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Consejos para el Buen Vivir
Segunda
Parte
Autor
Desconocido
Diferente autor al de la Primera Parte
Aléjate
de la muchedumbre y de su afán infructuoso de fama y oro.
Nunca
vuelvas la vista, una vez que hayas cerrado tu puerta al deplorable tumulto de
la codicia y la ambición.
Enjuágate
las lágrimas del fracaso, el infortunio. Pon a un lado tu onerosa carga y
descansa hasta que tu corazón haya recuperado la calma.
Consérvate
en paz. Es más tarde de lo que piensas, pues tu vida terrena, en el mejor de los
casos, no es más que un parpadeo entre dos eternidades.
Desecha
todo temor. Nada puede dañarte aquí. Solo tú mismo. Haz aquello que temes y
aprecia con orgullo esas victorias.
Concentra
tu energía. Estar en todas partes es tanto como no estar en ninguna. Sé celoso
de tu tiempo, porque es tu mayor tesoro.
Recapacita
sobre tus metas. Antes de permitir que tu corazón se aficione demasiado a algo,
examina la felicidad de que gozan los que ya tienen lo que tú deseas.
Ama
a tu familia y ten muy presente la ventura. Piensa
con cuánto afán la buscarías si no la poseyeras.
Haz
a un lado tus sueños imposibles y lleva a cabo la tarea que tienes a tu alcance,
por desagradable que sea. Todos los grandes éxitos resultan de trabajar y saber
esperar.
Sé
paciente. Los retrasos de Dios no son negativas. Espera. Mantente firme. Ten
presente que tu tesoro siempre está cerca. Lo que siembres, bueno o malo, eso
será lo que coseches.
Nunca
culpes a los demás por tu situación. Eres lo que eres por decisión tuya; eso es
todo.
Aprende
a vivir en una pobreza honrada si así debe ser, y ocúpate en cosas más
importantes que en llevarte oro a la tumba.
Nada
de hacer concesiones a la dificultad. La ansiedad es la herrumbre de la vida y
cuando agregas las cargas de mañana a las de hoy, su peso resulta intolerable.
Aléjate
de la compañía del quejumbroso y da más bien gracias por tus derrotas. No las
sufrirías si no las necesitaras.
Aprende
siempre de los demás. El que se enseña a sí mismo, tiene por maestro a un
necio.
Sé
cuidadoso. No graves tu conciencia. Lleva tu vida como si tuvieras que pasarla
en una palestra llena de gente chismosa.
Evita
la fanfarronería. Si ves en ti algo que
te hincha de orgullo,
obsérvate de cerca y encontrarás materia más que suficiente para humillarte.
Sé
sensato. Date cuenta de que no todos los hombres han sido creados iguales,
porque no hay igualdad en la naturaleza. Sin embargo, jamás ha nacido un hombre
cuyo trabajo no haya nacido con él.
Trabaja
cada día como si fuera el primero, pero trata con ternura las vidas que tocas,
como si todas debieran acabarse a medianoche. Ama a todos, incluso a los que te
repudian; el odio es un lujo que no puedes permitirte.
Busca
a los menesterosos. Aprende que el que da con una mano recogerá siempre con las
dos.
Consérvate
en buen estado de ánimo. Por encima de todo recuerda que se necesita muy poco
para llevar una vida feliz. Mira hacia arriba. Camina siempre adelante.
Aférrate
a Dios con sencillez y recorre en silencio tu sendero hacia la eternidad, con
caridad y con una sonrisa.
Cuando
partas, todos dirán que tu legado fue dejar un mundo mejor que el que tú
encontraste.
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