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Abusos Sexuales a Monjas

El primer artículo intitulado "El Ya Basta de las Monjas" fue escrito por el reportero Rodrigo Vera de El Norte. Trata de los abusos sexuales clericales en México y sus demandas ignoradas por el Vaticano. El segundo artículo originalmente en inglés es un reporte de Bill Smith, reportero del San Louis Post-Dispatch, intitulado "Víctimas Femeninas del Abuso Clerical [título original en inglés, "Female Victims of Clergy Abuse"], presenta los resultados y conclusiones de una encuesta de la Universidad de San Louis conducida por Paul N. Duckro, Ann Wolf y John T. Chibnall. Esta encuesta de la USL usó una muestra nacional de religiosas católicas de los Estados Unidos.
Vean otros artículos relacionados con los abusos y mala conducta de la Iglesia Católica publicados en este sitio web:
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Nota del Editor: Un “ombudsman”
es un defensor del pueblo.
APRO
Todo esto coincide con la exhibición en México de la
película “En el Nombre de Dios”, en la cual se revelan los maltratos, los
abusos, incluyendo los sexuales, y las vejaciones que miles de mujeres
—huérfanas, madres solteras y jóvenes violadas— sufrieron por parte de la
congregación católica de las Hermanas de la Magdalena en Irlanda, desde los
setenta hasta mediados los ochenta.
La ex monja mexicana Pilar Sánchez Rivera, una de las más destacadas impulsoras
de los cambios, revela: "Contra ese abuso de poder y centralismo eclesiástico,
está irrumpiendo un cambio dentro de la Iglesia, en el que muchas congregaciones
de religiosas llevan la delantera. Por ejemplo, ya no conciben al cuerpo como
enemigo del alma. Tienen nuevas propuestas. Por eso surgió la teología
feminista, que los teólogos han ido asimilando".
"Hay sacerdotes en México que nos apoyan. En otros países, algún obispo o
cardenal. Algunos lo reconocen públicamente, otros no", dice. Y agrega: "A las
mujeres nos está negado acceder al sacerdocio. La participación en actividades
rituales, ministeriales y administrativas es sólo para unos cuantos. Aquí
también quedan excluidos los hombres casados y los homosexuales. Esta
centralización es un abuso".
Religiosa franciscana durante 12 años y ahora dedicada a defender los derechos
humanos de las mujeres católicas, Pilar Sánchez señala que son frecuentes en
México los abusos sexuales de sacerdotes contra las monjas. "En México, ha
habido abusos y violaciones sexuales contra nuestras religiosas.
Sin embargo, a muchas de ellas las forma un obispo o un sacerdote, por lo
que están muy sujetas al control jerárquico y no denuncian. Aquí todavía no
existe, pues, una cultura de la denuncia." En México, los dos centros de
derechos humanos que atienden a este tipo de víctimas, el Departamento de
Investigaciones Sobre Abusos Religiosos (DIAR) y el Instituto Cristiano de
México (
—¿A qué atribuye la renuencia de las monjas a
denunciar?
—El mismo hecho de vestir los hábitos es un gran obstáculo para luchar contra la
jerarquía. Hay un aspecto psicológico que las inhibe. Para la Iglesia, las
monjas son una especie de sirvientas, cuya función es obedecer. Lo curioso es
que muchas de ellas abandonan la vida monacal, y hasta entonces dejan su
inhibición y se transforman en abiertas defensoras de los derechos humanos, como
sucedió con la religiosa dominica Digna Ochoa.
El Nuncio Seductor
Raymundo Meza cuenta que, en 1.996, el DIAR llevó el
caso de siete monjas del convento de las Carmelitas Descalzas de Santa María de
la Fe en Ciudad del Carmen, Campeche. Estas religiosas se quejaban de los malos
tratos de su superiora, María Josefina de Jesús Apango López, quien además se
negó a apoyarlas médicamente, cuando varias de ellas resultaron con graves
quemaduras al explotar un tanque de gas. Aparte, denunciaban abusos sexuales
solapados por su superiora.
Las monjas pusieron su queja ante su entonces
superior provincial, Bernardo Chehaibar, y ante el Obispo de Campeche, José Luis
Amezcua Melgoza. Al no recibir respuesta, enviaron una carta a Roma dirigida al
padre general de los carmelitas descalzos, Camilo Maccise, quien les respondió
el 16 de julio de 1996, mediante una carta en la que les decía que sólo a "nivel
local" se podía "estudiar el caso", y que con la "gracia y protección" de la
Virgen saldrían de "todas las dificultades". Ante esto, las monjas optaron por
abandonar el convento.
Raymundo Meza comenta: "El DIAR les brindó atención
sicológica y las apoyó en sus demandas laborales puesto que querían una
indemnización. Pero nada pudimos hacer, ya que el noviciado voluntario y todas
esas cosas hicieron muy endeble nuestra demanda laboral. Los abusos quedaron
impunes". El Centro de
Investigaciones del
El investigador Jorge Erdely, autor del libro “Pastores que Abusan” y director académico del ICM, relata que monjas de esa congregación se encargaban del quehacer doméstico de la nunciatura —labores de limpieza y cocina, cuidar las mascotas de Prigione...— y entre ellas se encontraba Alma Zamora, a la que Prigione escogió como concubina. Prosigue Erdely: "En 1.994, la congregación efectuó una dinámica grupal a la que llamó 'ejercicios de discernimiento', que dirigió el entonces seminarista jesuita Juan Ricardo Herrera Valenciano. Ahí se analizaron los conflictos de conciencia provocados por el concubinato de Prigione y Alma Zamora, por lo que las religiosas decidieron retirarse del servicio personal del Nuncio. Y así se lo hicieron saber. Pero Prigione, aferrado, no las quiso dejar ir y las amenazó con disolverles la congregación, que entonces contaba con 300 religiosas y tenía presencia sobre todo en el norte del país". Prigione logró incluso que se les hiciera una visita apostólica, dirigida por el Obispo Emilio Berlié Belaunzarán, para inspeccionar si la espiritualidad y ortodoxia de las monjas se apegaba a los lineamientos vaticanos. Así, las monjas fueron sometidas a "interrogatorios inquisitoriales", por lo que algunas sufrieron crisis nerviosas y fueron hospitalizadas. El Vaticano, a través de la Congregación para Institutos Religiosos y de Vida Consagrada, también intervino y, en 1995, dio un fallo fulminante: mientras Prigione estuviera en funciones en México, las Hijas de la Pureza de la Virgen María deberían servirle sin chistar.
"De este modo, las monjas tuvieron que acatar las
órdenes del Vaticano y seguir sometidas a los caprichos del nuncio", comenta
Erdely, doctor en filosofía y teología por la Universidad de Oxford.
—¿Y qué pasó con la hermana Alma Zamora?
—¡Qué iba a pasar! Contra su voluntad, siguió siendo la concubina de Prigione
hasta que dejó de ser nuncio. El Vaticano, prácticamente, le había concedido
derecho de pernada. Este caso ejemplifica a la perfección lo que es el abuso de
poder que aplasta a las religiosas.
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| El Papa Benedicto XVI, cuando era el Cardenal Joseph Ratzinger encargado de la Doctrina de la Fe, reconoció recibir el Reporte O'Donohue de 1.998 del acoso sexual y la violación de religiosas y completamente lo ignoró públicamente siguiendo una vieja práctica de la Iglesia Católica desde la Edad Media de mantener secrecía estricta al tratar con el clero sexualmente abusivo. ¿Es él el representante de Dios en la Tierra como proclama la Iglesia Católica? |
Pilar Sánchez pone su propio caso como ejemplo: "Yo
sé lo que es el poder de una sotana. A los siete años de edad, cuando estudiaba
en una escuela de religiosas, fui abusada por un diácono". Cuenta que, pese a
esta experiencia traumática, decidió ser franciscana misionera de María. Estudió
en Roma. Fue misionera en Perú, donde participó en la reforma educativa. Regresó
a México para dirigir el Instituto Tepeyac, de León, Guanajuato. Finalmente
decidió colgar los hábitos por parecerle "castrante" la vida religiosa.
Actualmente imparte talleres, diplomados y
conferencias en varios países, colabora con algunas organizaciones de derechos
humanos, como Católicas por el Derecho a Decidir, donde es consultora externa.
A sus 58 años, mantiene constante
comunicación con monjas de todo el mundo.
—¿Qué clase de abuso padecen más frecuentemente las
religiosas?
—¡El abuso de autoridad! Esa centralización de la verdad absoluta, de la
infalibilidad, de la iluminación y el considerar a la deidad dentro del género
masculino les ha dado el poder a los hombres, erosionando la autoestima de las
mujeres. Todo eso se llama abuso. La única defensa que tenemos es nuestra voz
interna, nuestra conciencia. Queremos desmontar esa fuerza negativa e ir creando
una reforma en la Iglesia. Un
documento revelador —indica— precipitó la organización y las protestas de las
religiosas a nivel mundial: en 1994, la monja Maureen O'Donohue, integrante de
Médicas Misioneras de María, inició una investigación en la que descubrió que el
hostigamiento sexual y la violación de religiosas era una práctica común
realizada por sacerdotes. Y envió un informe al Vaticano para que castigara a
los violadores.
Al año siguiente, en el 95, concluyó la
investigación. Los resultados del informe O'Donohue eran alarmantes. Los abusos
contra religiosas se extendían a 23 países. Salió a relucir la gran cantidad de
monjas embarazadas que, por lo mismo, eran expulsadas de sus congregaciones. Las
hubo infectadas de sida u obligadas a abortar. Incluso se documentó el caso de
un sacerdote que embarazó a una monja y la llevó a abortar, ahí perdió la vida y
el sacerdote todavía ofició la misa en su funeral.
Dice Pilar Sánchez: "El informe recogió testimonios y
pruebas médicas, datos verificables. No fue una fantasía".
—¿Y el Vaticano castigó a los culpables?
—No, hasta el momento no ha hecho nada, sólo ha cambiado geográficamente a sus
delincuentes, por lo que los abusos continúan. Ante nuestras denuncias, el
Vaticano instauró el complot del silencio.
Después del 94, volvió a entregársele el informe en
1998, a través de Joaquín Navarro Valls, vocero del Vaticano, y del Cardenal
Joseph Ratzinger, a cargo de la congregación para la Doctrina de la Fe. Ellos
dieron el acuse de recibo.
—¿Qué medidas están tomando ante el silencio del Vaticano?
—El año pasado presentamos el expediente formal ante la ONU, ojalá y este
organismo internacional pueda hacer algo. Pedimos, entre otras cosas, que las
monjas expulsadas sean reinstaladas en sus comunidades religiosas, atención
médica para las infectadas de sida, apoyo legal y económico para los hijos de
quienes sufrieron la maternidad impuesta. Inclusive, ya comienza a surgir la
propuesta de que se instale un ombudsman religioso.
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La Red de
Sobrevivientes de Aquéllos Abusados por los Sacerdotes
[The Survivors’ Network of Those Abused by Priests]
Historias Recientes de Interés
4 de Enero del 2.003
Título
original en
Inglés:
"Female
Victims of Clergy Abuse
Ya sacudida por un escándalo de todo un año de abuso
sexual que involucra sacerdotes y menores, la Iglesia Católica tiene todavía que
enfrentarse a otro desafío crítico
—cómo ayudar a miles de monjas quienes dicen
que han sido victimizadas sexualmente.
Una encuesta nacional, completada en 1.996 pero
intencionalmente nunca publicada, estima que un “mínimo” de 34.000 monjas
católicas, o cerca del 40 por ciento de todas las monjas en los Estados Unidos,
han sufrido alguna forma de trauma sexual.
Algo de ese abuso sexual, explotación o acoso ha venido de manos de
sacerdotes u otras monjas en la iglesia, dice el reporte.
La investigación fue conducida por
investigadores en la Universidad de San Louis y fue pagado, en parte, por varias
órdenes de monjas católicas.
El estudio, recientemente obtenido por el periódico
Post-Dispatch, indica que la victimización a menudo ha tenido efectos
psicológicamente devastadores sobre las mujeres.
Muchas de las monjas dijeron que ellos las dejaron con sentimientos de
rabia, vergüenza, ansiedad y depresión
Algunas dijeron que las hizo a ellas considerar dejar la vida religiosa,
y unas pocas dijeron que habían intentado el suicidio.
"Estas mujeres han sido las incondicionales de la
iglesia por siglos, y un porcentaje significativo de ellas han sido victimizadas
como resultado de la misma institución a las cual ellas han dedicado sus vidas."
Dijo el co-autor del estudio John T. Chibnall, un psicólogo investigador y
profesor asociado en la Universidad de San Louis.
Otro de los investigadores, Ann Wolf, dijo que ella
cree que es vital que la Iglesia Católica reconozca el problema.
“Los obispos parecen estar sólo mirando el asunto del abuso sexual de la
niñez, pero el problema es más grande que eso," dijo Wolf. "Las hermanas
Católicas están siendo violadas, en sus ministerios, en el trabajo, en la
consejería pastoral."
Una vocera para la Conferencia Estadounidense de
Obispos Católicos dijo que el grupo no estaba consciente del estudio de la
Universidad de San Louis sobre las monjas y sus miembros no han tratado el
asunto. Los funcionarios con sus
órdenes locales de las monjas quienes participaron en el estudio dicen que ellos
permanecen preocupados pero no han hecho cambios como resultado del reporte.
La encuesta es el único estudio científico nacional
que trata con la victimización sexual de las monjas de la Iglesia Católica de
acuerdo con los investigadores. A
pesar del alcance de sus conclusiones de hace varios años, ningunos estudios
adicionales han sido hechos, dijeron.
La encuesta también solicitó comentarios
—muchos de ellos patéticos— de
las monjas que fueron entrevistadas.
De más de 1.100 encuestas regresadas a la
Universidad, varias incluían breves historias personales de mujeres quienes
dijeron que han sido hechas un blanco. Una
mujer escribió que después de que el sacerdote acarició uno de sus senos durante
la confesión, ella permaneció tan disgustada que no regresó a la confesión por
los siguientes 18 años.
Otra escribió que cuando muchacha
joven, su tío,
quien era también un sacerdote, insistió en tocar con santos óleos su área
genital "para mantenerla segura mientras estaba saliendo con chicos."
Más tarde sus superioras la forzaron a asistir a retiros religiosos con el
mismo tío,
dijo ella.
Aún otra escribió que un sacerdote terapista
tratándola por severa depresión la alentó a llegar a involucrarse en
"experimentación sexual." La mujer dijo
que ella más tarde empezó un relación con otra monja.
Varias de las mujeres dijeron que tal investigación
debería haberse hecho hace mucho. “Gracias
por tomarse el tiempo de admitir que hay un problema en esta área”, escribió
una. "Los mejore deseos. Dios los
bendiga."
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Cultura de Secrecía
No obstante que la iglesia por largo tiempo ha reconocido y lidiado con
el problema del abuso sexual por el clero, raramente lo ha hecho así
abiertamente.
Los archivos del Vaticano albergan un número de documentos relacionados
con la mala conducta sexual clerical a lo largo de los siglos pero la
mayoría de estos materiales no están disponibles ni aún para los
eruditos e historiadores de la iglesia.
La ley canónica requiere que la provincia de cada diócesis y
orden religiosa mantenga lo que se intitula un “archivo secreto” para
todo el material relacionado con la mala conducta clerical y otras
materias sensibles.
Amplia evidencia existe, sin embargo, de que las autoridades de la
iglesia desde por lo menos la Edad Media reconocieron la seriedad del
problema. La mala conducta
sexual de los sacerdotes, especialmente con niños y menores,
fue considerada una ofensa particularmente grave que requería de acción
punitiva rápida y canónica, también como un grado extraordinario de
secreto en su manejo.
La secrecía era típicamente justificada para “prevenir el escándalo” y
diseñada para proteger la integridad pública y la autoridad de enseñanza
de la iglesia.
Un documento del Vaticano de 1.963 recientemente
descubierto firmado por el Papa Juan XXIII suministra instrucciones
extensas para mantener la secrecía estricta al tratar con el clero
abusivo sexualmente. Las
directivas prescriben la excomunión de todas las partes, incluyendo a la
víctima, si los incidentes son revelados afuera de los trámites
judiciales canónigos conducidos por los clérigos compañeros del ofensor. |
| De: El Abuso Sexual de los Niños en la Arquidiócesis de Milwaukee [The Sexual Abuse of Children in the Archdiocese of Milwaukee], enviado el 10 de Febrero del 2.004 por Peter Isely y Jim Smith, véase el reporte completo [en Inglés] en: http://terrenceberres.com/ise-sex.html . Traducción de este segmento por Luis Prada. |
Chibnall dijo que los investigadores están de acuerdo
en no preparar una nota de prensa sobre las conclusiones porque un grupo
católico nacional de mujeres, la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas
[Leadership Conference of Women Religious], cree que la información sería sensacionalizada.
"Fue así:
'No lavamos nuestra ropa sucia en público; nos ocuparemos de
ella nosotras mismas'
", dijo Chibnall.
Paul N. Duckro, el profesor de la Universidad de San
Louis quien dirigiera el equipo investigativo, dijo que los investigadores le
“garantizan” a las comunidades religiosas “que no manejaríamos esto de ninguna
forma que buscara publicidad."
Las dos publicaciones escogidas para reportar los
resultados, dijo Duckro, fueron escogidas cuidadosamente para llevar la
información a la gente que la necesitaba pero “no afuera enfrente de los ojos de
todos.” Pero un antiguo sacerdote
católico quien ha dicho que él fue abusado sexualmente cuando era un chico por
tres diferentes sacerdotes dijo la semana pasada que cree que es crucial dar a
conocer al público los resultados de la encuesta de la Universidad de San Louis.
Christopher Dixon, quien dejó el sacerdocio en 1.996
y ahora vive en San Louis, dijo que espera que la publicidad de la investigación
generara la misma "oleada" de acción que resultó de los recientes reportajes del
abuso sexual a menores por parte de los sacerdotes.
El Obispo Anthony J. O'Connell de Palm Beach, Florida, EE.UU, renunció en
marzo después de admitir que él sexualmente abusó de Dixon hace más de 25 años.
Las líderes femeninas de la iglesia pueden ser “tanta parte de este
ambiente tóxico” de encubrimiento y negación como lo son los líderes masculinos
de la iglesia, dijo Dixon.
El estudio de la Universidad de San Louis es el
resultado de una encuesta de 15 páginas regresada por 1.164 monjas que
representa a 123 órdenes religiosas a través de todos los Estados Unidos.
La gran mayoría de monjas investigada fue altamente educada, más de 9 de
10 quienes regresaron los cuestionarios habían obtenido al menos educación
universitaria básica.
La investigación trató con tres tipos de
victimización.
1. El primero, el abuso sexual infantil,
fue definido como cualquier contacto de orientación sexual con una persona del
mismo o el sexo opuesto en donde el objetivo era jóvenes menores de 18.
2. El segundo, la explotación sexual,
fue definida como cualquier avance sexual, pedido de favores sexuales, u otra
conducta sexual verbal o no verbal que ocurra cuando una mujer confía su
propiedad, cuerpo, mente o espíritu a otra persona que actúa en el rol
profesional.
3. El tercero, el acoso sexual, fue
definido como cualquier avance sexual no bienvenido que afecta las decisiones de
empleo, interfiere con el trabajo, o crea un ambiente de trabajo hostil o de
intimidación.
Entre las Conclusiones Claves
Cerca de una de cinco monjas dijo que ella había sido
sexualmente abusada de niña.
Mientras que la mayoría del abuso vino de manos de un miembro varón de la
familia cerca del 9 por ciento de los casos fueron atribuidos al abuso por parte
de sacerdotes, monjas u otra gente religiosa.
Una de cada ocho monjas dijo que ella había sido
sexualmente explotada. De aquéllas, cerca
de tres de cada cuatro mantuvieron que fueron victimizadas por un sacerdote,
monja u otra persona religiosa. La
explotación incluía todo desde la presión para las “citas” a los pedidos de
favores sexuales hasta relaciones sexuales.
Dos de cada cinco monjas quienes dijeron que ellas habían sido
sexualmente explotadas dijeron que la explotación involucraba alguna forma de
contacto genital.
Ligeramente menos que una en 10 monjas dijo que era
el foco del acoso sexual por lo menos una vez durante su vida religiosa.
Casi la mitad de aquéllas fueron
reportadas haber sido de las manos de los sacerdotes, las monjas u otra gente
religiosa. Más de la mitad de todos los
casos de acoso involucró algún tipo de contacto físico de acuerdo con la
encuesta.
En su reporte, los investigadores anotaron que ellos
creían que las cifras son más probablemente un subestimado en vez de ser un
sobreestimado de la verdadera prevalencia de la victimización sexual entre las
hermanas. "El miedo y el dolor de la
revelación sería suficiente para desalentar la respuesta en algunas hermanas,"
dijo el reporte.
Los resultados de la encuesta de las monjas sobre el
abuso parecen estar en línea con muchas otras encuestas de mujeres.
Las encuestas nacionales indican que cerca de un 20 a un 27 por ciento de
todas las mujeres han sido abusadas sexualmente de niñas.
La cifra del acoso de las monjas parecería ser más bajo.
En una encuesta de 1.994 de Louis Harris y Asociados, el 31 por ciento de
las mujeres alegan haber sido acosadas en el trabajo.
Mientras que el estudio de la Universidad de San
Louis de las monjas estadounidenses ha recibido poca atención dentro de la
Iglesia Católica, la iglesia ha tratado internacionalmente el asunto del abuso
de las monjas. En marzo del 2.001,
dos grupos principales católicos presionaron a la acción al Vaticano después de
los reportes en las noticias de las monjas abusadas.
Aquellas historias primeramente
concernían el abuso sexual de las monjas por los sacerdotes en el África.
En una declaración conjunta, la Conferencia de
Principales Superiores de los Hombres
[Conference of Major Superiors of Men] y la Conferencia de Liderazgo de las Religiosas
[Leadership Conference of Women Religious] dijo que ellos estaban “profundamente preocupados"
por los reportes primero publicados en el Reportero Católico Nacional
[National Catholic Reporter], un semanario independiente basado en la ciudad de
Kansas.
Las
Monjas Locales Son
Encuestadas
La idea de entrevistar a las monjas católicas acerca
de la victimización sexual vino de Wolf, entonces una estudiante graduada en la
Universidad de San Louis. A
comienzos de los 1.990, Wolf estaba investigando el trabajo previamente
publicado sobre la victimización sexual y el clero cuando se encontró con dos
diferentes estudios sobre acoso sexual. Uno involucraba una encuesta de rabinas
judías, la otra involucraba una encuesta de mujeres en la Iglesia Metodista
Unificada.
De las mujeres rabinas, el 73 por ciento dijo que
ellas habían sido víctimas del acoso sexual.
De la mujeres encuestadas de la Iglesia Metodista Unificada, el 77 por
ciento dijo que habían sido sexualmente acosadas.
Wolf, una católica de toda la vida no podía encontrar encuestas similares
de monjas católicas y sugirió el proyecto.
El primer paso fue un estudio piloto sin intención de
publicación. El estudio piloto fue
hecho a través del Programa de Psicología y Religión del Centro de
Ciencias de la Salud de la Universidad de San Louis.
Duckro, director del programa de psicología y religión, condujo el
esfuerzo de investigación.
Chibnall fue responsable de las porciones conceptuales, metodológicas y
estadísticas del proyecto. El equipo
de investigación primero contactó el liderazgo provincial de tres órdenes de
monjas católicas en el área de San Louis y les pidió encuestar a sus miembros
para un estudio piloto.
Al final de enero de 1.995, las encuestas fueron
enviadas por correo a 855 hermanas en 37 estados y cuatro países extranjeros.
Más de la mitad de las encuestas fueron enviadas por correo a las monjas
que viven en Missouri. Finalmente, 578 monjas retornaron la encuesta completa.
Los investigadores declinaron entregar
los nombres de las tres órdenes encuestadas para el estudio piloto.
El estudio piloto —el cual muestra incidencias de la
explotación sexual y el acoso sexual similar a la encuesta nacional posterior—
concluye que los “datos” sugieren que la historia sexual y la sexualidad son
áreas críticas para traerse al frente en la formación y formación en curso de
las religiosas."
"Muchas mujeres han tenido experiencias de
victimización sexual y muchas no han tenido el coraje de discutirlas," encontró
el estudio piloto. "Las comunidades religiosas pueden llegar a resultar más
invitantes con respecto a discusiones sobre la sexualidad, pero requerirá
educación y estructura. Las mujeres
necesitan saber que ellas no están solas en sus experiencias."
La encuesta piloto también encontró que cerca de la
mitad de todas las monjas habían estado involucradas en alguna forma de sexo
consensual durante sus vidas religiosas, a menudo con otras monjas o con
sacerdotes. Muchas de aquellas relaciones
duraron varios meses o años y fueron descritas por varias de las mujeres como
“amorosas, respetuosas y comprensivas." Otras describieron las relaciones como
“inapropiadas, humillantes o dañinas."
La encuesta piloto advirtió de fuertes "inhibiciones
emocionales" contra la denuncia de la victimización sexual.
"Hay temor de desatar poderosas fuerzas que conducirían a más problemas
que beneficio." El reporte de la encuesta piloto también dijo que se tenía la
esperanza de que la información de la encuesta pudiera ser diseminada más
ampliamente “sin atraer un interés indebido de los medios noticiosos públicos."
El
Estudio
Nacional
Los investigadores de la
Para la encuesta nacional, los investigadores fueron
a la Conferencia de Liderazgo de las Religiosas basada en Maryland y pidieron
información de contacto a las 538 órdenes en el grupo de liderazgo.
De aquellas órdenes, 123 estuvieron de acuerdo en tomar parte de la
encuesta y le suministraron a los investigadores los nombres y direcciones
de sus miembros.
De los 29.000 nombres suministrados, los
investigadores usaron muestras al azar para mondar la lista a 2.500 monjas a
quienes se les enviaron cuestionarios.
De esas mujeres, 1.164 regresaron las encuestas completas.
La edad promedia de las monjas entrevistadas era de 62; el tiempo
promedio en la vida religiosa era de 42 años.
Los investigadores dijeron que pocos de los
resultados de la encuesta eran sorprendentes, pero admitieron que la información
era inquietante. "Las mujeres sufren,
todas las mujeres," Duckro dijo. "Bajo la superficie, la gente es gente. Las
historias de toda la gente pueden ser tan tristes."
Chibnall llamó a las monjas "mujeres fuertes,
brillantes, altamente educadas" quienes estuvieron "dispuestas a admitir que
había un abuso sucediéndose y que deseaban mejorar."
Wolf dijo que su trabajo en la encuesta fue tan
doloroso que ella decidió no hacerlo el foco de su tesis doctoral.
"No quería dedicar mi vida a algo que
pudiera haber sido muy deprimente."
Poca Acción desde
el Estudio
El
estudio nacional fue pagado en parte por varias órdenes de monjas
católicas. Entre ellas estaban las
Hermanas Franciscanas de María con base en San Louis, con 165 miembros, la
mayoría en Missouri. La hermana
Sherri Coleman, quien sirve en el equipo de liderazgo de la orden, dijo que su
orden sintió que el trabajo era importante.
"Siempre nos hemos dado apoyo las unas a las otras," dijo ella,
adicionando que los resultados de la encuesta pueden haber creado un "conciencia
incrementada" de la victimización de las mujeres en la iglesia. "Optimistamente,
nos ha hecho
entre nosotras más sensibles," dijo ella.
Dijo que era consciente de que las Hermanas de María no han implementado
nuevos programas como resultado directo de la encuesta.
Otras patrocinadoras de la encuesta nacional fueron las
Hermanas de San José de Carondelet con base en San Louis, con 518 hermanas en el
área de San Louis. La hermana K.
Liston, una de tres miembros del grupo de liderazgo de la orden, dijo que ella
no estuvo involucrada en la decisión de ayudar a financiar la encuesta nacional.
Pero dijo que su orden sintió que la encuesta era una forma de "educar y
trabajar hacia la curación compasiva de nuestras mujeres si ellas han
experimentado el abuso." Dijo que los resultados mostraron que "no somos de
ninguna forma diferentes del resto de la población."
La Conferencia de Liderazgo de Religiosas, quien le suministró a los investigadores las direcciones para que contactara órdenes afiliadas, no tomó acción después del estudio. La presente directora ejecutiva dijo que no cree que la conferencia distribuyó los resultados de la encuesta o buscó hacer cualesquiera cambios en la política.
La directora, Carole Shinnick, dijo que "no está
dentro de la misión de la LCWR el responder directamente a las necesidades de
las mujeres que fueron victimizadas. Es
la responsabilidad de sus propias congregaciones."
Shinnick, una Terapista quien trabajó casi exclusivamente con las monjas
católicas por 12 años, dijo que sabe de primera mano el cuidado dado a las
monjas abusadas. "Mi experiencia de
las congregaciones de la LCWR en responder a sus miembros es que ellas son
pastorales, generosas y pacientes con la persona en recuperación," dijo
Shinnick.
La hermana Mary Ann Walsh, una vocera de la
Conferencia Estadounidense de los Obispos Católicos, dijo que el grupo no era
conocedor de la encuesta de las monjas y no había considerado el asunto.
Ese grupo, encabezado por el Obispo Wilton Gregory de Belleville, ha
tomado un papel de liderazgo en el debate sobre las nuevas políticas en el
despertar del escándalo de abuso sexual por los sacerdotes.
La investigadora Wolf, quien trabaja ahora en la
educación católica, dijo que pocas monjas han salido al frente a hablar en público
de sus experiencias.
Dijo que eso no
es una sorpresa.
Muchas pueden sentir vergüenza o culpabilidad y reconocen que ellas pueden tener
mucho que perder si salen al frente.
"Estas mujeres tienen que preguntarse a sí mismas cuáles son los beneficios y
cuáles los costos," dijo. "La iglesia es la única corporación en el pueblo."
Reportero Bill
Smith, E-mail:
billsmith@post-dispatch.com,
Phone:
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Tomado de: http://video.google.es/videoplay?docid=2375910862087691996 |
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