho respondió: "De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de
la física, lo que consideramos frío, en realidad es la ausencia de calor. Todo
cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el
calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero
absoluto es la ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven
inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese
término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor".
“Y, ¿existe
la oscuridad?", continuó el estudiante.
El profesor respondió: "¡Por supuesto!"
El estudiante contestó: "Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad tampoco
existe, es en realidad ausencia de luz. La luz se puede estudiar, la oscuridad
no, incluso existe el prisma de Nichols para descomponer
la luz blanca en los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes
longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e
ilumina la superficie donde termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuán oscuro
está un espacio determinado? Con base en la cantidad de luz presente en ese
espacio, ¿no es así? Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para
describir lo que sucede cuando no hay luz presente".
Finalmente,
el joven preguntó al profesor: "Señor, ¿existe el mal?"
El profesor respondió: "Por supuesto que existe, como lo mencioné al principio,
vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del
mal".
A lo que el estudiante respondió: "El mal no existe, señor, o a lo menos no
existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que
los casos anteriores, un término que el hombre ha creado para describir esa
ausencia de Dios. Dios no creó el mal. No es como la fe o el amor, que existen
como existen el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no
tenga a Dios presente en sus corazones. Es como resulta el frío cuando no hay
calor, o la oscuridad cuando no hay luz".
Entonces el profesor, después de asentir con la cabeza, se quedó callado.
El joven estudiante se llamaba "ALBERT EINSTEIN”.
Puesto simplemente: El
frío es la ausencia del calor, la oscuridad es la ausencia de la luz, el odio es
la ausencia del amor, la incredulidad es la ausencia de la fe, el pesimismo es la
ausencia de la esperanza, el mal es la ausencia de Dios. Sólo Dios existe
quien contiene el amor, la fe, la esperanza, el calor y la luz. El frío,
la oscuridad, el odio, la incredulidad, el pesimismo, la maldad y todas las
cualidades negativas de la naturaleza humana no existen, ellos son solamente
términos relativos para representar cuánto de lo que sí existe está presente.
—Luis Prada
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Cómo Elefantes Altamente Concientes Llegaron a Convertirse en Héroes Durante el Tsunami de Tailandia del 26 de Diciembre del 2.004
Autor Desconocido
(Original en Inglés, traducción)
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Del increíble caos del desastre del Tsunami llega un increíble cuento de Jim France del Grupo de Hoteles Pavilion en Bangkok.
En el sitio vacacional en Phuket, una de las atracciones más populares es (era) la cabalgata a elefante. Tantas como ocho personas en un elefante, primero se iba al bosque de los alrededores, luego se bajaba a la playa para almorzar en una laguna de agua fresca, luego de regreso al hotel. Los elefantes (nueve) eran mantenidos encadenados a postes en tierra, no porque necesitaran serlo, sino porque hacían que las madres se sintieran mejor al ver que sus hijos parecían seguros del peligro de una trompada cuando se alimentaban a las bestias.
Cerca de veinte minutos antes de que la primera ola golpeara, los elefantes se pusieron extremadamente agitados e indisciplinados. Cuatro había justo retornado de un viaje y sus manejadores no los habían encadenado todavía. Ellos les ayudaron a los otros cinco a romper sus cadenas y a liberarse. Luego todos treparon un monte y empezaron a bramar. Muchas personas les siguieron al monte. Entonces las olas golpearon. Después de que las olas bajaron, los elefantes arremetieron bajando el cerro y empezaron a alzar a los niños con sus trompas y llevarlos corriendo de regreso al monte; cuando todos los niños estaban bajo cuidado, empezaron a ayudar a los adultos.
Rescataron cuarenta y dos personas. Luego, regresaron a la playa y llevaron cuatro cadáveres, uno de un niño. No hasta que la tarea fuera hecha permitieron que sus manejadores los montaran. Entonces con los manejadores encima, ellos empezaron a mover las ruinas.
Muchas capacidades Súper-Humanas y Súper-Sensitivas fueron exhibidas por estos Maravillosos Seres Elefantes incluyendo Amor Divino del uno al otro y a sus prójimos humanos a través de las transiciones por las que estaban pasando.
Para mí,
es ésta otra señal de que finalmente nos despertaremos a reconocer a los
animales como nuestros compañeros y co-creadores concientes de la vida en la
tierra, en lugar de bestias para carga, alimento y vestido.
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Autor Desconocido
Era un pueblo de la India cerca de una ruta principal de comerciantes y viajeros. Acertaba a pasar mucha gente por la localidad. Pero el pueblo se había hecho célebre por un suceso insólito: había un hombre que llevaba ininterrumpidamente dormido más de un cuarto de siglo. Nadie conocía la razón. ¡Qué extraño suceso! La gente que pasaba por el pueblo siempre se detenía a contemplar al durmiente. "¿Pero a qué se debe este fenómeno?" —se preguntaban los visitantes.
En las cercanías de la localidad vivía un eremita. Era un hombre huraño, que pasaba el día en profunda contemplación y no quería ser molestado. Pero había adquirido fama de saber leer los pensamientos ajenos. El alcalde mismo fue a visitarlo y le rogó que fuera a ver al durmiente por si lograba saber la causa de tan largo y profundo sueño. El eremita era muy noble y, a pesar de su aparente adustez, se prestó a tratar de colaborar en el esclarecimiento del hecho.
Fue al pueblo y se sentó junto al durmiente. Se concentró profundamente y empezó a conducir su mente hacia las regiones clarividentes de la conciencia. Introdujo su energía mental en el cerebro del durmiente y se conectó con él. Minutos después, el eremita volvía a su estado ordinario de conciencia. Todo el pueblo se había reunido para escucharlo. Con voz pausada, explicó:
--Amigos, he llegado, sí, hasta la concavidad
central del cerebro de este hombre que lleva más de un cuarto de siglo
durmiendo. También he penetrado en el tabernáculo de su corazón. He buscado la
causa. Y, para vuestra satisfacción, debo deciros que la he hallado. Este hombre
sueña de continuo que está despierto y, por tanto, no se propone despertar.
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Autor Desconocido
Cuenta la historia que hubo un cuarto Rey Mago que llegó tarde a la cita con los otros tres por ayudar a un anciano. Por sus medios se desplazó a Belén, pero la Sagrada Familia había partido a Egipto, en donde intentó buscarlos infructuosamente, pero siempre se enredaba ayudando a algún necesitado.
Vuelto a su lugar de origen, los tres Reyes Magos le contaron sobre el Niño Jesús y en su corazón prometió encontrarle.
Cuando
después de 30 años oyó del profeta de Galilea, quiso verle.
Desafortunadamente, nunca llegaba en el momento oportuno por arreglar las
miserias que iba encontrando en el camino.
Por fin, ya anciano, alcanzó a Jesús subiendo al Gólgota, y le dijo: "Toda mi vida te he buscado sin poder encontrarte".
Jesús contestó: "No necesitabas buscarme porque tú siempre estuviste a mi lado".
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Autor Desconocido
Había una vez una mujer muy piadosa que sin falta acudía todas las mañanas a rezar a la capilla de su barrio. Día tras día, lloviese o hiciese sol, estuviera sana o enferma, pasase lo que pasase, como un reloj, a las siete en punto de la mañana era la primera persona en llegar a la capilla, empujar la puerta y entrar a rezar.
Una mañana despertó sobresaltada. ¡Se había dormido! ¡Eran las siete menos diez y no llegaría a horario a su cita diaria! A toda carrera se levantó, se peinó a las apuradas y se vistió como pudo. Con la ropa medio arrugada y los cabellos medio desordenados salió velozmente de su casa y enfiló rumbo a la capilla. Apenas hubo salido, casi tropieza con un viejito que venía a penas en una bicicleta, y al cruzarse con ella perdió el control del vehículo y cayó de boca al suelo. Lamentablemente la mujer iba muy apurada como para detenerse, así que apenas logró esbozar una disculpa y continuar en su carrera.
Una cuadra después se le cruzó una mujer que le pidió una ayuda para poder pagar una consulta en el hospital. "Perdone, estoy apurada" alcanzó a decir sin detenerse y continuó su veloz marcha. Apenas hubo logrado zafarse de la mujer se le cruzó un niñito que le pidió un poco de pan. "Disculpa, hijito, pero tengo una cita con Dios y no puedo llegar tarde. Otra vez será", y siguió su interrumpido camino.
Cuando por fin llegó a la capilla miró de reojo el reloj. ¡Eran las siete en punto! ¡¡Lo había logrado!! Embargada por la emoción de no haber fallado a su cita empujó como de costumbre la puerta de la capilla, pero... no se abrió. Volvió a empujar con más fuerza, y nada. ¡Qué extraño! Jamás en los doce años que llevaba con su diaria rutina, había encontrado la puerta cerrada. De pronto notó que había una nota clavada con una chinche en la puerta de la capilla. Desconcertada, la desclavó y la leyó. La nota, garrapateada como con apuro, decía:
"Perdón
por no estar aquí. Esta mañana tuve un accidente en la bicicleta, y encima,
después no pude conseguir plata para ir al hospital, ni un poco de pan para
desayunar, así que es probable que llegue un poco tarde. Firma: Dios".
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Fin de Cuentos y Fábulas, Primer Libro
Espero que hayan disfrutado la lectura de esta maravillosa colección. En nombre de Brother Veritus' Website expreso mis profundos anhelos que esta colección hubiera sido iluminadora y que ella haya contribuido a su desarrollo espiritual. Un segundo libro viene. Dios Los Bendiga, Queridos Corazones.
